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Díaz apuesta por girar a la izquierda al PSOE andaluz para evitar su debacle

La presidenta fía su última carta a la recuperación económica y a un Ejecutivo nuevo con una agenda más progresista que trabajará a contrarreloj para evitar que el PSOE salga de la Junta.

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La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, durante el acto de toma de posesión de las nuevos consejeros, tras la remodelación del Gobierno que ha realizado para afrontar la nueva etapa en su legislatura. EFE/José Manuel Vidal

Susana Díaz no sólo ha hecho esta semana una profunda crisis de Gobierno en el ecuador de la legislatura, ha acometido una transición política en varios escenarios: tenía un Gobierno ligado estratégicamente a Ciudadanos, una formación conservadora y liberal que también sostiene a Ejecutivos del PP, y ahora ha precipitado una nueva agenda con medidas más progresistas para recuperar el brío izquierdista que se ha dejado en el camino estos dos últimos años.

Díaz aparece hoy como una política “derechizada”, en parte porque ha tomado decisiones incomprensibles para los socialistas más castigados por la crisis -promover la abstención para facilitar el Gobierno a Mariano Rajoy, “que tanto daño ha hecho a la clase trabajadora”-, y en parte porque su eje ideológico ha sido desplazado a empujones hacia la derecha por la irrupción de Podemos y por Pedro Sánchez y sus militantes, que han ganado las primarias a costa de abrir una profunda brecha identitaria en el corazón del PSOE: unos socialistas son más de izquierdas que otros.

Sánchez y los suyos han abierto una brecha identitaria en el PSOE: unos socialistas son más de izquierdas que otros

La composición del nuevo Gobierno andaluz -algo más joven y aliado de los agentes sociales-, más el diseño apresurado de propuestas vistosas en materia social (universidad gratuita para todo el que apruebe, renta mínima de inserción…) denota la ansiedad de la presidenta por regresar pronto al epicentro ideológico del socialismo.

“O volvemos a ser la izquierda antes de las elecciones andaluzas de 2019 o perdemos el Gobierno”, tras casi 40 años ininterrumpidos en el poder. El recién estrenado gabinete de Susana Díaz inicia ahora una frenética huida hacia adelante, una contrarreloj para salvar los muebles antes de los comicios. Tienen dos años para lograrlo y muchísimos condicionantes externos (un liderazgo muy debilitado, una oposición crecida y aguerrida, un congreso regional y las primarias del PSOE-A, las elecciones municipales, las generales…).

La segunda transición es económica y será la clave para calibrar sus opciones de mantenerse en el poder: “Susana Díaz tenía un Gobierno para la crisis y ahora ha elegido a un gabinete para gestionar la recuperación económica”. Venía de recortar el gasto público y la amortización fiscal, y ahora prevé culminar el año con un crecimiento del PIB superior al previsto, gracias al aumento de ingresos vía IRPF e IVA. Empezó la legislatura con 1,3 millones de parados y espera culminar este año con menos de 800.000, para quedarse a 160.000 del nivel de paro que ocupaba la región antes de la crisis, en 2008. Andalucía lidera la caída del desempleo y la creación de puestos de trabajo, aunque la presidenta de la Junta asume que la calidad de esos nuevos empleos es muy deficiente.

El empleo va a ser el leit motiv de la segunda parte de la legislatura de Díaz

El empleo va a ser el leit motiv de la “segunda mini legislatura” de Susana Díaz, a ello lo va a apostar todo, será su carta de presentación en las elecciones autonómicas de 2019. La presidenta ha cambiado a los consejeros de las áreas sociales -Sanidad, Educación y Empleo- y ha pactado los nuevos nombramientos con los sindicatos de clase, UGT y CCOO, con los que pretende “cogobernar” hasta los comicios. Es una regla clásica del socialismo andaluz, recuperar el pacto de concertación social, el hermanamiento con los sindicatos y la patronal, una foto de unidad que tanto amortizaron los expresidentes Manuel Chaves y José Antonio Griñán en época de bonanza. Díaz ha convocado el martes a los principales sindicatos a la Mesa de Calidad por el Empleo, primer paso para estrechar y escenificar alianzas estratégicas.

Los sindicatos, de momento, se han prestado a ayudar a Díaz, aportando esa pátina de izquierdas a su Ejecutivo. La nueva consejera de Educación, Sonia Gaya, sale directamente de la ejecutiva de UGT de Carmen Castilla, es maestra y lleva 20 años como liberada sindical. La nueva titular de Salud, Marina Álvarez, ha pilotado uno de los mayores hospitales de Andalucía, el Reina Sofía de Córdoba, y cuenta con el respeto y el reconocimiento del mundo sanitario (es Medalla de Andalucía).
“Inquietud” en las filas socialistas.

Durante los próximos dos años, que se van a esfumar enseguida entre elecciones convocadas (municipales y autonómicas en 2018, europeas en 2019) y por convocar (catalanas, generales), vamos a escuchar al nuevo Gobierno de Díaz hablar machaconamente de crecimiento, de recuperación económica y de ampliar derechos. En algún momento, los más de 160.000 empleados públicos recibirán una alegría presupuestaria en sus bolsillos, y cada paso que dé la Junta de Andalucía en ese sentido, irá seguido de un paso en la dirección contraria al Gobierno de Rajoy. Es previsible, tras escuchar los primeros 20 minutos del discurso de la presidenta el pasado miércoles en el Parlamento, que se agudice la confrontación con el Ejecutivo central (por la infrafinanciación de Andalucía, el desplome de la inversión, la ausencia de proyectos estratégicos para la región…).

Díaz volverá a jugar la baza del contraste entre sus políticas de izquierda y las restricciones conservadoras, aunque habrá de reinventar el relato, porque la recuperación económica también permitirá al PP reabrir el campo de las inversiones públicas, lanzar propuestas estrella y monopolizar el éxito de la creación de empleo en España. Sólo una diferencia notable enfrentará y hará irreconciliables esos dos discursos, por lo demás, iguales: la reforma laboral. Será la bestia negra del Gobierno de Díaz, como ya lo fue durante los años de crisis, sólo que ahora se acentuarán las críticas hacia ese corsé que impide a Andalucía despegar del todo y garantizar que los empleos que se crean sean de calidad.

Díaz quiere que sus últimos dos presupuestos sean expansivos, tener holgura para inventar productos electorales con brío

La presidenta de la Junta quiere que sus últimos dos presupuestos sean expansivos, tener holgura para inventar productos electorales con brío (como la gratuidad de la universidad para los estudiantes que aprueben o la renta mínima de inserción para familias al borde de la pobreza). Confía en hacerlo con los ingresos propios que logre a través de la recaudación tributaria, pero en última instancia dependerá también de cuánto apriete Rajoy y Bruselas con el techo de gasto, el margen de deuda pública y el límite del déficit. Por de pronto, la presidenta ya anunció el miércoles que espera desprenderse enseguida del corsé del FLA (el mecanismo estatal de financiación autonómica para las regiones que no pueden acceder al crédito privado) para volver a financiarse en los mercados privados de deuda (el Banco Europeo de Inversiones acaba de concederle un préstamo de más de 200 millones de euros).

El plan de Díaz ahora es mucha agenda, mucho trabajo y mucha calle. Quiere sobreexponer la política de su gabinete, repartir juego entre sus consejeros, no estar tan expuesta como antes. Pero tras dos intensos años de hiperliderazgo y personalismo, ¿cómo vamos a dejar de mirar a Susana Díaz para echar un vistazo a su gestión? ¿Qué hay de esa estrella de la política herida, derrotada por los suyos en las primarias del PSOE? La oposición no va a ver ahora en ella a una presidenta andaluza victoriosa, sino a una ambición derrotada, a una líder debilitada. El hostigamiento que recibió Díaz durante el debate del estado de Andalucía por parte de IU, Podemos y PP es un ejemplo de que sus rivales están crecidos, porque la ven en su momento político más débil.

¿Hacia dónde va este nuevo Gobierno, cuál es la hoja de ruta, qué pretende hacer? El debate general del miércoles en el Parlamento evidenció la ansiedad de Susana Díaz por pasar página cuanto antes. “Ahora toca Andalucía”, repitió varias veces, pero no se lo permitieron, ninguno de sus rivales dedicó un momento a pensar en sus nuevas propuestas y ofertas de pactos y diálogo. “¿Ahora toca Andalucía? ¿Y antes de ahora no tocaba? ¡Llevamos dos años de legislatura perdidos!”, le reprocharon.

Hay inquietud en la cúpula del PSOE, porque Díaz ha salido de la derrota de Ferraz “impulsada como un cohete”, sin digerir el fracaso, nerviosa

Hay inquietud en las alturas del PSOE, “porque la presidenta no se ha parado a meditar”, porque ha salido de la derrota de Ferraz “impulsada como un cohete”, sin digerir el fracaso, nerviosa, precipitando el Congreso regional por miedo a que sus rivales sanchistas se reagrupen en Andalucía y le monten una candidatura alternativa.

También los suyos se han echado las manos a la cabeza por la “incomprensible” estrategia de fichar al exlíder de IU, Diego Valderas, en su Gobierno, un movimiento “improvisado” que le ha estallado en la cara, que ha desconcertado a muchos en su equipo, y que de rebote ha fortalecido internamente al coordinador regional de IU, Antonio Maíllo. Maíllo contraatacó con tanta virulencia a la presidenta que esta agachó la mirada durante los 45 minutos que duró el cara a cara. Por un momento, el líder izquierdista, que sólo tiene cinco diputados en el Parlamento, se convirtió en un poderoso y atronador líder de la oposición. Y ese papel se lo regaló personalmente Díaz.

Hubo un tiempo en que Susana Díaz tiraba de la marca del PSOE hacia arriba. Sacó al partido de su momento más frágil, derrotado por primera vez por el PP en unas elecciones autonómicas, e inició un ascenso imparable ganando unos comicios tras otros (europeas, andaluzas, municipales, generales…). Ahora reina la inquietud y el nerviosismo, ante la posibilidad incierta de que caiga la aldea gala, la de los irreductibles socialistas andaluces que han gobernado aquí desde que se instauró la democracia. Empiezan a oírse voces críticas, próximas a Díaz, que plantean que se ha invertido la tendencia: Susana Díaz es ahora una marca, superpuesta a la del propio PSOE en estos últimos años, y ahora su debilidad debilita al partido. Igual que antes su fortaleza y empuje personal lo devolvió a la victoria. “Si ella se recupera en estos dos años, el Gobierno resistirá. Si ella no se recupera…”, susurra uno de sus asesores.