Publicado: 05.04.2014 08:48 |Actualizado: 05.04.2014 08:48

Guerra interna de lideresas del PP tras la fuga de Aguirre al volante

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La presunta fuga de Esperanza Aguirre tras haber sido multada hace dos días no sólo se ha convertido en la anécdota más comentada de los bares (y de Twitter), sino que ha servido para avivar las luchas internas del PP. Y es que las futuras elecciones de 2015 ya se están librando entre los conservadores, que en los últimos tiempos no dejan de lanzarse pullas unos a otros para desacreditar al rival y alcanzar así más puestos en el escalafón de las candidaturas a las municipales y autonómicas.

Las últimas en hacerlo han sido la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría; ambas, para dar un toque de atención a la expresidenta de la Comunidad de Madrid. "La ley es igual para todos", recordaron las dos conservadoras ayer. Unas declaraciones que intentaban poner freno a las excusas de Aguirre, que reconocía haber actuado mal aparcando en el carril bus que transcurre por el pleno centro de Madrid, pero se justificaba con pretextos como el de haber parado "sólo un segundo para sacar dinero en un cajero". 

Aguirre asegura que no quiere ser alcaldesa de Madrid

De las relaciones de la presidenta del PP madrileño con el Gobierno central se ha permitido bromear la propia Aguirre en el programa de Mariló Montero donde, tras ser preguntada por su posible candidatura a las elecciones europeas, espetó: "Eso lo dicen por ahí porque dicen que Mariano Rajoy me quiere ver lejos". Y respecto a su rifirrafe con Botella, la disputa conlleva un transfondo electoral. Y es que la expresidenta suena como favorita para alcanzar la alcaldía de Madrid en 2015, frente a una primera edil desautorizada por polémicas como el caso Madrid Arena —donde murieron cinco jóvenes mientras ella descansaba con José María Aznar en un spa portugués—, su internacional relaxing cup of café con leche de cuando defendió la candidatura de Madrid 2020 o su mala gestión durante la huelga de limpieza de la ciudad.

Después de su incidente con los agentes de Movilidad (la autoridad municipal que regula el tráfico de Madrid y a los que Aguirre denomina "agentes de inmovilidad"), la expresidenta podría ver caer también su popularidad en las quinielas electorales y sus aspiraciones a liderar el Ayuntamiento, truncadas. No obstante, y aunque muchos restan credibilidad a sus palabras, la líder del PP madrileño negó ayer que tenga aspiraciones de volver a la primera línea de la política: "No quiero ser alcaldesa de Madrid. No estoy a eso ahora", respondió a Mariló.

En cualquier caso, la batalla por la Alcaldía de la capital lleva tiempo librándose también, entre Ana Botella y la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, otra de las favoritas en las encuestas para alcanzar el bastón de mando. La pelea entre ambas comenzó con el Madrid Arena, donde la responsabilidad política del suceso se libró entre la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento. Meses después, el arresto de un bombero durante una de las concentraciones que tuvo lugar en Madrid en apoyo a los vecinos del barrio burgalés de Gamonal reabrió las heridas.

El bombero detenido en una manifestación y el 'manifestódromo' de Botella enfrentaron a la alcadesa con Cifuentes

La alcaldesa apoyó al empleado municipal prestándole toda la "asistencia jurídica conveniente" a un "funcionario [detenido] en acto de servicio" y abogó entonces por "no azuzar ni avivar" los momentos de tensión que vive la ciudad entre manifestación y manifestación. La delegada del Gobierno, en cambio, defendió el buen hacer de la Policía con dicha detención. "El hecho de que uno sea bombero o electricista o político no le exime de que si ataca a un policía y le da un cabezazo con el casco y le produce una lesión, pues esto es un motivo de detención", justificó Cifuentes.

El último desacuerdo entre ellas llegó con las marchas del 22-M. Tras los disturbios, Botella lanzó una más que cuestionada idea para "ordenar" las manifestaciones en Madrid. La alcaldesa quería construir una especie de manifestódromo limitando las calles por donde los ciudadanos pueden transcurrir proclamando sus protestas. Su propuesta fue aplaudida por el titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, pero no gustó al resto del Gobierno, que desautorizó su plan en un reciente Consejo de Ministros. Cifuentes, por su parte, criticó las "propuestas mediáticas" de la jefa del Ejecutivo municipal.

Esta última trifulca llevó a ambas a reunirse, esta semana, para "limar asperezas". Según revelan algunos medios, consiguieron llegar a un acuerdo: un "pacto de no agresión" ni descalificaciones en público.  No obstante, en sus declaraciones posteriores no se mostraron muy efusivas respecto a su amistad.  "Vamos a trabajar por el interés común de hacer compatibles los derechos de los madrileños con los derechos de los manifestantes. La reunión fue sobre eso", se limitó a explicar la primera edil. "A partir de ahora mantendremos una relación muy estrecha, pero no hay tregua porque nunca hubo guerra", zanjó la delegada del Gobierno. ¿Su impresión del encuentro? "Buena", para Botella; "satisfactoria", para Cifuentes.

Para cerrar el círculo, Botella —que, recordemos, ayer afeó a Aguirre su incidente con los agentes— mantiene también un frente abierto con el delfín de la expresidenta, su sucesor Ignacio González.  Esta misma semana, la primera edil se ha enfrentado al actual jefe del Ejecutivo autonómico después de que éste insinuara que, si ella es la candidata municipal, el PP puede perder su liderazgo en ambas instituciones. "Es muy difícil ganar la Comunidad si no se gana en el Ayuntamiento", espetó González. "Ganar el Ayuntamiento no es condición suficiente para ganar la Comunidad", le respondió Botella. Y añadió, atacando también a quien pretende que los votantes ratifiquen su puesto: "[En 2015] Deberán presentarse los mejores candidatos, aquellos que aporten más votos", dejó caer.