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Detenidos Altsasu Una histórica marea humana pide la libertad de los jóvenes de Altsasu

Decenas de miles de personas desbordan las calles de Pamplona en solidaridad con los encarcelados por la pelea de bar.

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Imagen de arhivo - Manifestación en Pamplona en apoyo de los jóvenes de Altsasu. E.P.

Nekane Ortigosa acaba de vivir el día más extraño de su vida. A primera hora de la mañana vio a su hijo, pero no le tocó. Había un cristal de por medio y una condena de nueve años de prisión en la espalda. A la tarde, esta mujer ha recibido las muestras de apoyo de una marea humana que pedía la libertad de Aratz. Su hijo. El preso. El joven de 22 años que la Audiencia Nacional ha encerrado por una pelea de bar a las cinco de la mañana.

Este sábado, Pamplona se quedó pequeña para la multitud que volvió a pedir la libertad de este chico y de los otros seis que están en prisión –tres de ellos llevan allí un año y medio- por esa misma reyerta, en la que se vieron involucrados dos guardias civiles sin uniforme. Un tribunal les ha condenado a penas que van desde los dos hasta los 13 años de cárcel por unos hechos que inicialmente fueron catalogados como "terrorismo". La imputación se cayó tras el juicio, pero las penas fueron las más elevadas que se podían requerir por delitos de "lesiones, desórdenes públicos y amenazas".

La indignación recorrió cada rincón de la inmensa movilización que partió a las 17.00 desde las afueras del campo de fútbol de El Sadar, aunque también se percibía desde varias horas antes en los alrededores. De hecho, los pocos bares de esta zona residencial se vieron desbordados por las personas de diferentes zonas del Estado que arribaron a Pamplona para tomar parte en esta manifestación, una de las más importantes celebradas en la historia de esta ciudad.

A la manifestación han llegado unos 150 autobuses contratados para venir a este acto. Muchos lo hacían desde diferentes puntos de la Comunidad Autónoma Vasca, pero también venían otros desde lugares como Catalunya, Burgos, Madrid o Asturias. Especialmente notoria era la presencia catalana, con camisetas amarillas y esteladas en abundancia. Hubo un momento, poco antes del inicio, en el que la multitud venida de Catalunya llegó a protagonizar una improvisada manifestación propia. "Libertad, Altsasu", gritaban, mientras la gente agolpada en la acera respondía con aplausos.

Aratz, uno de los condenados, aseguró este sábado desde la cárcel: "A pesar de la distancia y los muros, sentimos el apoyo"

"La gente está pidiendo justicia a gritos", decía Ortigosa a Público poco antes de que arrancara la marcha. Fue ella precisamente quien transmitió el mensaje que su hijo le había dado a la mañana en la cárcel de Soto del Real: "A pesar de la distancia y los muros, sentimos el apoyo de la gente". También quiso "agradecer infinitamente la solidaridad" recibida.

"Altsasukoak, askatu" ("Los de Altsasu, libres") fue precisamente una de las consignas más escuchadas a lo largo del trayecto. En ese preciso instante, Aratz Urrizola y otros dos chavales de esa localidad navarra –Jon Ander Cob y Julen Goikoetxea- seguían recluidos bajo llave en el módulo 6 de Soto del Real. Cada uno de ellos ha sido condenado a 9 años respectivamente. Iñaki Abad, el vecino que grabó con su móvil los instantes posteriores a la trifulca –unas imágenes en las que se ve a uno de los guardias civiles involucrados- está en el módulo 8 de la misma prisión. Su pena, una de las más elevadas, es de 13 años.

Estos cuatro jóvenes fueron detenidos hace algunos días en una redada de la Guardia Civil. Mientras tanto, Adur Martínez de Alda, Jokin Unamuno y Oihan Arnanz cumplían este sábado 580 días en prisión.

48 horas antes de esta movilización, el fiscal de la Audiencia Nacional, José Perals, añadió más leña al fuego: el representante del Ministerio Público insiste en la teoría de que los chavales de Altsasu han cometido delitos "terroristas" y, por tanto, defiende que sean condenados a penas aún más altas. "Inhumano. Absolutamente inhumano", fue la definición que encontró la madre de Aratz para resumir lo que piensa y siente ante las pretensiones de Perals.

Solidaridad y apoyo

De ahí los nervios que siguen presentes en cada cuerpo y cada rostro de las madres y padres de Altsasu. De ahí también la corriente humana que se abrió paso a través de las calles de Pamplona bajo consignas de solidaridad y apoyo que retumbaban por el centro de la capital navarra.

"Creemos que la justicia tiene que ser justa y proporcional, única vía para garantizar una convivencia en paz", declaró ante un enjambre de cámaras y micrófonos la portavoz del Gobierno de Navarra, María Solana, quien acudió a la movilización para mostrar el apoyo del Ejecutivo que lidera Uxue Barkos. No muy lejos estaba el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, así como representantes de Geroa Bai, Podemos o EH Bildu.

Venganza

La manifestación tardó algo más de una hora y media en llegar a su destino, un lugar emblemático: la Plaza de la Libertad. Desde el escenario, las madres de Altsasu denunciaron un "deseo indisimulado de venganza" contra sus hijos. Además, destacaron que el tribunal que les juzgó y condenó "no ha buscado la verdad".

En el manifiesto leído al final del acto, alertaron sobre "un abuso de poder intolerable", señalaron que las condenas "son absolutamente desproporcionadas" y recordaron, entre otras cosas, los vínculos familiares de la jueza Concepción Espejel –presidenta del tribunal a cargo de este caso– con la Guardia Civil.

Por su parte, la plataforma de apoyo a las familias y los jóvenes condenados habló de las "libertades y Derechos pisoteados" a lo largo de este proceso. También se dirigieron a los jóvenes presos con un mensaje claro: "llevamos más de año y medio luchando por vuestra libertad y no pararemos hasta veros libres por las calles de Altsasu. ¡Resistid, porque lo vamos a conseguir!". También pasaron por el escenario bertsolaris y músicos –entre estos últimos estaba el mítico Enrique Villlarreal, El Drogas– para cantar por la libertad de los detenidos.

Mirar al futuro

Todo esto continuará. Según han avanzado desde el grupo de familiares de los jóvenes condenados, el próximo objetivo será conformar un foro plural y diverso que aborde el fondo de este caso y permita estudiar vías que impiden otros casos judiciales de este tipo. "Lo que ha ocurrido con nuestros hijos no debería repetirse nunca", afirmaba Ortigosa algunas horas después de despedirse de su hijo a través de un cristal. Sin besos. Sin caricias. "Te gustaría abrazarle, tocarle, pero no puedes", relató.