Publicado: 29.11.2015 08:50 |Actualizado: 29.11.2015 09:47

Jabier Salutregi: "En Egin peleábamos contra la violencia"

Un mes después de abandonar la cárcel, el exdirector del periódico cerrado por Aznar y Garzón critica el silencio que mantuvieron los demás medios. Dice que estuvo siete años preso por una “venganza política” y rechaza cualquier vinculación con ETA.

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Jabier Salutregi, en una imagen de archivo. EFE

Jabier Salutregi, en una imagen de archivo. EFE

BILBAO.- “Ya estoy jubilado. Así que cuando tenga ganas de hablar, me llama”. Jabier Salutregi se despide con ganas de seguir dialogando. El exdirector del diario Egin no se retiró por voluntad propia, sino por decisión ajena: en la madrugada del 15 de julio de 1998, el gobierno de José María Aznar y el juez Baltasar Garzón cerraron su ordenador, su despacho, su redacción y, junto a todo ello, una parte esencial de su vida.

Los últimos siete años los pasó en la cárcel, acusado de colaborar con ETA. Él lo niega de manera tajante. Incluso el Tribunal Supremo acabó reconociendo la ilicitud del cierre de Egin, pero Jabier Salutregi, la subdirectora Teresa Toda y otros miembros de su consejo administrativo no pudieron eludir las condenas de prisión. El exresponsable del periódico prohibido está otra vez en Donostia. Abandonó la cárcel de Burgos hace exactamente un mes. Todavía hoy se sigue preguntando por qué estuvo allí.



Pregunta. ¿Cómo ha sido la vuelta a casa?

"Hace pocos días me hicieron una comida popular en mi pueblo, como colofón de un montón de recibimientos. Son una cuadrilla de cabrones: con el acto que me prepararon, acabé llorando"

Respuesta. Los primeros días fueron como estar en una nube. Cuando salí de la cárcel me estaba esperando un comité de recibimiento muy amplio: muchos de mis amigos, mis ex compañeros, mi mujer y mi hijo –los primeros de la fila-. A partir de ahí ha sido un carrusel de reencuentros. Hace pocos días me hicieron una comida popular en mi pueblo, como colofón de un montón de recibimientos. Son una cuadrilla de cabrones: con el acto que me prepararon, acabé llorando. “Por fin, ya lo hemos conseguido”, me decían (ríe).

¿Qué fue lo que le hizo llorar?

Estábamos unas 300 personas. Cuando acabamos de comer, me cantaron una canción preparada por ellos, con una melodía habanera y una letra en euskera que hablaba de mi sufrimiento. Me llegó al alma, y todavía me emociono.

Nada más salir de la cárcel, usted afirmó que había sido una experiencia muy dura. ¿Qué fue lo peor de la cárcel?

"No tiene ningún sentido estar en una cárcel, privado de libertad, sin haber hecho absolutamente nada"

La cárcel es dura para todo el mundo, no solamente para mí. Lo más duro es preguntarte todos los días para qué estás allí. Es realmente tremendo, porque no tiene ningún sentido estar en una cárcel, privado de libertad, sin haber hecho absolutamente nada. Nunca encontré una motivación medianamente seria para que tuviese que estar en prisión. Yo estaba allí por una venganza política: querían colocar un paradigma ante los medios de comunicación vascos, indicando hasta dónde puede llegar un gobierno en su afán de reprimir opiniones, críticas y pensamientos.

¿Por qué cree que el gobierno de Aznar cerró Egin?

"El periódico fue perseguido desde su nacimiento: nos negaban las subvenciones públicas al papel, había boicots publicitarios de grandes empresas..."

Egin era la expresión de un sector de este pueblo. En un momento dado, entre un montón de gente reunieron dinero y construyeron ese proyecto, que expresaba lo que ese sector quería leer. El periódico fue perseguido desde su nacimiento: nos negaban las subvenciones públicas al papel, había boicots publicitarios de grandes empresas... A pesar de todo eso, nosotros le echábamos mucha imaginación, y conseguimos que Egin se estabilizara. Entonces se recrudeció el boicot institucional: el PNV, con (el ex lehendakari, José Antonio) Ardanza y (el ex consejero de Interior, Juan María) Atutxa, empezó a criminalizarnos. Ardanza llegó a decir que por “higiene democrática” debíamos desaparecer, mientras que Atutxa nos acusaba de emborronar la mente y advertía que no debía ponerse publicidad en Egin hasta que no cambiáramos de línea editorial. Mientras tanto, los demás periódicos no decían absolutamente nada. No se entendió que en realidad estaban zumbándonos a todos los periódicos, porque se intentaba censurar la opinión. Y cuando cerraron Egin, los demás diarios callaron. Hubo algún director que sí me llamó: el de Deia, el de Egunkaria… Muy poquitos. Algunos me llamaron a título personal, no como altos cargos de la comunicación. La verdad que me sentí muy abandonado. Eso no os lo perdono a muchos.

¿A qué cree que se debió ese silencio?

Se dice que un día antes de que cerraran Egin, Jaime Mayor Oreja, entonces ministro de Interior, convocó a todos los directores de periódicos y les contó lo que iba a ocurrir. Intuyo que les puso firmes y les dijo: “aquí a callar todos”, porque al día siguiente sí que callaron. Informaron que habían cerrado el periódico, que estábamos acusados de haber sido la voz de ETA… Un montón de estupideces supinas, porque todo Dios sabía que no éramos voz de ETA. Éramos la voz de un montón de gente que había puesto su dinerito y que había plantado un periódico. No había directrices de ningún tipo ni peleábamos por la violencia. Por el contrario, peleábamos contra la violencia, para que se generara un ambiente de paz y convivencia. Otra cosa es la crítica que hiciéramos a los gobiernos.

¿Todo eso que usted dice fue entendido de la misma forma por la sociedad española?

Para nada. En el Estado español lo tomaron con una naturalidad espeluznante. Yo creo que eso también significa que los medios de comunicación habían hablado con Mayor Oreja. Al fin y al cabo, el mensaje es el masaje: les masajearon el cerebro, y se lo tragaron. En la izquierda española hubo quejas y críticas, pero con la boquita muy pequeña. Si hubiese estado Público, no sé qué hubiera dicho.

¿Recuerda la frase de Aznar el día del cierre de Egin?

"Garzón prevaricó, porque el cierre del periódico fue rechazado de plano en 2009 por el Tribunal Supremo"

“¿Creían que no nos íbamos a atrever?”, dijo desde Turquía. Él se atrevió. Y el señor Garzón, que entonces estaba en la pared que más calentaba el sol, que era la del PP, llevó a cabo el cierre. Desde mi punto de vista, Garzón prevaricó, porque el cierre del periódico fue rechazado de plano en 2009 por el Tribunal Supremo. Lo que ese tribunal no se atrevió a decir fue que aquello estuvo mal hecho, y no hubo consecuencias de ningún tipo para el juez. Lo que pasa es que contra nosotros valía todo, y Garzón lo sabía. Fue un desastre jurídico, que a su vez era reflejo de un desastre político.

¿Volvería a dirigir un periódico?

Nunca. Ahora estoy para criticaros, siempre constructivamente.

¿Cómo ve la situación política en Euskadi?

"A la izquierda abertzale le persigue todo el mundo, intentándole recordar permanentemente su pasado, y todavía anda algo acomplejada"

El cierre de la persiana por parte de ETA, la salida a la plaza pública por parte de la izquierda abertzale de una manera completamente distinta y novedosa… Todas esas cosas, han removido mucho el gallinero político. El PNV está apostando por el PSOE, porque cree que va a estar otra vez en Madrid. Y mientras apuesta por el PSOE, deja de lado otras reivindicaciones que, siendo nacionalista, podría plantear. Por otro lado se encuentra la izquierda abertzale, que está subiendo poco a poco… pero ha irrumpido Podemos, que le puede quitar fuerza. A la izquierda abertzale le persigue todo el mundo, intentándole recordar permanentemente su pasado, y todavía anda algo acomplejada. Sin embargo, yo creo que no debería estarlo. Ha tenido el pasado que ha tenido, como todos los demás. El PSOE tuvo sus pistoleros en los años treinta, luego tuvo el GAL, y no tiene complejos. El PNV tampoco tiraba caramelos durante la Guerra Civil. Es decir, aquí todo el mundo tiene un pasado que ocultar en el armario, pero parece ser que el armario de la izquierda abertzale todavía hay que tenerlo abierto.

¿En 2015 podríamos volver a vivir el cierre de un periódico?

Creo que no, pero creer es cuestión de fe.