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Papeles de Bárcenas El Bigotes señala en el Congreso al marido de Cospedal y a un "amigo de Rajoy"

Álvaro Pérez, el "hombre en Valencia" de Francisco Correa, se confiesa amordazado por su abogado, presente en la sala, durante su comparecencia en la Comisión de Investigación de la presunta financiación irregular del PP, en el Congreso. Aún así, da grandes titulares como éste porque "es imposible callar", "la bilis se te desparrama", "miras al hemiciclo y siguen ahí en sus escaños."

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El responsable de Gürtel en la Comunitat Valenciana, Álvaro Pérez, el Bigotes, en el Congreso de los Diputados durante su comparecencia ante la comisión de investigación sobre la presunta financiación ilegal del PP. EFE/Javier Lizón

Álvaro Pérez Alonso, como él quiere ser llamado, ha llegado al Congreso de los diputados desde la prisión de Valdemoro, en un utilitario de color gris, con cristales tintados, acompañado de dos policías. El número tres de la trama Gürtel no iba esposado y todos sus movimientos por los pasillos del hemiciclo eran vigilados por más de cinco secretas. La otra persona que le acompañaba era su abogado, que desde la última fila le hacía señales de “no” con la cabeza, en determinados momentos.

A la mitad de su comparecencia, el exbigotes nos ha explicado quién era aquel hombre y a qué se debía su negación continua. Álvaro Pérez Alonso, ha confesado que su letrado le dijo anoche en qué temas no debía meterse ni un poco por el bien de su defensa en las causas que tiene pendientes, y luego no le ha hecho caso.

Su abogado, por ejemplo, le recomendó no mencionar y menos señalar a Ignacio López del Hierro y Castillo, el marido de María Dolores de Cospedal y Ángel Piñeiro López, “amigo de Rajoy”, “su edecán”, como ha hecho.

En varios momentos de furor se ha referido a ellos: “Aparecen más de 10 veces en los papeles de Bárcenas y no están en ningún banquillo o comisión"; "aparecen como atizantes"; "son de los que vienen a soltar el mondongo y los medios chitón"; "y eso que mi abogado me dijo anoche que ni pío de estos dos; pero es que hay cosas que es imposible callar”; “¿dónde están como testigos o como algo?”; "la justicia debe ser, tiene que ser igual para todos y el yerno del Rey en Ginebra y yo en Valdemoro”; "es que la bilis se te desparrama”; “¿usted sabe cómo me van a poner los profesionales de la felación, los miedos de comunicación por decir esto?”; “y luego el ministro de Justicia, que parece un vendedor de chochonas, llenándose la boca”;  “el Supremo, en cientos de sentencias, dice que la justicia tiene que ser justa, no ejemplar”.

Álvaro Pérez, el Bigotes, en el Congreso de los Diputados poco antes de su comparecencia. EFE/Javier Lizón

Poco presagiaban estas declaraciones tan intensas en sus primeras palabras en sede parlamentaria. Álvaro Pérez ha empezado bucólico pastoril, recordando la última vez que estuvo por aquí dando un paseo con Mariano Rajoy y la que era su jefa de prensa, Belén Bajo, camino a una óptica. Don Álvaro -como seguro le gustaría todavía más que se le llamaran-, convenció entonces a Don Mariano de que cambiara de gafas. Las que llevaba “eran de pasta y estaban amarillentas” y, ni cortos ni perezosos, fueron a comprarlas.

Éste episodio ha despertado mucho el interés de Tony Cantó, el portavoz de Ciudadanos que, en su turno de preguntas, le ha interrogado sobre quién pagó las fotos. Cosa que el protagonista de la mañana no recordaba. De lo que sí que se ha acordado es que fueron a aquella óptica porque era la de un presentador de informativos famosos, el que decía “así son las cosas y así se las hemos contado” [en alusioon a Ernesto Sáenz de Burruaga].

También muy al principio se ha acordado de Alejandro Agag, de quién ha vuelto a acordarse y no bien, en varios momentos. Según su relato, fue el yerno de José María Aznar quien le presentó a Francisco Correa en el Hotel Villamagna para que empezara a trabajar para el partido.

Él conocía a Agag de “mucho antes de que empezara a estar en política”, del Berlín Cabaret. “Yo tenía allí asuntos y él iba allí a tomarse copas”. “Fue idea suya que yo empezara a trabajar organizando mítines”. “Pasé mucho tiempo organizando su boda”. “Dudo que Correa gastara más de 3.000 o 4.000 euros en su boda; si tú le dices a un empresario que te deje gratis una discoteca para la boda del presidente te la deja”. “Con Aznar tuve más relación porque tenía una relación muy estrecha con el Sr. Agag, que yo pensaba que la había palmado. Me enteré por un programa de televisión que no. Nunca me llamó”.

Otro de los temas de los que su abogado no quería que hablase ha surgido: Engloba, la empresa que según él era “la que realmente se llevaba todo en Valencia” “Y cobrarían de la misma manera que nosotros, porque si no era imposible”. “Yo me llevé 7 concursos casi dos décadas; ellos 120 al año”.

El diputado Nueva Canarias Pedro Quevedo, presidente de la comisión de investiación sobre la presunta financiación irregular del PP, sirve agua al de Gürtel en la Comunidad Valenciana, Álvaro Pérez. EFE/Javier Lizón

Ha señalado también a Ana Michavila y a su hermano, el ex ministro José María Michavila, y a Juan Cotino, del que ha afirmado que sólo tiene “amistades en los altares” y del que dice que está perfilando su “tercer testamento” para la pieza separada que viene ahora.

En otro de los momentos más tensos de su comparecencia, el "hombre en Valencia" de Francisco Correa ha soltado: “miras al hemiciclo y ahí siguen, son los mismos”. “Cambian a los portavoces, que no tienen ni idea de lo que pasaba antes de que ellos llegaran, y siguen en sus escaños”. “¿Quiénes siguen en sus escaños?”, le tataba de sonsacaba in-extremis la diputada de Unidos Podemos, Carolina Bescansa, fuera de tiempo. El presidente de la comisión, el canario Pedro Quevedo, no le ha dejado contestar “por la salud de su abogado”.

Álvaro Pérez Alonso, el exBigotes, ya no tiene ni un pelo en la cara y niega que le llamaran por el apodo por el que es conocido en toda España. Con su gomina habitual, peinado hacia atrás, abandonaba el suelo parlamentario sin que se le hubiera movido ni un pelo, después de saludar y dar la mano a todos los presentes, como un señor –que es lo que él se considera-.

Como tal, ha vuelto a prisión después de ofrecerse a volver al Congreso, por su propio pie, cuando acaben sus juicios, para contestar a todo.