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Rajoy, incómodo con Aznar, evita a Bárcenas y se equivoca con Puigdemont

"Gracias por no insistir", ironizó el presidente del Gobierno en un foro en el que dio por hecho que la visita del presidente de Catalunya a Bruselas se había producido horas antes de que así fuera: "Le han dado el trato que se merece"

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a su llegada al Casino de Madrid para participar en el Foro ABC. EFE/Paco Campos

MADRID.- Que las dotes comunicativas de Mariano Rajoy no son su mayor virtud es algo conocido. Y así lo ha vuelto a demostrar el presidente del Gobierno este martes en el Foro de ABC-Deloitte, donde sorprendió con su actitud a todos los comensales, entre los que se encontraban siete de sus ministros y buena parte de la cúpula del PP, así como importantes empresarios del país.

Visiblemente incómodo, el jefe del Ejecutivo intentó sin éxito eludir toda pregunta sobre las críticas que su antecesor José María Aznar vertió ayer sobre la ruptura de España en lo político, lo económico y lo social. "Gracias por no insistir", repitió en un par de ocasiones. La primera sonaba a broma preparada. La segunda, su rostro se tornó agresivo: "Vengo aquí a dar mis opiniones, no a comentar la de los demás", espetó.

El mismo tono marcó el resto de sus respuestas. "¿Es cierto que va a crear un comité de notables en el PP como antídoto contra Aznar?", le preguntaron.  "Sí, yo también lo he leído", ironizó al principio. Ante la insistencia de su interlocutor, Rajoy primero se hizo el sordo ("¿Cómo?") y después, volvió la rotundida: "No", dijo muy seco.

El ambiente se calmó cuando Rajoy volvió a su argumentario habitual en el momento en que llegaron las cuestiones sobre 'ese-señor-del-que-usted-me-habla' Luis Bárcenas: "Ese asunto está en los tribunales y es bueno que estemos a lo que digan los tribunales y les dejemos trabajar con tranquilidad", se limitó a responder.

La misma táctica (la del argumentario) utilizó para responder sobre la actualidad política. "Quiero la mejor relación posible con [Donald] Trump"; "Estoy a favor de la estabilidad política"; "Soy optimista: creo que en Francia y Alemania habrá buenos gobiernos y que los movimientos de extrema derecha se quedarán al final en nada"; "Estoy convencido de que no va cambiar el rumbo de lucha contra el Daesh"; "Hablaré con PSOE y PNV para llegar a un acuerdo en los Presupuestos Generales del Estado"; "Quiero una legislatura larga y fructífera", etc...

Pero en medio de tanto discurso aprendido, tras un menú de lentejas con foie, merluza con piquillos, espuma de queso con nueces y un buen crianza, Rajoy cometió un lapsus: Habló de la visita de Carles Puigdemont al Parlamento Europeo como si ya se hubiera producido: "Le han dado el trato que se merecía", espetó, de nuevo en un tono mucho más bronco de lo habitual en él. El presidente pretendía negar que el PP europeo promovió un boicot para que ninguna autoridad de la UE recibiera al presidente de Catalunya y criticar, como ya hicieron ayer Esteban González Pons y Pablo Casado, que se trate de un acto "privado" y no "institucional". Pero le falló la prudencia. Faltaban dos horas para que se produjera el presunto fracaso que él predice que será el acto de Puigdemont en Bruselas.

Tras las risas, Rajoy volvió a enfadarse. Arremetió contra la política de "topicazos y eslóganes" de quien había osado definir al PP como "la socialdemocracia pero un poco de derechas" y aunque bromeó con San Francisco de Sales -patrón de los periodistas, cuya fiesta se celebra hoy- se molestó cuando le preguntaron si bajaría los impuestos de la electricidad. "Ya me gustaría a mí bajar los impuestos a todo el mundo, pero no basta con que quiera", zanjó.

Con la misma rotundidad negó que vaya a subir el copago farmacéutico a los pensionistas ("No en esta legislatura", dijo), pero tampoco respondió sobre si subirá el sueldo de los funcionarios aunque no lleguen a aprobarse los PGE ("lo bueno sería que hubiera PGE") y, aunque admitió que tiene una "muy buena opinión" del presidente de la Gestora del PSOE, Javier Fernández, dijo no querer opinar sobre "las decisiones de otros partidos". Eso sí,se mostró dispuesto a llegar a un acuerdo con toda la oposición para aprobar las cuentas del Estado y, aunque negó que esté dispuesto a adelantar elecciones si no lo consigue, sí lanzó una amenaza velada entonando la "estabilidad" necesaria frente a las amenazas exernas (el Bréxit y la subida del precio del petróleo, entre otras) que hacen peligrar la "recuperación" económica.