Publicado: 07.02.2014 18:00 |Actualizado: 07.02.2014 18:00

El rey exhibe la soledad de la infanta

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¿Quién está primero, el rey o el padre? "El rey", responden sin dudar quienes conocen al monarca. Por ello, la prioridad de Juan Carlos de Borbón es que el "martirio" para la Corona de la declaración judicial de su hija pequeña, imputada en el caso Nóos, se acabe cuanto antes. La infanta Cristina, que declara esta mañana en los juzgados de Palma, "ya está condenada" por la opinión pública y, aunque en Zarzuela no contemplan la posibilidad de que sea condenada, su alejamiento de la Institución es un hecho consumado ya hace muchos meses. El papel primero e institucional del rey, sin embargo, no anula el "pesar" del padre ante la hija presuntamente culpable y de cuya inocencia está convencido; aunque el progenitor evitará muy mucho salir de los muros de palacio. "La justicia es igual para todos", es el mensaje también ahora.

La Casa Real dejó meridianamente claro que la infanta ya no cuenta para la Institución ni para el rey como tal, cuando, en un acto de alarde de transparencia (reservado, eso sí, a un número limitado de medios de comunicación avisados sin conocimiento del resto) detalló la ejecución presupuestaria para este año: sueldo para reina, sueldo para la princesa de Asturias, dietas para la infanta Elena cuando represente a la Familia Real y nada para su hermana Cristina, que no tiene agenda oficial desde hace 28 meses. Un mensaje contundente y aliñado, además, con otra reunión discreta además de ésta del equipo de la Casa del Rey con los periodistas que cubren habitualmente la agenda de la Familia Real (lunes 3 de febrero).

Según reveló ayer El Mundo, el jefe de la Casa del Rey, el diplomático Rafael Spottorno, se reunió con unos 40 corresponsales de medios extranjeros en España durante casi dos horas para explicarles cómo está el rey, pero sobre todo, para no defender en ningún momento la inocencia de la infanta Cristina. Un giro relevante en la estrategia "equivocada" de manifestar "sorpresa" por la decisión del juez José Castro de imputar a la infanta por primera vez.

Más allá de los presuntos delitos de Iñaki Urdangarin; más allá de la utilización que éste pudiera hacer de su condición de yerno del rey para enriquecerse con dinero público, el verdadero daño a la Institución y al rey (que el juancarlismo español fruto de la Transición identifica casi íntegramente con la figura del monarca) es el que le ha hecho su hija, que si no intervino en los delitos de su marido, sí disfrutó de la riqueza presuntamente robada y que, además, se ha resistido a separarse de Urdangarin y a renunciar a sus derechos dinásticos. Esto último, sin embargo, advierten fuentes cercanas a la Casa Real, "está por ver". Cristina de Borbón, lo demuestran los hechos, es antes "mujer enamorada" -como dijo uno de sus abogados, Jesús Silva- que infanta de España y eso, al rey, "no le encaja".


La infanta Cristina, en uno de su últimos actos oficiales, pasando revista a las tropas. REUTERS

La hija del rey, decida o no finalmente bajar la rampa de los juzgados andando, irá a declarar sólo con sus abogados. Nadie de la Casa o la Familia Real le acompaña, ni siquiera miembros de su seguridad; tampoco nadie de allí hablará por ella cuando termine la comparecencia ante el juez. La Zarzuela ya ha manifestado por activa y por pasiva su respeto escrupuloso al proceso y a las decisiones que se tomen y no tendrá más que decir. Naturalmente, y aunque asesorado por su equipo, la última palabra la tiene el rey; suya es, por tanto, la soledad que rodea hoy a su hija. Un gesto "inequívoco", razona el entorno.