Publicado: 08.12.2015 00:36 |Actualizado: 08.12.2015 01:45

Rivera intenta desligarse de un posible pacto con el PP tras el 20-D

El líder de Ciudadanos se enzarzó en varias ocasiones con Soraya Sáenz de Santamaría, aunque se mantuvo en su incertidumbre habitual al ser preguntado sobre a quién apoyará.

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El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y la vicepresidenta del Gobierno y candidata por Madrid al Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, antes del debate televisivo entre los candidatos de PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos. EFE/Ballesteros

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, antes del debate televisivo entre los candidatos de PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos. EFE/Ballesteros

MADRID.-  "Sería la primera vez en la historia que el Parlamento impide que gobierne la lista más votada", reconoció Albert Rivera en el primer debate 'a cuatro' de la campaña. Sin embargo, intentó desligarse de cualquier posible pacto de investidura o de Gobierno con el PP, empeñado como está en que dejen de identificarle con "la nueva derecha".

De hecho, en el encuentro organizado por Atresmedia y en el que la ausencia de Mariano Rajoy fue lo más comentado desde que se anunció, el líder de Ciudadanos se enzarzó en varias ocasiones con la vicepresidenta del Gobierno para marcar distancias con ella.

Así, intentó responsabilizar al Ejecutivo de la deriva secesionista en Catalunya -Soraya Sáenz de Santamaría le pidió que no la pusiera en una situación de "equidistancia" con Artur Mas", le echó en cara casos de corrupción como el de "[Jaume] Matas", y la acusó de no querer cerrar el Senado porque es ahí donde acaban quienes pierden las elecciones "como Rita Barberá". También le apostilló: "Ustedes no han hecho reformas, han hecho recortes". 



Sin embargo, Rivera se mantuvo en su línea habitual de incertidumbre y, aunque incidió en que no formará parte de los proyectos "ni de PP ni de PSOE" y en que, si no gana, estará en la oposición, también asumió que aún no había decidido votar "no" en la futura sesión de investidura.  Es más, incluso comenzó el debate enfadado por la pregunta que colocaba ya a Ciudadanos como bisagra y no con opciones de poder ganar las elecciones del 20 de diciembre: "Estamos aquí para debatir y saber quién gana las elecciones. Si ya sabemos los resultados me voy", le espetó a Ana Pastor y Vicente Vallés.

Minutos más tarde -el debate duró dos horas, pero mantuvo el ritmo sin convertirse en aburrido- el tema de los pactos volvió a estar sobre la mesa (invisible, porque no había ni atriles). Y ahí volvió a presentarse como el nuevo Adolfo Suárez capaz, "desde la centralidad", de echarle "cintura" al resultado electoral -en el que no se prevén mayorías absolutas- para traer "entre todos" la "Segunda Transición". "Estoy dispuesto, si gobierno, a crear un Gobierno de apertura en el que pueda haber independientes y personas capaces de otros partidos", resaltó. Y agregó: "Si ganamos, intentaremos gobernar; si gana otro, tendrá que ser él el que lo intente y, si no lo consigue, puede haber alternativas", dijo sin especificar, como siempre, cuáles serían las opciones.

Intentando aguantar el tipo

En el anterior debate del pasado lunes en El País, Rivera no fue Rivera. Se dejó arrinconar por los ataques de Pedro Sánchez, especialmente, pero también de Pablo Iglesias. Incluso miembros de su equipo de campaña reconocieron en privado que estuvo demasiado comedido por no querer entrar en "el cuerpo a cuerpo". Hoy Rivera sí volvió. O, al menos, lo intentó. Sí respondió a los ataques y consiguió su propósito de "proponer, proponer y proponer", pero, con un nerviosismo evidente que no le dejaba parar de moverse y gesticular en exceso, no llegó a brillar tanto como algunos de sus contrincantes. 

De nuevo incidió en su ataque al bipartidismo al recordar herencias de paro similares ("El PP y el PSOE nos han dejado un 91% de contratos basura", dijo para defender la "estabilidad" de su contrato único), su incapacidad para llegar a acuerdos que permitan establecer un Pacto por la Educación ("Tenemos que ir a una ley para los españoles, no la ley del PP ni la del PSOE"), y hasta cerró filas con Pablo Iglesias a la hora de resaltar la necesidad de "pinchar la burbuja política y eliminar el capitalismo de amiguetes" y reformar la ley electoral y otras cuestiones como la financiación de partidos. Aunque incluso aquí se llevó un golpe del líder de Podemos: "Estoy de acuerdo en que hay que pinchar la burbuja política, pero no alineándose con lo viejo, con el PSOE de los ERE y el PP de la Púnica".

Rivera aguantó el tipo como pudo y siguió su camino. "Hablemos de propuestas para que los españoles escuchen propuestas nuevas y no el debate clásico de PP y PSOE", insistió. Se mostró duro contra la corrupción ("Hay que acabar con los indultos", dijo, presumiendo de que "Griñán y Chaves" se han ido gracias a Ciudadanos); contra el secesionismo en Catalunya (defendió que impere la "ley" contra el soberanismo y se mostró convencido de que "el 20-D seremos muchos más los catalanes que dirán que queremos seguir siendo españoles") y contra el terrorismo yihadista ("Los aliados derrotamos juntos al fascismo y juntos derrotaremos al terrorismo", mitineó para defender un posible envío de tropas a Siria si los países de la UE o la OTAN así lo solicitan). 

Para cerrar, el candidato de los naranjas usó su minuto de gloria para volver a evocar el espíritu de la Transición. "Tenemos la responsabilidad de votar por nosotros, pero también por nuestros antepasados, que nos dejaron una sociedad de bienestar, una Economía de mercado, Europa y libertad", concluyó, apelando -como marca su campaña- al voto de "la ilusión" frente al miedo al cambio. 

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