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Memoria histórica Salvador Moreno, el militar golpista que aterrorizó la costa española

El ministro franquista que daba nombre a la calle en la que Rajoy vivió de niño dirigió bombardeos sobre zonas civiles y resultó clave para que las tropas africanistas pasaran a la península en los primeros meses de la guerra civil

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Salvador Moreno, a la derecha de la imagen, junto a Franco en una imagen de los años 50.

Este jueves, durante su visita a un grupo de militares de la Armada española con los que mantuvo un encuentro en Abiyán (Costa de Marfil), el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se preguntó por qué le quitaron el nombre de una calle al Almirante Salvador Moreno. La respuesta la da Alberto Sabio, historiador de la Universidad de Zaragoza, al explicar quién era Salvador Moreno: "Fue un golpista, estuvo en la conspiración previa a la sublevación militar contra la Segunda República". Este militar, que llegó a ser ministro de Marina en la dictadura, desempeñó desde el crucero Almirante Cervera, primero, y desde el acorazado Canarias, después, un papel clave para la victoria franquista en la guerra civil que incluyó el bombardeo de numerosas ciudades costeras.

Pese a ello, e ignorando la Ley de Memoria Histórica, Rajoy sigue llamando Salvador Moreno a la calle Rosalía de Castro de Pontevedra, en la que vivió de niño, aunque la ubica en Marín, donde la placa con el nombre del militar también fue sustituida por otra dedicada a la escritora. "Ahora no sé por qué le han quitado el nombre a la calle, yo le sigo llamando así", les dijo Rajoy a los marineros españoles.

Salvador Moreno, ministro de Marina con Franco entre 1939 y 1946 y de 1951 a 1957 y que llegó a ser nombrado almirante, dejó de tener calle en ambas ciudades gallegas en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, ya que había sido uno de los promotores del golpe de 1936, mientras que en Pontevedra la placa había sido sustituida diez años antes, en 2002, por decisión de un pleno donde BNG y PSdG sumaban una clara mayoría.

El bombardeo de 'la desbandà'

Además, había dirigido desde esos barcos cruentos ataques como el bombardeo de la carretera de Málaga a Almería cuando, en febrero de 1937, más de 100.000 civiles huían en lo que se conoció como la desbandá.

Los bombardeos de la artillería terrestre del general Gonzalo Queipo de Llano, que había sitiado Málaga, y los cañones del acorazado Canarias, que apoyaba esa operación desde el mar, provocaron entre 3.000 y 5.000 muertes, en uno de los episodios más sangrientos de la guerra civil.

Moreno, destinado en Ferrol al comienzo de la guerra, se hizo con el control del Almirante Cervera, con el que participó en el bombardeo de Gijón, pese a las reticencias iniciales de la tripulación, leal a la república.

Poco después pasó a dirigir el Canarias, considerado el buque insignia de la marina española desde su incorporación en septiembre de 1936 hasta su retirada en diciembre de 1975, con el que participó en varias operaciones en el estrecho, donde, tras hundir el destructor republicano Almirante Ferrándiz, resultó clave para que las tropas africanistas sublevadas saltaran a la península para apoyar al bando franquista.

De capitán a almirante en apenas un año

El Canarias, gemelo del Baleares que dirigía Carrero Blanco y que destacaba por su velocidad y por la potencia de su artillería, intervino al mando de Moreno en la batalla de Machichaco, contra la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi, y hundió en diciembre de 1936 el vapor soviético Komsomol, antes de intervenir, tras el relevo de Moreno, en los bombardeos de Alicante y del puerto de Barcelona.

Con ese historial, su ascenso en el aparato franquista resultó meteórico. A mediados de 1937 se convertía, como vicealmirante, en lugarteniente de la armada sublevada meses antes de ascender a almirante (un año antes, con 50, era capitán de fragata) y ser promocionado en 1939 al Ministerio de la Marina, desde el que se opuso a la participación de España en la Segunda Guerra Mundial.

Regresó en 1951 al ministerio, donde resistió dos crisis de Gobierno antes de ser relevado a finales de 1957 por Felipe José Abárzuza. Salvador Moreno murió en Madrid en 1966.