Publicado: 15.05.2014 07:00 |Actualizado: 15.05.2014 07:00

UPyD, ni carne ni pescado

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Fue un Hable con Rosa a lo grande, aquellas jornadas de puertas abiertas a los ciudadanos que inauguró en la antesala del 20-N, las elecciones que llevaron a Rajoy a la Moncloa y permitieron a UPyD constituir, con permiso de los asturianos Cascos y Sostres, un grupo propio en el Congreso. Habló en el mismo escenario donde había vaticinado, durante la campaña de 2011, que si cayó Napoleón también caerá el bipartidismo, erigida de nuevo en azote de los grandes partidos. Le faltó decir vosotros seréis zafra y yo, martillo.

Bajo la mirada petrificada de Daoíz y Velarde, los héroes del Dos de Mayo inmortalizados en la plaza madrileña que rememora la sublevación contra los franceses, Rosa Díez destapó el tarro de las esencias de UPyD, un partido que tanto vale para ejercer de bisagra como de contrapoder: lucha contra la corrupción, el nacionalismo (periférico), el sistema electoral, el bipartidismo y el yugo que el gran capital ha impuesto a los medios de comunicación. "En España no hay prensa independiente sino prensa pública y prensa concertada", dijo la diputada, quien también sacudió el fantasma del terrorismo. "No permitiremos que se blanquee la historia de ETA", respondió a una joven que recordó entre sollozos el sufrimiento provocado por la banda.

Como ella, muchas otras personas pidieron el micrófono durante el turno de ruegos y preguntas. Un formato, el mitin callejero, donde Díez se mueve como pez en el agua y que le permite recibir sin inmutarse el exvoto de un fiel. Fue el momento "una rosa para Rosa", que diría el nobel y magenta Vargas Llosa, aunque el ofrecido tuvo la delicadeza de forrar con papel el tallo de la flor antes de entregársela, por si las espinas. No la soltó ni con la Oda a la alegría, adoptada como himno europeo, que sonó al final. Y, durante buena parte de las dos horas que duró el acto, en el que tal vez sobraron un par de bises, llegó a acariciarla como si se tratase de una magdalena que le recordaba el tiempo perdido en el PSOE, que si la memoria no falla le concedió la cabecera de lista en las europeas del 99.

Además de ella, también intervinieron otros candidatos del partido de Rosa Díez, que es como se conoce popularmente a UPyD, pues lo de magenta no es más que un sinónimo para evitar la redundancia del color de su nombre. Abrió la tarde David Ortega, portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, con un discurso un tanto hiperbólico en clave municipal. "Ésta es la capital más endeudada del continente: me río de los sobrecostes del Canal de Panamá", afirmó el jurista, quien calculó que el escaño de su líder ha resultado "el más caro" de toda Europa, aunque no concretó si Rusia también cuenta. Le tomó la palabra Fernando Maura, número tres en la lista, ex secretario general del PP vasco y nieto de Antonio Maura, a la sazón presidente con Alfonso XIII. Tras dejar claro que vino a departir sobre la UE mientras "Cañete habla de pacto de concentración y de herencias recibidas", aventuró una "maldad", que para él no es otra que el candidato conservador dejará el escaño en Bruselas en el futurible caso de que lo nombren comisario.

Partidario de una "Europa de, por y para los ciudadanos", en contraposición a la vilipendiada por "los eurófobos, los euroescépticos y los nacionalistas de todo pelaje", el responsable del área de internacional aseguró que la construcción comunitaria supone "un proyecto transversal, como también lo es UPyD". Un partido atravesado (Díez, en su día, lo calificó de "raro") que luce una carrocería socialdemócrata revestida de un carenado liberal, aunque en su interior ruge un motor centralista (federal, corregiría la portavoz) que bebe de la gasolina del españolismo inflamable.

Si nos atenemos al mitin, muchas de las promesas, reivindicaciones y críticas rezuman acierto y sensatez: el rescate bancario, las preferentes, la politización de la Justicia, "una democracia con poco cuajo y todavía en pañales", la financiación ilegal de los partidos, los imputados que conservan sus cargos o se presentan en listas, una ley electoral que fomenta el bipartidismo y ningunea a las formaciones minoritarias, la delgada línea roja que separa al PSOE del PP, el maridaje parlamentario de ambas siglas, una sociedad que no sabe qué día tendrá lugar esta cita con las urnas y la supuesta responsabilidad del Gobierno, que según Díez "no ha promovido la participación" y ha adormecido a los votantes con "cloroformo", pues según ella sólo le interesa que voten sus "hooligans"...

Claro que, tras los puntos suspensivos, UPyD se revela en esta plaza del barrio de Malasaña como una fuerza centrípeta que combate los nacionalismos catalán, vasco y gallego con la misma medicina, aunque en su caso la capa que recubre la gragea es rojigualda. Un partido nacional, en el sentido menos peyorativo del término, que genera antipatías por su cruzada vertebradora de España al tiempo que se beneficia electoralmente de ese mismo caballo de batalla. Así, mientras el PSOE y el PP se desangran (bien por flirtear con la periferia, bien por su mano blanda en materia de territorio, competencias o terrorismo), las encuestas pronostican subidas de UPyD a nivel local, regional, estatal y europeo.

La soledad de Francisco Sosa Wagner en Bruselas podría durar poco, pues los sondeos le conceden entre dos y cinco europarlamentarios, quienes a partir del 25 de mayo se enfrentarían a la compleja tarea de buscar acomodo en un grupo parlamentario. El convergente Marc Guerrero, por ejemplo, no los quiere en la familia liberal de ALDE, pues los considera unos "jacobinos y centralistas". En cuanto al PSE y el PPE, la adalid de la anticorrupción y garante de la transparencia y de la pureza entre sus filas se desmarcó en el mitin de socialistas y populares: "El debate no es entre izquierda y derecha sino entre decencia e indecencia", aseguró Díaz, que trata de proyectar la imagen de política insobornable (la lejanía de la gestión y el poder ayudan) que no se casa con nadie.

"Somos la última esperanza para millones de españoles", arengó a los tres centenares de personas que se congregaron en el lugar, donde abundaban los globos rosas y faltaban los banderines (apenas dos pabellones, el español y el europeo, acusaban la ausencia de viento a sus espaldas). El elector desencantado, el simpatizante de esta formación "molesta" y "la gente que a lo mejor no pensaba votar o que pasaba por aquí" quizás hincharon sus pulmones con las palabras de la diputada rosa: "Si este acto se emitiese en prime time, ustedes ganarían las elecciones". También Maite Pagazaurtundua, expresidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, tercera en la lista y ausente en la plaza.

La autodenominada en el pasado "socialdemócrata heterodoxa" cuenta los días que faltan para la cita con el metacrilato, si bien hasta ahora no ha querido considerar estos comicios como un termómetro de lo que vendrá el año que viene, cuando coincidirán las municipales y las generales. Entonces podrían surgir pactos y acuerdos que tal vez ayuden a sacar de la indefinición a este partido, que no es pescado azul ni tampoco carne roja. Acaso un pez correoso, firme, extemporáneo y muy resbaladizo, como la lamprea.