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'Gordofobia': la violencia silenciosa que hay detrás de la cultura de la delgadez

Estar delgado es presentado en las sociedades actuales como una de las máximas aspiraciones, ya que está asociado al deseo sexual y a hábitos de vida saludables. No obstante, estas ideas legitiman una opresión hacia las personas gordas, sistemática y estructural. Ahora, colectivos antigordófobos han dado el paso de visibilizar esta discriminación..

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Gordofobia

“¿Por qué me da tanto miedo engordar?” Esta pregunta no tiene una respuesta fácil, casi no tiene una respuesta, pero es crucial plantearla para tratar la gordofobia y para reflexionar en torno a la cultura de la delgadez.

La pregunta la lanza Lara, antropóloga y activista, y una de las integrantes del colectivo antigordófobo Cuerpos Empoderados. “Hay una promoción de la delgadez total y continuada, donde se asocia delgadez al cuidado, a hábitos de vida saludables, al autocontrol, al esfuerzo… Es decir, a valores neoliberales individualistas y que afectan a todo el mundo”, explica a Público.

Se asocia delgadez al autocontrol, al esfuerzo… A valores neoliberales individualistas

Desde los anuncios en televisión, el sistema de tallas de las tiendas de moda, los productos de belleza, hasta el tamaño de las butacas del cine o del metro: el sistema y la sociedad están configurados para las personas delgadas. “Bajo argumentos de salud y estética se legitima una violencia brutal, que incluso se puede estructurar. Se da en todos los ámbitos de la vida: en tu casa, en el trabajo, por la calle, con tus amigos”, enumera Lara.

Precisamente, sobre las experiencias de violencia cotidiana que sufren las personas gordas se ha centrado el proyecto de Stopgordofobia, otro colectivo encargado de visibilizar la violencia y el desprecio que hay detrás de esta veneración por los cuerpos delgados. “No te libras ni en casa. Mi madre me ha llegado a decir que le preocupa que esté demasiado a gusto con mi cuerpo y que me lo dice por mi bien”, relata para este diario Cristina, compañera de Lara en Cuerpos Empoderados.

Una opresión en sí misma

La violencia hacia las personas gordas es continua, está legitimada y es sistemática. Es esto por lo que desde Cuerpos Empoderados hablan de que la gordofobia actúa como un mecanismo de opresión en sí mismo. “Tiene que ver con controlar y regular la vida de los cuerpos de las personas construyendo unos cuerpos más válidos que otros, generando una norma, que se impone como absoluta y que legitima la violencia”, explican desde este colectivo.

"Si aún seguimos en la culpa, no vemos que la culpa no es nuestra, sino de un sistema de control de cuerpos"

Aquí está la clave: no se trata de un complejo individual, se trata de una fobia construida y legitimada con normas que dictan qué cuerpos son aceptables y deseables y cuáles no. “No me pasa a mí concretamente, no es que a la gente le moleste mi grasa. Le pasa a todas las personas gordas y se repite en todas las sociedades occidentales y europeas. Hay una violencia sistemática hacia nuestros cuerpos y esto hace que sea un sistema de opresión, porque además tiene bases. Ese rechazo se justifica históricamente y tiene que ver con el sistema económico, con el sistema moral y otras cuestiones”, explica Lara.

El activismo gordo está aún en su primera fase: la de hacer colectivo un problema que se ha vendido como individual. “Primero tiene que haber una identificación del problema. Hay que politizarlo. Aquí hay un problema y no somos nosotras. Esto es sólo el principio. Nuestro activismo se basa en explicar a las personas gordas que no les pasa nada, que esto es un problema político y vamos a ver de dónde viene. Y cuando ya veamos que no nos pasa nada y que hay un sistema oprimiéndonos, ahí podremos luchar. Pero si aún seguimos en la culpa, no vemos que la culpa no es nuestra, sino de un sistema de control de cuerpos, entonces estamos en una toma de conciencia”, comenta Lara.

Feminismo, gordofobia y misoginia

Hablar de control del cuerpo y de normatividad es también hablar de género. La gordofobia está atravesada por el género, y la violencia que se ejerce sobre las personas gordas está ligada a la misoginia. “A la mujer se le exige mucho más que al hombre”, sentencia Cristina.

“Desde el siglo XIX se empieza a hacer un disciplinamiento de la mujer a través del cuerpo, mucho más brutal que antes. Antes, la violencia que recibían las mujeres era mucho más directa, tenía más que ver con la figura del padre, con la figura familiar, pero poco a poco empieza a cambiar la forma de dominar a la mujer a partir del cuerpo. ¿Y qué pasa? Que se empieza a construir un cuerpo de la mujer muy delgado”, relata Lara.

"Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con su belleza, sino con su obediencia"

El tema del cuerpo y su control ha sido tratado de manera extensa por autoras feministas que han puesto en el centro del debate esta cuestión. Es el caso de Naomi Wolf, una de las representantes del feminismo de la tercera ola que afirmaba que “una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres; una población tranquilamente loca es una población dócil”.

Con tanta operación biquini, mayonesa light o cremas anticelulíticas las mujeres no tienen tiempo para pensar en sus derechos. Lo primero es estar guapa y delgada. El resto vendrá solo si cumples estos dos requisitos. “El sistema trabaja para que nuestra máxima preocupación tenga que ver con restringir lo que comes, con no estar a gusto con tu cuerpo. Además, el modelo de cuerpo extremadamente delgado a los hombres no les pasa”, comentan las activistas de Cuerpos.

En este sentido, la periodista Lucía Lijtmaer en su libro Yo también soy una chica lista (Destino) sostiene que hay una ley no escrita que determina que toda mujer cree que debe perder peso.

Sobre la “gordibuena” y el falso discurso empoderador

De un tiempo a esta parte se viene hablando de “gordibuena”. El feminismo está calando poco a poco en los discursos masivos y ciertos mensajes misóginos son inaceptables. El sistema es consciente de esto y aprovecha que el feminismo “está de moda” para reapropiarse de la lucha y la reivindicación, tal y como denuncian numerosas autoras. Como señala Ana de Miguel en su libro Neoliberalismo sexual (Cátedra), el sistema patriarcal puede transformarse para no desaparecer. Así, mensajes machistas y misóginos que no cambian en nada el statu quo se venden como empoderadores y feministas. Es aquí donde surge el concepto de “gordibuena”, un término muy criticado por el movimiento feminista y los colectivos gordófobos, que incorpora a las mujeres gordas dentro del imaginario del deseo masculino.

Un ejemplo: la última campaña de Desigual fue muy aplaudida por algunos medios de comunicación ya que eligió a una modelo que “rompía con los cánones de belleza”. ¿La razón? Charli Howard, la modelo elegida, tiene celulitis y una talla mayor a la del resto de compañeras de profesión, y la firma decidió no hacer retoques en las fotos.

Las campañas con celulitis y estrías perpetúan la imagen de una mujer deseable para los hombres  y con medidas basadas en la proporcionalidad

Poco después, Asos, según palabras de El País, se sumaba a la “corriente de normalizar los cuerpos” al elegir a una modelo con estrías para la campaña de este verano. No obstante, por muy revolucionarios que suenen estos ejemplos, no rompen con los cánones de belleza ni normalizan el cuerpo de la mujer, según las activistas. Las campañas con celulitis y estrías siguen transmitiendo la imagen de una mujer deseable para los hombres y con unas medidas basadas en la proporcionalidad. Es precisamente en este marco neoliberal y machista donde se incorpora el concepto de “gordibuena”.

“Está reafirmando la idea de que las mujeres estamos para la mirada masculina, para ser objeto de deseo. Cuando hablan de gordibuena están hablando de 'oye, también tengo derecho a que me deseen los hombres', a entrar dentro de este juego machista y misógino”, explican Lara y Cristina de Cuerpos Empoderados.

Tal y como destaca Lucía Lijtmaer a las mujeres se les ha enseñado que son imperfectas y que les falta algo. Y es aquí donde interviene el sistema capitalista mostrando que lo que falta se basa en el cuerpo y la belleza. Además, la autora señala que el problema es el discurso dominante que se graba en el cerebro como la idea del amor verdadero y se forma una verdad universal según la cual estar delgada equivale a ser feliz.