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Granjas de sangre: la cruel industria que explota yeguas preñadas para aumentar la producción de cerdos

Una investigación a la que ha accedido 'Público' revela cómo está proliferando este tipo de ganadería, destinada a extraer una hormona equina que es utilizada para incrementar la producción de lechones en la ganadería porcina industrial.

Imagen de una yegua preñada encerrada en un cubículo donde se le extrae sangre para fabricar hormonas.
Imagen de una yegua preñada encerrada en un cubículo donde se le extrae sangre para fabricar hormonas. Animal Welfare Foundation / Cedida

Yeguas inmovilizadas durante horas en cubículos de metal. Están embarazadas y esa es la esencia del negocio. A las potras se les saca cada semana una media de 5 litros de sangre durante dos meses y medio. ¿El objetivo? Extraer una hormona –la PMSG gonadotropina coriónica– que es codiciada por la industria farmacéutica ganadera. Con ella se fabrica una sustancia que es utilizada por los criadores industriales de lechones para acelerar el celo de las cerdas y sacar un mayor rendimiento productivo. 

Se las conoce como granjas de sangre y existen pocas en el mundo. En Europa, todas se concentran en Islandia, pero su opacidad impide conocer de manera nítida su funcionamiento. Sin embargo, Público ha podido acceder a una investigación clandestina realizada durante más de dos años por la organización Animal Welfare Foundation en 100 instalaciones del país nórdico donde se explotan y maltratan a más de 5.000 yeguas embarazadas. 

El funcionamiento no difiere de muchas otras prácticas ganaderas intensivas. En una grabación con cámara oculta se puede ver cómo algunos operarios golpean a las potras con palos para introducirlas en los cubículos donde se les extrae la sangre. Para conducirlas al interior, se usan también perros que muerden con violencia el rabo de las hembras equinas hasta conseguir que lleguen al destino. Una vez dentro, la violencia no cesa. Mientras se les extrae la sangre, se puede ver en varias ocasiones cómo los trabajadores siguen golpeando al animal con barras de madera en el lomo, pese a estar absolutamente indefenso.

Stephanie Krämer, profesora del departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad Justus-Liebig de Giessen, (Alemania) explica, tras analizar las imágenes, que el proceso puede generar grandes problemas de salud en las yeguas ya que se les extrae la sangre directamente del cuello. "El área de la cabeza y el cuello es muy sensible. Si el caballo colapsa, todo el peso del cuerpo descansa sobre esta área, lo que puede provocar lesiones", dice la experta en la investigación.

Los golpes y el uso de perros, además, podrían suponer una grave vulneración de las ya de por sí laxas normativas de bienestar animal que rigen en Europa y en Islandia, cuyo Gobierno ha decidido abrir una investigación esta misma semana tras difundirse algunas imágenes de la investigación. 

Los animalistas no sólo ponen el foco en el maltrato de las granjas de sangre, sino en la expansión de estas. Según la propia industria farmacéutica islandesa la producción de este sector se ha triplicado desde 2009, con unas ganancias medias por año de 10 millones de euros. Esta burbuja está provocando cambios en el tejido agropecuario del país, propiciando que muchos ganaderos empiecen a producir sangre para hormonas en lugar de seguir con las actividades convencionales.

Tanto es así que, según los datos de la investigación facilitada a Público por la ONG animalista, un ganadero convencional de caballos gana entre 80 y 100 euros por cada potro que vende a la industria cárnica, mientras que en las granjas de sangre se gana una media de 430 euros por yegua por temporada de extracción (diez semanas).

Pese a todo, la producción de hormonas equinas para potenciar el rendimiento ganadero no está prohibida en el país islandés y tampoco en la Unión Europea. Actualmente hay una resolución del Parlamento Europeo del pasado 20 de octubre en la que se reclama a la Comisión Europea que promulgue la prohibición de esta industria, además de la importación de PMSG de fuera del continente, concretamente de Argentina y Uruguay, los otros dos puntos del mapa donde se han extendido las granjas de sangre.

La Fundación Franz Weber, como parte de la coalición europea que demanda el fin de esta actividad, pide al Gobierno español medidas para prohibir que productos puedan ser elaborados o importados al país a partir de prácticas abiertamente crueles con los animales, tal y como se muestra en las imágenes grabadas en varias granjas islandesas.

La producción de hormonas ya estuvo en entredicho en 2015, cuando Animal Welfare Foundation publicó otra investigación sobre las granjas de sangre de Uruguay y Argentina. En ellas se apreciaban escenas aún más atroces que las reveladas en Islandia, como por ejemplo la extracción manual del feto del interior de las yeguas una vez que se detectaba que la sangre no contenía ya restos de la PMSG.

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