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Inmigración Concentración contra los CIEs: "Ningún ser humano es ilegal"

Organizaciones sociales y ciudadanos se han manifestado frente al Ministerio de Interior pidiendo el cierre de los centros de internamiento y rechazando la construcción de un CIE ‘deluxe’ en Algeciras

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Imagen de la concentración contra los CIEs en Madrid.

“Ni nuevos ni renovados, queremos los CIEs cerrados” ha coreado una multitud congregada frente al Ministerio de Interior para protestar contra la construcción de un nuevo Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) en Algeciras y pedir el cierre de los siete ya existentes en el territorio español.

El vídeo promocional del nuevo CIE, publicado este lunes por el ministro de Interior, ha sido percibido por las organizaciones sociales como “una campaña de lavado de imagen” de unas instituciones que consideran “espacios de vulneración de derechos por su mera existencia”, como expresaba el comunicado en el que la Campaña estatal por el cierre de los CIEs convocaba la movilización. Su portavoz, Betty Roca Hubbauer, ha criticado ante Público la intención del Gobierno de “vender lo que son CIEs con un poco más de lujo, cuando en realidad son prisiones racistas, donde meten a la gente simplemente por el hecho de no tener documentación en regla”.

La reclusión de más de quinientos migrantes en la cárcel de Archidona es una de las grandes preocupaciones de los convocantes, que denuncian que la ley prohíbe expresamente el encierro de los migrantes en centros penitenciarios. Al mismo tiempo, recalcan que el internamiento de los migrantes en CIEs es en sí una vulneración de la ley, puesto que supone una privación de la libertad de movimiento de personas que únicamente han cometido una falta administrativa, no tener los papeles reglamentarios.

“Cuando les explicamos dónde están lo primero que les decimos es: ‘siento mucho que tengas que sufrir esta situación, que la gente de mi país te esté tratando así’”, cuenta Betty Hubbauer, que visita habitualmente a personas migrantes en los centros con su organización. “La gente que pasa al mar no lo hacen por placer. Hay gente que pierde a su familia en el camino. Y llegan a un CIE y no pueden entender por qué los tratamos así”, explica. “El concepto de migrante ilegal lo ha creado una política de Extranjería represiva, porque nadie debería ser ilegal”, sentencia la portavoz de la Campaña estatal por el cierre de los CIEs.

“Ningún ser humano es ilegal”

Papa Wande, del Sindicato de Manteros y Lateros, no ha vivido en primera persona lo que supone ingresar en un CIE, pero conoce bien el sufrimiento a través de las historias de sus amigos. “Venimos aquí para mejorar la vida y nos meten en la cárcel”, protesta, con una mezcla de indignación y estupor. “Los extranjeros somos seres humanos como todo el mundo”, se ve obligado a resaltar. “Estamos aquí por sobrevivir, no estamos aquí por delito”, insiste.

“En España, los internos, o los presos, porque en realidad son presos, tienen la libertad totalmente privada”, condena Gema Jones, de AJAE. “Tienen que vestir una ropa característica que los identifica como presos”, añade.

Una máscara con un número en la frente es el símbolo con el que algunos de los asistentes reflejan la deshumanización que sienten. “Ninguna persona es sólo un número”, reclaman sin palabras mientras gritan: “Ningún ser humano es ilegal”.

Imagen de la concentración contra los CIEs en Madrid.

El “engranaje” del racismo institucional

Julissa y Ana María, de la plataforma 12-N Por una Sociedad sin Racismo, sitúan los CIEs como una pieza dentro de un amplio engranaje de racismo estructural que se vertebra a través de las leyes, de las instituciones y de las relaciones de poder internacionales. Para Julissa, este entramado “se traduce en una serie de dimensiones, políticas, jurídicas, que criminalizan a los migrantes y dividen a las personas en dos categorías: las que tienen derechos y las que no”.

Una rueda dentada que funciona desde las fronteras establecidas del estado-nación que, una vez cruzadas, dan paso a las menos visibles fronteras internas. El miedo a salir a la calle porque “tú no tienes papeles y sabes que por tu perfil étnico, por ser una persona racializada, hay muchas posibilidades de que te paren en una redada racista, que es ilegal, pero se sigue haciendo. Y así continúa el engranaje, ven que no tienes papeles y te llevan al centro de internamiento de extranjeros. Allí puedes estar hasta sesenta días y luego ya lo que toca es la deportación”, concluye Julissa.

Fuera de los propios estados, este mecanismo se reproduce en una dicotomía Norte-Sur nacida del sistema imperialista que es, en muchos casos, el motor del proceso migratorio. “No hay ninguna forma de entender el racismo institucional, el racismo social sin entender el pasado colonial de los países de la Unión Europea”, reconoce Ana María, que subraya que esta herencia no se puede subsanar sólo con cooperación internacional, sino que requiere la autonomía de los países del Sur global.

Mientras tanto, Europa blinda cada vez más sus fronteras, lo que empuja a las personas migrantes a rutas cada vez más peligrosas, expuestas a todo tipo de violencia. “Decimos ‘¿por qué vienen en pateras?’. Porque tú no estás permitiendo que puedan venir con garantías y los estás obligando a arriesgar sus vidas y estás haciendo que esas personas tengan que morir en el Mediterráneo, que es una fosa común al final”, denuncia Julissa.

Vulneraciones de derechos constantes

La muerte de Samba Martine en 2011 en el CIE de Aluche y la de Idrissa Diallo en 2012 en el de Zona Franca permanecen grabadas en la mente de los convocantes. También se habla de las privaciones del día a día, que las ONG que visitan a los internos escuchan repetidamente. “Si no es por falta de asistencia médica es por falta de comunicación, de información, que no hay traductores, falta de ocupación… Porque no tienen nada que hacer dentro, ni actividades sociales, ni libros”, cuenta Dana García, de SOS Racismo Madrid. “Vemos esa vulneración diariamente. Vulneración de todo tipo de derechos, civiles, políticos, sociales, culturales, porque también se producen vulneraciones, por ejemplo, respecto a la comida halal o durante el Ramadán”, explica.

Todo esto, señala, enmarcado en un clima de impunidad y donde las personas más vulnerables (menores, víctimas de trata, gente solicitante de asilo con violencias muy graves a sus espaldas desde sus países de origen, mujeres embarazadas) muchas veces no reciben el trato que necesitan. En los casos de agresiones, además de tener que aunar y contrastar las pruebas, Dana García apunta que muchas veces se encuentran con una dificultad añadida: “Cuando hay una persona que después de haberte contado lo que ha pasado quiere denunciar, muchas veces se la deporta y, como ya no está, se archiva la denuncia”. “Entonces, todo queda en la impunidad”, reitera.

Para Dana, “es muy poca gente la que está concienciada, porque la sociedad general tiene en la mente la criminalización de las personas, que te van a quitar el trabajo…” Esta visión comienza con determinados medios de comunicación y personajes públicos, que hablan de una invasión masiva de inmigrantes, haciendo, por ejemplo, que parezca “que todo el mundo viene por en patera, cuando realmente no llegan ni al uno por ciento”. “La mayoría llegan por Barajas”, explica. “Somos poca gente, si fuésemos más cambiarían muchas cosas”, lamenta.