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Internet La pobreza cronifica la brecha digital

La carestía de las conexiones y los equipos excluye de la red a más de 800.000 familias urbanas, mientras la falta de formación y las bajas rentas aparecen como los principales obstáculos en las áreas rurales

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La sexta parte de los hogares españoles carecen de conexión a internet por los precios de la conexión, entre otras cosas.

La brecha digital se cronifica, y lo hace, principalmente, por motivos económicos y funcionales. Los datos de la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares del INE (Instituto Nacional de Estadística) apuntan a dos grupos principales de exclusión: las familias afectadas por situaciones de pobreza en las ciudades y la población de edad avanzada de zonas rurales, que con relativa frecuencia se ve obligada a subsistir con bajas pensiones.

Uno de cada seis hogares españoles (2,69 millones) carece de conexión a internet tanto por cable como por telefonía móvil, una situación que tiene como causas principales, y en ocasiones combinadas, la falta de conocimientos para acceder a la red en el 43% de los casos (1,17 millones de casas) y, en casi un tercio, la carestía del servicio (804.671, 29,9%) o de los equipos (820.818, 30,5%).

La ampliación del acceso a internet ha ido en aumento en la última década, en la que el número de viviendas sin conexión en España ha pasado de los 7,58 millones de 2008 a los 2,69 de 2017. La extensión, por un lado, de la banda ancha y las redes de cable (menos de 120.000 hogares asegura no acceder por su carencia) y de la telefonía móvil por otro (el 96% de las personas de 16 a 74 años la ha utilizado en los últimos tres meses) ha ido reduciendo la mayoría de las resistencias a la conexión, como el rechazo a los contenidos que circulan por la red o los temores por la eventual falta de seguridad, mientras, de manera simultánea, iba aumentando el peso de tres de las causas para no conectarse.

Bolsas de exclusión

Un 67% de los hogares que carece de conexión (casi dos millones) no la tiene por no verlo útil sus miembros. El mayor peso de este motivo entre las familias de rentas bajas, pequeños municipios y pocos (uno o dos) miembros apunta al tramo más envejecido de la población, en el que las novedades tecnológicas encuentran mayores dificultades para penetrar.

Otro 43,7% (1,17 millones de unidades de convivencia) asegura carecer de conocimientos para utilizarlo, un argumento cuyo peso también crece cuanto menos miembros y renta tiene el hogar y cuanto menor tamaño tiene la localidad de residencia, lo que apunta a un perfil similar al anterior, más rural que urbano en ambos casos.

La carestía del servicio y de los equipos aparece como el tercer motivo para no tener conexión. Aunque en este caso cambia el patrón: crece conforme aumenta el número de miembros del hogar, lo que apunta a hogares con miembros de más de una generación, se incrementa según lo hace el padrón del municipio de residencia y también se eleva según baja la renta, indicadores que apuntan a bolsas de pobreza de carácter urbano, por la imposibilidad de afrontar los gastos del enganche a la red y/o de los equipos informáticos para acceder a ella.

Varios aparatos de Apple.

Ciberactivismo y participación

Pese a la existencia de esos focos de exclusión digital, la penetración de las nuevas tecnologías alcanza a amplias capas de la población, hasta el punto de que el 69% de los ciudadanos de 16 a 74 años (29,32 millones) utiliza internet a diario y un 80% lo hace con frecuencia semanal.

En los tres últimos meses, más de la mitad (52,3%) ha realizado trámites con la Administración a través de la red (aunque sólo dos de cada tres entrega a través de ella los formularios cumplimentados) y un 40% ha efectuado compras en internet, tasa que se eleva al 49,9% en el último año.

La encuesta también da idea del alto grado de participación política de los ciberactivistas: los 5,5 millones de internautas (el 18,9% del total, la cuarta parte de los 22,5 que leen prensa digital) que reconocen haber emitido opiniones políticas en la red en los últimos tres meses no andan lejos de los 3,87 millones que en ese mismo periodo de tiempo participaron en consultas online o votaciones sobre asuntos cívicos y políticos.

Economía colaborativa

La encuesta, que por primera vez explora las tendencias relacionadas con la economía colaborativa, revela que más de seis millones de personas (el 21,4% de los usuarios españoles de internet) utilizó en el último año la red para acordar alojamientos, mientras casi dos millones y medio (8,9%) usó servicios de transporte.

El estudio, que no discrimina qué tipos de plataforma utilizan los internautas, sí apunta, no obstante, algunas tendencias llamativas en este apartado.  Por una parte, el porcentaje de usuarios de este tipo de plataformas es mayor conforme aumentan los niveles de renta en ambos tipos de servicios: por debajo del 20% cuando los ingresos del hogar no llegan a 1.600 euros mensuales, y por encima del 30% cuando pasan de 2.500, en el caso del alojamiento, y menos del 9% y más del 11%, respectivamente, en el transporte.

Y, por otra, sólo en los tramos de renta más bajos, entre las familias cuyos ingresos no llegan a 900 euros mensuales, el uso de webs y aplicaciones no especializadas en la materia, y también el de las redes sociales, es superior al de las oficiales, con horquillas mayores, de más de una tercera parte, conforme aumenta el nivel económico.

Más de diez millones de usuarios de videollamada

En cuanto a las conexiones, la más extendida para acceder a la banda ancha es el móvil (76,1%), a mucha distancia de la fibra óptica (49,3%) y el ADSL (41,7%).

El 99,5% de los hogares dispone de al menos un teléfono, aunque con un peso cada vez menor del fijo: está en el 77,6% de los hogares, una tasa veinte puntos inferior a la del móvil (97,4%) y que ya se ha visto superada por la presencia de ordenadores, presentes en el 78,4%. De hecho, ya son más de diez millones de personas (el 35,3% de los internautas) los usuarios habituales de videollamadas y del uso telefónico de internet.