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El regreso de los niños refugiados en Rusia

El nuevo libro del periodista y profesor Rafael Moreno Izquierdo ‘Los niños de Rusia’ (Crítica) desvela la compleja trama para el regreso de los refugiados españoles a finales de los años 50 tras dos décadas de exilio en la URSS. La policía franquista articularía fuertes dispositivos de vigilancia a estos niños de la guerra utilizados como fuentes de información para la CIA en plena Guerra Fría.

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Fotografía de "niños de la guerra" españoles que partieron hacia Rusia

Corría el año 1956. Pocos recordaban en la España franquista al ingente grupo de españoles que partió veinte años atrás a la Unión Soviética sin billete de vuelta. Casi siete mil españoles entre niños republicanos y adultos. Aquellos niños de la guerra querían regresar a su tierra iniciando un anhelado retorno poco reconocido en la historiografía. Rafael Moreno Izquierdo, autor del libro ‘Los niños de Rusia. La verdadera historia de la operación retorno’ (editorial Crítica), apunta a Público que “fueron seis las expediciones que entre 1956 y 1957 trajeron de vuelta a miles de niños que a su regreso a España tenían edades comprendidas entre los 23 y los 35 años”.

El fuerte espíritu anticomunista de Franco no fue un impedimento para que los grupos de españoles en Rusia regresaran a España bien entrada la dictadura. El gobierno franquista no solo se encargaría de rescatar a los niños de la guerra, también a partir de 1940, se centró en intentar lograr la liberación de españoles prisioneros en la URSS como desertores de la División Azul. Las primeras peticiones las ejecutan los propios niños de entonces ante la Dirección General de Seguridad. El primer caso, tal y como apunta Moreno es el del guipuzcoano José Asencio Orueta al entonces ministro de Defensa Nikólai Bulganin. Moreno recalca “la fuerte presión que ejercieron los jóvenes españoles que vivían en la URSS desafiando al gobierno soviético”.

El regreso de los niños españoles tras la muerte de Stalin

Las negociaciones comenzaron a raíz de la muerte de Stalin. “Ya con el gobierno de Kruschev, la URSS tenía que dejar de lado esa imagen de país represivo y comenzar a otorgar ciertas facilidades”, aclara el investigador. El Kremlim no tardó en dar una respuesta a las peticiones. Los representantes de los exiliados españoles se ponen en contacto con el embajador español en París, José Rojas y Moreno. “Madrid permitiría casi de forma inmediata la entada de los niños de Rusia en España”.

Itinerarios de expediciones de regreso de ´los niños de Rusia'

Las operaciones de retorno de la URSS se dilataron hasta el 18 de junio de 1960. En los barcos llegaban “un importante número de técnicos de diversos sectores, peritos, ingenieros y un abundante número de titulados universitarios”. La mayoría traían enseres para toda la familia que no habían visto en toda su vida. Aquellos niños partieron bajo el permiso del gobierno republicano, muchos de ellos con poco más de tres años. La medida de la exención de impuestos a los repatriados por parte de Franco llevó a muchos refugiados soviéticos a traer objetos para su posterior reventa en España. “El más común sería la cámara fotográfica marca Leica”, afirma Moreno.

Al finalizar la quinta expedición Rafael Moreno destaca que “el gobierno franquista comenzó a denotar cierto cansancio, inclinándose a poner final de alguna manera a la operación. El gobierno soviético procuraba dar toda clase de facilidades para la repatriación de españoles”. La contraprestación obtendría favores en un posible escenario diplomático y de intercambios comerciales con España. A partir de aquel año, las repatriaciones serían examinadas de forma individualizada.

La historia de Cecilio Aguirre Iturbe a bordo del Crimea

“Todo el mundo estaba en cubierta mirando hacia el horizonte buscando ver tierra española”

“Durante la noche y durante el día hace mucho calor. Nos dicen que llegaremos a Valencia entre las 3 y las 4 de la tarde. Todo el mundo estaba en cubierta mirando hacia el horizonte buscando ver tierra española”. Cecilio Aguirre Iturbe tenía 27 años cuando regresó a España a bordo del buque Crimea junto a su mujer Paqui y sus dos hijos. En su cuaderno de viaje, narrado por el propio autor “habla de la ausencia que tenía de su país sin hacer lecturas políticas”. A su llegada, Cecilio nunca olvidará la fecha en la que partió con sus hermanos en plena guerra civil desde el puerto de Santurce (Bilbao). El régimen de Franco buscaba una operación discreta. Había dado instrucciones precisas a los medios para que la noticia se contara con mucha cautela. La Vanguardia fue uno de los pocos periódicos que redactaría en sus páginas la larga lista de pasajeros del Crimea.

“Satisfechos, descontentos y peligrosos sospechosos”

A Cecilio le ponen un micrófono como pasajero a su llegada. Narraría a los medios “Tenía muchas ganas de volver ¡Viva el pueblo español y Viva España!”. Detrás de Cecilio, bajarían 538 pasajeros más. La llegada de cientos de repatriados trajo el inicio de los interrogatorios masivos y la elaboración de fichas personales de cada uno con fotografías y huellas. Muchos de ellos se negaron a aportar grandes cantidades de información a la policía española “por las represalias que podía tener para los españoles aún no repatriados”. La Dirección de Investigación Social clasificaba a los retornados en función de su condición de adaptación a las costumbres y modo de vida en España. Las categoría eran “satisfechos, descontentos y peligrosos sospechosos”, donde se englobaban aquellos que podían estar involucrados en misiones especiales del Partido Comunista o el régimen soviético en España.

Cecilio Aguirre./Editorial Crítica

El caso de Domingo Ferreiro Rueda demuestra la necesidad del régimen de Franco de tener a todos los repatriados en condición de “sospechosos permanentes”. Este vasco decidió regresar a España donde pasaría muchas dificultades para iniciar una nueva vida y montar su propia ebanistería. En 1962 sería detenido por la policía española al no haberse presentado en un interrogatorio reglamentario. “Me trasladaron a Bilbao y de nuevo se produjeron los interrogatorios y los malos tratos” Ya había sido interrogado un tiempo atrás para serie de preguntas sus veinte años de vida en la URSS. “Mis respuestas siempre fueron favorables a aquel gran país e insistía que había sido muy feliz y estaba orgulloso de haber vivido allí”. En esta segunda detención el proceso fue mucho más difícil. “A todos nos acusaron de propaganda y asociación ilegales; en una palabra, de ser comunistas y demostrarlo por hablar bien de la Unión Soviética. De aquella Comisaría nos llevaron a la cárcel de Rinaga , en el mismo Bilbao, y allí nos tuvieron nueve meses, hasta que nos pusieron en libertad”.

Los servicios policiales españoles montaron operaciones de vigilancia durante una década “Los informes eran mensuales y los datos estuvieron disponibles en la Dirección General de Seguridad”, añade Rafael Moreno. En los papeles tenían que detectar cualquier “cambio de residencia, contactos, amistades, relaciones sociales, conducta política y desempeño en el trabajo”.

Casi 400 españoles regresaron por añoranza e inadaptación a la URSS

La presión, al añoranza o la falta de adaptación llevaron a a muchos de estos jóvenes, ya treintañeros, a volver Rusia. “De acuerdo a las estadísticas oficiales el numero de repatriados que había solicitado su salida ascendía a 388, contando varones, mujeres y niños”. Las autoridades soviéticas aprovecharían este regreso para alertar a los posibles españoles en su plan de regreso. Este fue uno de los casos como el una joven anestesista Leonor que declinó finalmente su viaje tras la carta de una amiga. “Cuando me enteré que había expediciones de regreso a España, hice todos los trámites necesarios para marcharme”. Leonor trabajaba como médico en la capital rusa. La carta de su amiga la hizo cambiar de idea. “Unos cuatro días antes de partir hacia España recibí una carta de una amiga que llevaba instalada en su tierra ocho meses y en la que contaba que todavía no tenía trabajo pues no había manera de colocarse de médico”. Leonor decidió reclinar su propuesta. No tenía ya familiares en España que le brindaran un primer apoyo . “Al final decidí no volver. Y me quedé definitivamente en Moscú”.

Billete del buque Crimea./Editorial Crítica

“El proyecto niños” y la CIA

Uno de los capítulos fundamentales en el libro de Rafael Moreno es que el que dedica a la intervención de los servicios de espionaje americanos en los informes de los repatriados rusos. La fuerte vigilancia a la que estaban sometido los miles de niños que regresaron a España creó un caldo de cultivo ideal para que el gobierno americano obtuviera el máximo nivel de información posible sobre la URSS a través de estos niños españoles. La operación “Proyecto Niños” duró casi cuatro años entrevistando casi a un total de 1.800 repatriados. Moreno apunta que a día de hoy y oficialmente “la operación sigue sin estar reconocida ni por la propia CIA ni el Ministerio de Defensa español”. El autor de ‘Los niños de Rusia’ argumenta que la elaboración de más de 2.000 informes supuso una de “las operaciones de inteligencia más importantes de la historia e influyó de forma significativa en la opinión creada por las élites americanas sobre la vida en el país rival de la URSS”.