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'Manifiesto animalista' "La relación entre humanos y animales no entiende de clases, ingresos ni estudios"

Corine Pelluchon, autora de 'Manifiesto animalista' habla de su propuesta de otorgar a los animales la condición de sujetos políticos, y advierte de que "si continuamos comiendo carne como lo hacemos ahora, necesitaremos el agua de ocho planetas más"

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La filósofa Corinne Pelluchon. EFE

Corine Pelluchon (Barbezieux-Saint-Hilaire, Francia, 1967) es profesora y doctora en Filosofía Práctica en la Universidad de Paris-Est Marne-la-Vallée. Especialista en filosofía política y moral, ética aplicada y bioética, acaba de publicar en España Manifiesto animalista (Reservoir Books), un libro de apenas 125 páginas donde expone la importancia de otorgar a los animales la condición de sujetos políticos.

Más allá de proponer una ética animalista y repetir los mantras de los activistas anti especistas, Pelluchon apuesta por una transición filosófica hacia la "era de los seres vivientes". No se trata de una revolución ni de un cambio de paradigma, sino del inicio de una nueva era en la que el trinomio humanos-animales-naturaleza se relacione de manera equitativa y respetuosa.

Para ello, hay que mirarse hacia adentro y ver cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Ir más allá del reciclaje y el uso del transporte público, incluso más allá de convertirse al veganismo. Comprender los lazos entre libertad y responsabilidad, adquirir las obligaciones políticas que nos tocan por nuestra condición de seres humanos y preguntarnos: ¿qué puedo hacer yo por los demás?

No exento de polémica, Manifiesto animalista, no pretende aleccionar moralmente a nadie, ni siquiera pretende convertirnos en animalistas, sino poner al lector, ciudadano, al fin y al cabo, en la meta de salida de un proceso de auto conversión e introspección. No quiere Pelluchon discriminar a nadie ni que nadie salga a la calle a poner el sistema patas arriba. ¿El capitalismo es fuente de desigualdades, sobreexplotación y discriminación? Eso ya lo sabíamos. ¿Podemos derribarlo? No es esa la intención de la filósofa francesa, quien apuesta por un cambio profundo, duradero e irreversible. Un cambio a varios niveles y que venga desde diferentes ámbitos: una nueva era, la de los seres vivientes, que deje atrás el antropocentrismo y que ponga el acento en nuestra manera de habitar la tierra.

En 'Manifiesto Animalista', su último libro, usted habla de un cambio que pasa por la concienciación de la relación entre la naturaleza y los humanos y la aceptación de que no debemos habitar la tierra sino cohabitarla con otras especies. ¿Cómo es posible cambiar esa percepción del mundo?

En primer lugar, debe haber una implicación política y que se permita a los agricultores y ganadores reconvertirse hacia otro tipo de negocio y de economía. Para ello es posible que haga falta que se revalorice el trabajo de los agricultores. De todas maneras, lo que realmente hace falta es un cambio a nivel político y que se tome consciencia de la importancia de integrar una cultura de la ecología en la sociedad. Esto no se puede hacer de la noche de la mañana, es una transición que tomará su tiempo. Propongo un proyecto político global ambicioso que cambie el sistema económico y el modelo que tenemos ahora, una economía al servicio de la vida y no una vida al servicio de la economía. Esto no pasa sólo por una lucha contra el capitalismo. De hecho, el uso de la palabra "capitalismo" no me gusta, ya que habitualmente se asocia la lucha contra el capitalismo con los movimientos de izquierdas, y la causa animal debería transcender del dualismo político de izquierdas o derechas. Hay que pensar que la cuestión ecológica y animal son universales. No obstante, en este momento es el capitalismo el que ha diseñado un sistema de explotación de la tierra, los animales y los humanos que no tiene en cuenta el agotamiento de los recursos, la sobreproducción y otras cuestiones.

La filósofa Corinne Pelluchon. EFE

Hay que hacer que la causa animal se desprenda del terreno ideológico. Es evidente que históricamente ha ido ligada a los movimientos progresistas, pero hay que ir un paso más allá. En segundo lugar, quiero que la causa animal salga de su clúster: la causa animal no sólo debería interesar a los progresistas o a los animalistas. Estamos ante un capítulo de aberración, un modelo de desarrollo violento que se ceba con los más débiles. Incluso para los humanos, que están protegidos por el derecho, resulta violento, así que imaginemos para los animales. Lo que está sucediendo es una aberración. Yo no quiero ni hablo de revolución, hablo de una toma de consciencia global, no quiero terminar con el sistema, sino que se tome consciencia y se inicie una transición hacia un modelo sostenible. Propongo un movimiento profundo y universal que deja a un lado las ideologías. Esto no es una guerra de unos contra otros.

El libro termina parafraseando una frase de Marx: "Animalistas de todos los países, de todos los partidos y de todas las confesiones, unámonos"

Sí, he introducido la primera persona del plural, esto es esencial en mi discurso, porque quiero que tenga un carácter global e inclusivo. También me gustaría que toda esta gente que aún no está convencida, poco a poco vaya tomando consciencia del problema que presenta nuestra actual relación con los animales. Hay que trabajar por el mañana, pero para eso hay que empezar hoy mismo, y hay que hacerlo desde todos los ámbitos. Volviendo un segundo al tema del capitalismo, lo que hay que cambiar es el economismo: el sistema económico actual que no se interesa ni por los derechos humanos, ni por la democracia ni por la ecología...

En un capítulo escribe acerca de los consumidores: "Este cambio de modelo tiene un coste económico importante, sobre todo si la mayoría de los consumidores no está dispuesta a pagar los productos de origen animal a un precio que les permita a los criadores ganarse la vida". Y añade: "… el hábito adquirido por los consumidores de comer carne y pescado y gastarse menos dinero". Estará de acuerdo en que los productos ecológicos son más caros que los industriales y que no todo el mundo puede permitirse pagarlos, ¿no? Quizás no sea una falta de voluntad, sino de poder adquisitivo...

Es por este motivo que en mi manifiesto propongo que los estados den compensaciones a los agricultores y ganaderos que apuesten por un sistema de explotación intensivo. De momento, en nuestros países, la gente no está dispuesta a pagar más por la carne ecológica, por ejemplo, pero con las leyes adecuadas sí estaría dispuesta a comer menos carne, pero de mayor calidad. La idea de que los veganos somos gente rica es falsa: es posible que a mí me cueste menos dinero hacer la compra que a alguien que come carne y pescado. Las legumbres y las verduras son más baratas que la carne. Es más, algunos jóvenes de hoy en día se gastan fortunas en móviles y en hobbies caros: prefieren gastar su dinero en otras cosas, no en comida de calidad. Hay maneras de promover el cambio, por ejemplo, pasándose a la cesta ecológica. Se trata de saber y de organizarse. El argumento de la gente que dice que no tiene dinero para comprar productos ecológicos es una coartada que ellos usan, pero que no se corresponde con la realidad. Comer sano es un tema de organización, imaginación y de valentía.

La idea de que los veganos somos gente rica es falsa: es posible que a mí me cueste menos dinero hacer la compra que a alguien que come carne y pescado

¿Qué papel tiene la educación o qué papel debería tener en todo este cambio que propone?

La educación es importante y es un motor importante del cambio, pero no se podrá hacer nada si los padres y los profesores no están sensibilizados con el tema. Por ejemplo, se trata de que las nuevas generaciones cojan el gusto a comer sin carne en la mesa, pero para ello, los padres y madres y las escuelas tienen que ser sensibles al tema. Para promover el cambio hay que trabajar desde distintas dimensiones: la individual, la colectiva, la política… De hecho, sin la voluntad política no se va a ningún sitio, ya que para cambiar las cosas hace falta una legislación fuerte. Tenemos que considerar todos los aspectos paso a paso y promover cambios que permitan a los distintos sectores económicos transformar su producción para promover la protección animal. Después, podremos hablar del papel de la educación. No se trata de obligar a nadie a nada, sino despertar el interés de la gente y los niños. Y para eso, los educadores tienen que estar muy convencidos.

Detrás de este manifiesto, hay todo un movimiento filosófico, entiendo

Sí, intento ir más allá, como cuando se empezaron a establecer los derechos humanos en los siglos XVI y XVII. Los pioneros abrieron un camino y eso es lo que estoy intentando hacer yo con la causa animal: crear un movimiento social y filosófico que provoque un cambio, pero no radical: quiero que se inicie una transición hacia un mundo más justo con los humanos y con los animales y que se tengan en cuenta las cuestiones democráticas, ambientales, de derechos humanos y animales… Una nueva era con nuevas relaciones entre los seres vivos y la tierra que habitamos. Yo a esta nueva era la llamo "la era de lo viviente".

Entonces no es un cambio de paradigma, como propone la ecofeminista y activista Vandana Shiva…

Para nada. No me interesa un movimiento que ponga patas arriba el sistema de la noche al día. Y, de hecho, hay que ir con cuidado en esto: una revolución en este ámbito no garantizaría el bienestar animal, ya que lo que necesitamos es un cambio profundo, duradero e irreversible. Es mi objetivo político, además de la reducción de las desigualdades. La expresión "cambio de paradigma" se usa con demasiada ligereza a veces: parece que se pueda cambiar de paradigma y que al día siguiente todo un sistema esté al servicio de esa nueva realidad; pero las cosas no funcionan así. A mí lo que me interesa, más que revolucionar nada, es comenzar la andadura.

El animalismo no sólo interesa a los veganos, sino que se trata de una cuestión universal que ya ha entrado en la esfera pública

¿Cómo hacer llegar este mensaje a los barrios, a la gente de a pie? Hacerlo salir de la academia o el activismo…

Este debate, en el mundo de la academia, no existe: no hay una corriente que esté trabajando sobre esto, solo yo. Los estudiantes sí están interesados, pero no los profesores. La universidad, en este sentido, va con retraso y a nivel filosófico no se está creando nada nuevo, al menos en Francia. En segundo lugar, hablemos de la publicación de libros respecto al tema. Manifiesto animalista es un libro mucho más sencillo y corto que mis trabajos anteriores y lo es porque tiene la finalidad de llegar a todo el mundo. Tiene una voluntad política, por eso está escrito en forma de manifiesto, para que la gente lo use como herramienta. Manifiesto animalista es un libro de acción, un libro con un programa y con pistas: no, el animalismo no sólo interesa a los veganos, sino que se trata de una cuestión universal que ya ha entrado en la esfera pública. Yo quería estructurarlo y es precisamente lo que he hecho: darle un estilo y presentarlo para todos los públicos, sin caer en mensajes extremistas o revolucionarios. Quiero que la gente que no conoce o no esté convencida acerca de la importancia de la cuestión animal se interese por el tema y se dé cuenta de que no se puede vivir al margen de lo que está pasando. También es un texto para los medios de comunicación, por eso he incluido un glosario al final: para que se hable con propiedad y se den a conocer ciertos conceptos. De hecho, son los medios los encargados de pasar el testigo y de dar a conocer el mensaje a través de la divulgación.

Hablabas del tema de los barrios…Me parece un tema clave. En los barrios franceses, en la periferia, vive gente que todo el mundo ha olvidado, a veces son los últimos en implicarse en movimientos sociales y sí es cierto que, por lo que a la cuestión animal respecta, interesa más a los jóvenes politizados. Sin embargo, la cuestión animal es tan transversal que debería tocar a todo el mundo independientemente de la ideología, de la clase o del barrio en el que se viva. ¡Se trata de las relaciones entre seres vivos! Las relaciones entre los humanos y los animales no entienden de ingresos, clases sociales, niveles de estudios… Peter Singer decía que no hacía falta amar a los animales para defenderlos, que era una cuestión de argumentos. Yo sí creo que hay que amarlos, porque, además, a través de ellos, podemos mejorar nuestra relación con nosotros mismos. ¿No crees que los medios tienen responsabilidad en todo esto? Yo sí lo creo.

También es una responsabilidad política

Sí, y desgraciadamente no hay ningún movimiento político que esté liderando este pensamiento. Es una pena. Y cuando lo lideran lo hacen mal: hablan de poner un día de comida vegetariana en la escuela y no se les ocurre otra cosa que imponerlo. ¿Por qué no proponer en lugar de imponer? Hablemos de reinventar la cocina con productos locales, de sacar provecho de la rica dieta mediterránea… Cada uno en su cultura puede reinventarse como vegetariano o vegano a la manera que mejor le plazca. Responsabilidad política es montar talleres de cocina vegana, no sólo enseñar videos que se olvidan a los cinco minutos. Hay un tema que me llama la atención y es el silencio abrumador de las religiones respecto a la cuestión animal. Cristianismo, judaísmo, islam… Tienen textos sagrados que hablan de los seres vivientes, pero sus representantes nunca dicen nada.

Tengo la sensación de que se puede tratar el tema desde muchas dimensiones distintas, pero que en realidad pocos hacen algo

Hablan de poner un día de comida vegetariana en la escuela y no se les ocurre otra cosa que imponerlo. ¿Por qué no proponer en lugar de imponer?

Debería ser un tema que impregnase todos los aspectos de nuestra vida. Ojalá se trasladase a todos los ámbitos: cultural, educativo, social, filosófico, político… Sólo así conseguiría el movimiento animalista llegar al pueblo. Desafortunadamente no ocurre así. En el ámbito filosófico me siento muy sola, en la política se van haciendo cosas y en lo social también existen bastantes asociaciones que luchan por defender la causa animal. ¿Los artistas? Algunos escritores lo único que saben hacer es mirarse el ombligo. Sí es cierto que hay algunas novelas que tocan la causa animal, pero pocas.

Retomemos un segundo la importancia de la implicación política en la causa animalista. ¿No cree que los partidos políticos están atados de pies y manos por las grandes corporaciones? La industria cárnica, la de la moda o la de los cosméticos mueven mucho dinero. Hay demasiados intereses, y luego están los lobbies

La filósofa Corinne Pelluchon. EFE

Tienes razón y no la tienes. Si las situaciones de injusticia no cambian es porque existen los lobbies, como pasa con el sector nuclear. Pero también te equivocas y esto que planteo es nuevo: este círculo entre el coste mundial de la carne, el calentamiento global, las hambrunas, la malnutrición, el precio de los cereales, los problemas de salud vinculados al uso masivo de antibióticos y pesticidas, las condiciones de trabajo de los ganaderos…La ecología, la causa animal, la salud de la gente y las condiciones de trabajo son las cuatro dimensiones que nos demuestran que nuestro modelo de organización economista, que sólo sirve a los lo lobbies, es completamente aberrante y tendrá unas consecuencias tremendas: si continuamos comiendo carne como lo hacemos ahora, necesitaremos el agua de ocho planetas más, los cánceres asociados al trabajo con pieles, la contaminación de las aguas, el uso de pesticidas que provoca malformaciones e infertilidades… Esto es una desgracia, pero será lo que impulse el cambio hacia una transición ecológica y solidaria. Ese es el verdadero y necesario proyecto político. Habrá cambios, seguro.

Sin embargo, habla en su libro de la "era de la desolación" …

La desolación es lo que tenemos ahora, pero vamos hacia la era de los seres vivientes. Yo a mi nivel, y dentro de lo que puedo hacer, pongo todas mis energías para que la era de los seres vivientes gane, para que la rehumanización del mundo sea posible. Se trata de algo grande: reafirmar la dignidad de Occidente. Un Occidente que antes se caracterizaba por la racionalidad, por los derechos humanos… a pesar de todos sus defectos, conocidos ya por todos. Es una oportunidad de oro para recuperar los valores perdidos, para hacer un nuevo progreso y para emanciparse, para perder la condición robótica que nos ha caracterizado durante las últimas décadas. La causa animal, entonces, no se trata de un tema aislado, sino que se inscribe dentro de una reconfiguración política del mundo: un nuevo modelo humanista. No sé si ganará, pero vale la pena creer en ello.

Cuando libertad y responsabilidad se unen se le llama identidad moral: saber quién eres, saber a qué le otorgas importancia y saber qué quieres transmitir. Es tu firma en la tierra

'Manifiesto animalista' está relacionado con su teoría de la corporeidad y del concepto de la materialidad de nuestra existencia, expuesto en sus anteriores obras filosóficas

Manifiesto animalista recoge un breve resumen de mi trabajo anterior: Elementos para una ética de la vulnerabilidad: los hombres, los animales y la naturaleza, y Les norritures: philosophie du corps politique. Estas dos obras recogen la idea de que no solo somos un cerebro, sino que retoman la idea de la corporeidad humana: antes de pensar comemos, y es comiendo cómo nos relacionamos con los demás y con lo que nos rodea. Hay una materialidad en nuestra existencia, que está vinculada a la ecología. Yo la llamo la filosofía de la existencia y pasa por la concepción de un nuevo contrato social que no se limite sólo a asegurar el bienestar de los humanos o la disminución de las igualdades. Este nuevo contrato social tiene que tener en cuenta la protección de la naturaleza y la mejora de las condiciones de los animales, que deben ser considerados sujetos políticos. Se trata de un nuevo planteamiento del concepto "sujeto".

¿Una nueva filosofía del yo?

Exactamente. En Manifiesto animal escribo sobre una de las vertientes de esta nueva filosofía del yo: la cuestión animal, pero la base de mi pensamiento filosófico se encuentra en Les norritures. Es una nueva aproximación filosófica. La semana pasada publiqué un nuevo libro en Francia, Ética de la consideración, donde continúo escarbando acerca de esta nueva era del yo.

¿Habla usted de superar el paradigma antropocéntrico o de darle otra dimensión?

De superarlo. Pero el quid de la cuestión no está en el antropocentrismo. A partir del momento en que dejas de pensar en ti mismo como un cerebro, como un individuo atomista, y percibes la existencia del otro, cambias la percepción que tienes sobre ti mismo. Mi ética no pretende aleccionar a nadie: sólo pretende mostrar la importancia de la transformación de uno mismo, ir más allá de nuestros propios centros de interés. Sin embargo, me gustaría ir más allá de la mera reflexión intelectual: hay toda una manera de sentir el mundo y de sentirse en el mundo. Tomar consciencia de la cuestión animal no es fácil, hay que sufrir para poder llegar a cambiar la manera de ser. Hay tener cuidado, no obstante: es importante cambiar, pero también lo es respetar a los demás y tener compasión por ellos. Yo tengo 50 años y hasta los 35 comía carne. Todos hemos nacido en este mundo de violencia contra los animales, por eso hablo de emanciparnos. Eso sí, sin acusar al otro: no podemos fomentar la tiranía del bien y el discurso autoritario. Eso sólo genera más violencia.

Durante los últimos años, en entrevistas y en artículos, ha hecho énfasis en la idea de la libertad vinculada a la responsabilidad. ¿De qué manera se relacionan estos dos conceptos? ¿Cómo se define la libertad con relación a la responsabilidad? Sartre decía que la libertad de uno empieza donde se termina la de los demás…

Buena pregunta. Precisamente, después de Sartre, la idea era que sí, que la libertad de uno tenía que respetar la del otro, pero que entonces, cada uno con su libertad… podía hacer lo que quisiera. La responsabilidad es un término fuerte, pero no tiene nada que ver con el concepto de obligación. La responsabilidad es: a mi me importa y me implica la vida de los demás y, por lo tanto, respondo de manera individual a eso. Mi identidad queda transformada por esa toma de consciencia y por la implicación en el otro. Esa manera de sentirse implicado en la vida de los demás supone un enriquecimiento y resulta placentero. Al final, es una manera de vivir en la tierra. Siempre digo que vivir siempre va acompañado de vivir de, vivir con, vivir y vivir por. Cuando libertad y responsabilidad se unen se le llama identidad moral: saber quién eres, saber a qué le otorgas importancia y saber qué quieres transmitir. Es tu firma en la tierra.