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Vertedero de Valdemingómez Los últimos meses de Valdemingómez, los hornos que queman la basura de Madrid

Un renovado movimiento vecinal está presionando para que el cierre de la incineradora de basura del sureste de Madrid se convierta en realidad tres décadas después.

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Imagen del vertedero de Valdemingómez, en Madrid. / Archivo EFE

A principios de los 90, antes de que la entonces concejala de Medio Ambiente de Madrid Esperanza Aguirre inaugurara la nueva planta incineradora, Valdemingómez era un vergel para miles de aves. El inmenso vertedero que se extendía en este rincón olvidado en el sureste de Madrid daba alimento a gaviotas reidoras, estorninos y gorriones. No fueron las aves, sin embargo, las que presentaron mayor oposición a la nueva instalación, sino los vecinos de las zonas pobladas más cercanas por aquel entonces, Rivas y Villa de Vallecas.

Las protestas vecinales no lograron evitar lo que se acabó convirtiendo en una realidad: en Valdemingómez se iba a quemar toda la creciente e inabarcable cantidad de basura que producía Madrid. Aunque se siguieron registrando quejas aisladas por los malos olores y por enfermedades atribuidas a los humos de la planta, la incineradora funcionó durante casi tres décadas sin mayor obstáculo, llegando a quemar con sus tres hornos 300 mil toneladas anuales de residuos en la actualidad.

Un estudio publicado en 2012 y elaborado por el Instituto de Salud de la Universidad Carlos III concluyó lo que mucho vecinos venían denunciando: “Hay estadísticamente más riesgo, tanto para hombres como para mujeres, de muerte por cánceres (estómago, pulmón, pleura, riñón y ovario) en ciudades situadas cerca de incineradoras y plantas de tratamiento de residuos peligrosos”. Este estudio, junto a la proximidad del fin de la concesión municipal de la planta a la empresa Urbaser, han servido como catalizadores de un renovado movimiento vecinal que está presionando para que el cierre de la incineradora de Valdemingómez se convierta en realidad tres décadas después.

Hacia un calendario de cierre

A comienzos de este siglo, el crecimiento desenfrenado de la ciudad dio con sus nuevos barrios en las cercanías de la incineradora. Los vecinos recién llegados al Ensanche de Vallecas comenzaron a organizarse en una nueva asociación vecinal que unió sus fuerzas a los movimientos sociales contra la incineradora que sobrevivían desde los 90.

"Los primeros vecinos llegamos a vivir al Ensanche de Vallecas en 2006 y ya antes de estar viviendo allí nuestra asociación estuvo muy en relación con los movimientos que había en Rivas y algo en Villa de Vallecas", declara Quique Villalobos, actual presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). "En la primera década de los 2000, resurge el impulso de la lucha contra la incineración, especialmente cuando sale el estudio de la Carlos III que pone de una claridad grandísima que la incineración viene asociada a una serie de cánceres", explica Villalobos.

Este impulso en las movilizaciones se consolidó en la plataforma "Alianza incineradora de Valdemingómez no", conformada por asociaciones vecinales, grupos ecologistas, asociaciones de madres y padres de alumnos y sindicatos. La plataforma ha venido realizando actos informativos, recogidas de firmas, una propuesta ciudadana en el Ayuntamiento y manifestaciones, como la que tuvo lugar el pasado 3 de febrero en Vallecas, reuniendo a 3000 personas, según los organizadores. El objetivo final: lograr que el Ayuntamiento desarrolle un calendario de cierre para la planta. 

Un nuevo modelo de gestión de residuos

El consistorio presidido por Manuela Carmena se remite por el momento al borrador del Nuevo Plan de Residuos, que se publicará en marzo para después abrir un proceso participativo con diversos actores sociales. El cierre de la incineradora, si bien no debería presentar demasiados problemas contractuales, al terminar la concesión en 2020, sí generaría un reto para la administración local en materia de gestión de residuos. Para poder prescindir de la incineración, la ciudad necesitaría desarrollar una estrategia de "residuo cero", objetivo del cual se encuentra muy alejada en la actualidad.

"Más de 400 municipios en Europa están poniendo en marcha esta política de 'residuo cero', alcanzando porcentajes de recuperación y reciclaje por encima del 80%, mientras que en Madrid estamos por debajo del 20%", declara Jesús Pérez, de Ecologistas en Acción, una de las organizaciones que hacen parte de la plataforma. "La idea es que todos los residuos tengan un canal de recuperación y reutilización y que no se tenga ni que verter en un vertedero ni incinerarse", añade Pérez.

A pesar de la magnitud del reto, Villalobos, de la FRAVM, se declara "moderadamente optimista" y se muestra confiado con el Ayuntamiento. "Estamos convencidos de que este equipo municipal quiere el cierre de la incineradora porque ha dado muchas muestras de querer un modelo distinto de la gestión de los residuos, pero a la vez somos conscientes de la presión que tiene sobre los hombros contra el cierre".

A falta también de la publicación de una nueva Estrategia de Residuos por parte de la Comunidad de Madrid (la anterior finalizó en 2016), el debate sobre los residuos estará sin duda presente en la campaña electoral de las municipales y autonómicas de 2019. Dado que la concesión de la incineradora de Valdemingómez acaba en 2020, y aunque Villalobos crea que "el Ayuntamiento tiene tiempo de tomar una decisión preelectoral", muy probablemente, será la próxima administración la que tenga la última palabra.