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Berenice publica el Heine más "epicúreo, sibarita, obsceno e irónico"

EFE

El Heinrich Heine más "epicúreo, sibarita, obsceno e irónico" ha sido recuperado por la editorial cordobesa Berenice con la obra "Memorias del señor de Schnabelewopski", unas falsas memorias de un joven polaco con tintes autobiográficos, en la traducción que dejó la filóloga Carmen Bravo-Villasante.

La edición de Berenice, en su colección de Clásicos, también incluye el estudio introductorio que Bravo-Villasante dejó escrito para estas "Memorias" del que se considera una de las cimas de la poesía y de la prosa del Romanticismo, al que también se le debe la célebre frase: "Sólo un alemán puede entender completamente el Quijote".

Estas "Memorias" le valieron a Heine que en Alemania se prohibiera toda su obra, ya que entre sus páginas hay escenas costumbristas que suponen críticas feroces contra Alemania, hasta el punto de que, años después de su publicación, el propio Heine confesó por escrito que en esta obra había "algunos pasajes colmados de una impiedad tan cruel, que luego sentí verdaderos remordimientos".

A diferencia de lo que le sucedió en su patria, en Francia admiraron su manera de expresarse "ligera, juguetona e irreverente", en palabras de Bravo-Villasante, quien destaca su admiración por Voltaire y que "por su amor a la libertad, es aceptado sin reservas en la patria del filósofo francés más corrosivo y polémico".

En ese estado de ánimo que le produce la aceptación francesa es en el que Heine, que llegó a llamar a Lord Byron "mi primo inglés", termina de escribir, en 1833, las "Memorias del señor de Schnabelewopski", un libro en el que, afirma Bravo-Villasante, "está Heine en persona, genio y figura".

De su época de París, ciudad de la que el propio Heine dijo que tenía "el encanto del infierno", Philibert Audebrant dejó un retrato literario del poeta alemán, en el que lo describía así: "inclinado al epicureísmo, París se ha hecho dueño de él a través de sus debilidades, de su inclinación al sibaritismo. Es un ser sensual, un verdadero hijo de Oriente, que se hubiera perdido en Europa. Los placeres de París se han apoderado de él".

"El librito es muy divertido", dijo en alusión a su brevedad Bravo-Villasante, quien en el estudio introductorio explica que en estas páginas "anda y se mueve el propio Heine" y que es un libro que se lee "con el ánimo en tensión, seguros de que antes de que hayamos podido darnos cuenta nos asaltará su broma".

Y aunque el lector trate de prevenir esas bromas, "siempre sorprende, pues el humorismo de Heine es una caja de resorte que lanza el muñeco contra la nariz a cada línea".

Heine escribió esta obra tras triunfar en París, donde trató a Dumas, Victor Hugo, Beranger, George Sand, Musset, Lamartine y Balzac, quien lo reconoció como un mediador cultural entre Alemania y Francia al considerar que representaba en París "el espíritu y la poesía de Alemania" y que en Alemania representaba "la viva y espiritual crítica francesa".

Un reconocimiento que años después de la muerte de Heine, Federico Nietszche elevó con su peculiar estilo: "Se diría que Heine y yo hemos sido con mucho los primeros artistas en lengua alemana, a incalculable distancia de todo lo que han hecho con ella los alemanes comunes".

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