Este artículo se publicó hace 19 años.
"Cochochi" sorprende con una visión desconocida de México

El filme "Cochochi", de los jóvenes directores mexicanos Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, ha sorprendido en el Festival Internacional de Cine de Gijón con un relato intimista de la vida de los indígenas de la sierra Taraumara.
El largometraje, incluido en la sesión oficial a concurso del certamen, descubre las costumbres de los habitantes de la comunidad Raramuri, en el valle de Okochochi, al norte de México, donde los niños se hacen adultos rápidamente y casi sin solución de continuidad.
Los realizadores han querido rendir un homenaje a una cultura "desconocida", incluso en su propio país, y dejar "registro de la lengua" raramuri a través de la historia de dos niños que al finalizar la escuela primaria se enfrentan a un futuro de adultos.
Cárdenas y Guzmán han señalado hoy en rueda de prensa que la idea de esta película les surgió al hacer un viaje al valle y descubrir un modo de vida que tuvieron la "necesidad imperiosa de contar".
"Cochochi" tiene un ritmo especial que sugiere la relatividad del tiempo para contar una historia simple y cotidiana en la sierra Taraumara, protagonizada por dos hermanos que están a punto de abandonar la infancia.
Evaristo y Luis Antonio son dos niños de la comunidad que se representan a sí mismos, al igual que el resto de los personajes, en un rodaje que no tuvo nunca un guión terminado y abierto a las circunstancias que se iban produciendo.
Los directores aseguran que filmaron con absoluta libertad y que se dejaron llevar por los estados de ánimo de los actores y por los condicionantes de la vida en un sitio incomunicado y con un dinamismo propio.
El largometraje se basa en el viaje de los dos hermanos a caballo a través de la sierra para llevar medicinas a un familiar y las dificultades que se encuentran en el camino que les abren la puerta a un encuentro consigo mismos y con su futuro.
Nada es lo que se espera en esta historia de forma que el niño que no quiere seguir estudiando es quien consigue una beca para continuar en la enseñanza secundaria, utilizada por su hermano que le suplanta en su identidad.
El relato simple pero efectivo ha sorprendido al público que asistió al pase especial para jurado, prensa e invitados por la metáfora visual que ha presentado para mostrar los rincones ocultos de un país que se exhibe con otro tipo de atracciones turísticas.
También pasaron hoy por la sala de prensa del Festival, la directora de "Tout est perdonné", Mia Hansen - Love, y la actriz protagonista de la cinta, Marie Cristine Fiedrich, que compite en la sesión oficial con una historia de sentimientos profundos.
Esta coproducción franco-austríaca profundiza en las relaciones de pareja cuando la frontera del amor y el desamor es demasiado estrecha y el paso del tiempo coloca de nuevo las cosas en su sitio.
Según la directora, ha rodado este largometraje para "hacer el duelo" de una vivencia personal que había tenido con su tío, en el que se inspiró para el personaje de Víctor, el marido que vive en soledad su divorcio y que muere tras reconciliarse con su hija.
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