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La comunista que amaba a Einstein

Margarita Konenkova era agente de los servicios secretos soviéticos

GUILLAUME FOURMONT

Einstein era un mujeriego. En los años treinta, mientras el mundo se preparaba para la II Guerra Mundial, el valor del cerebro capaz de entender la energía atómica no tenía precio. Para Moscú, había que seducir a Albert Einstein. Su arma para conseguirlo: una mujer, una rusa, Margarita Konenkova.

La fotografía no lleva fecha: con su pelo blanco hirsuto, el bigote y la pipa, él es inconfundible. Ella es alta y delgada, tiene 15 años menos que él. Hay una dedicatoria: 'Saludos sinceros. A. Einstein'. Es la única imagen que existe de una pareja singular que durante una década se enviaba cartas de amor. El 27 de noviembre de 1945, poco antes de regresar a Moscú, Margarita escribió en alemán al físico: 'Todo aquí me trae tu recuerdo: el chal de Almar, los diccionarios, la pipa maravillosa que pensamos que se había perdido, y todas las pequeñas cosas de mi celda de ermitaña; también el nido vacío'.

Almar era el nombre que los amantes habían inventado para llamarse mutuamente, sin revelar nunca la identidad del otro. Es la contracción de los nombres Albert y Margarita. Se conocieron en 1935, cuando Einstein ya llevaba 30 años en la cumbre de la física mundial (publicó la Teoría de la Relatividad en 1905) y trabajaba en la prestigiosa Universidad de Princeton, en Estados Unidos. Margarita había seguido allí a su marido, un escultor ruso.

Las numerosas biografías de Einstein lo describen como un hombre que amaba a las mujeres y que, además de su dos esposas, tuvo una decena de amantes. No se sabe, sin embargo, si su relación con Margarita empezó antes o después de la muerte, en 1936, de la segunda esposa del científico, Lisa. Einstein, alemán judío, ya había entendido el peligro que representaba Adolf Hitler cuando se fue a EEUU y nunca ocultó sus compromisos políticos cercanos a movimientos de izquierda. Margarita lo sabía; mejor dicho, la Unión Soviética lo sabía.

Para los servicios de inteligencia de Moscú, Konenkova era Lucas, espía en territorio estadounidense cuya misión consistía en seducir a los grandes cerebros, sobre todo a los que eran capaces de entender y desarrollar la energía atómica.

Los servicios de la agente Lucas para la URSS fueron revelados en 1994, en las memorias del ex espía ruso Pavel Sudoplatov. Se sabe poco de ella, ni siquiera a lo que se dedicaba cuando no estaba con Einstein.

Tras Hiroshima y el final de la II Guerra Mundial, Margarita convenció al físico para que se entrevistara con Pavel Mijailov, oficialmente vicecónsul soviético en Nueva York, en realidad uno de los espías más conocidos de los años cuarenta. Se vieron varias veces. En noviembre de 1945, Einstein escribió: 'Parece que existe una real simpatía entre nosotros dos'. También le agradeció sus 'buenos consejos para escribir a la Academia de Ciencias de la Unión Soviética'. Lo suficiente como para despertar las sospechas del FBI, que acumuló un expediente de 1.500 folios sobre el físico.

¿Qué contó Einstein a su amante? Él nunca participó en los experimentos de Robert Oppenheimer, el padre de la bomba H. Sus cartas a Margarita sólo hablan de afecto y de ternura. A finales de 1945, ella regresó a Moscú, donde falleció en 1982. No volvieron a verse.

En la Universidad de Princeton, se alza un busto de bronce de Albert Einstein. Su autor es Sergei Konenkova, el marido de Margarita.

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