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Los crímenes de Reyes Calderón rompen la tranquilidad del monasterio de Leyre

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La tranquila y rutinaria vida de meditación y silencio de los monjes del monasterio de Leyre salta por los aires en la novela de Reyes Calderón "Los crímenes del número primo" (RBA), en la que su autora tiene en vilo al lector gracias a un robo sacrílego, dos crímenes y un número primo.

El cielo y el infierno en ocasiones se pueden tocar, y aunque la mayoría llama color infierno al rojo intenso, según "Los crímenes del número primo" se equivocan, ya que "el color diablo es verde; un verde frío y aséptico, vengativo" como los ojos del asesino que anda suelto cerca del monasterio de San Salvador de Leyre.

La trama de la última novela de misterio de Reyes Calderón engancha a lo largo de sus casi quinientas páginas, desde el mismo prólogo en el que se da fe de que "nada ocurre por casualidad" y en el que se advierte de que con quien se va a topar es "con la Iglesia misma, con toda su majestad, con toda su magnificencia".

La autora explicó a Efe que tardó dos años en escribirla, tras los cuales guardó la novela en un cajón durante seis meses "y me olvidé de ella" en espera de recibir el visto bueno de un forense, un juez y un policía.

Reyes Calderón se confesó "impresionada" después de que dos amigos, uno matemático y otra de un gabinete de comunicación, decidieran encauzar sus aceleradas vidas en sendos conventos de cartujos y clarisas, respectivamente, tras lo cual decidió tratar de reflexionar sobre "qué tiene aquella vida para que haya personas que dejen todo y se decanten por ella".

A pesar de las "dificultades" que ha encontrado para acceder a información sobre el monasterio de Leyre debido a la imposibilidad de las mujeres de traspasar sus dependencias, un amigo sacerdote le facilitó la tarea, al suministrarle información del interior, así como unos planos del convento.

En "Los crímenes del número primo", la autora de otras tres novelas como "Ego te absolvo", "Gritos de independencia" o "Las lágrimas de Hemingway", sitúa los hechos en sólo tres días, ante el convencimiento policial de que los crímenes "o se resuelven pronto o no se resuelven".

En ese periodo de tiempo, se suceden la desaparición del abad del monasterio benedictino de Leyre, la recepción de un dedo humano encerrado en un pequeño ataúd por parte del arzobispo de Pamplona y la aparición de dos cadáveres vestidos con hábitos en una remota ermita de Mendigorría rodeados de abundante dinero y de un antiquísimo relicario.

Los desvelos de la juez MacHor y del inspector Iturri a lo largo de la investigación y la creciente complicación del caso, con nuevos crímenes y otros en grado de tentativa, mantiene la tensión a lo largo de toda la novela, en la que la clave está en un número primo: el 33I3.

Según el padre Chocarro, antiguo matemático reconvertido en místico en el monasterio de Leyre que ayuda a la juez a desentrañar la tela de araña que constituyen los hechos, los números primos son considerados desde la antigüedad "los números más misteriosos, puros e impredecibles de todo el lenguaje matemático".

Junto a la trama religiosa aparecen numerosos temas colaterales tan de actualidad como la pederastia o la violencia doméstica, con los que Reyes Calderón ha querido llamar la atención sobre "dos de los delitos más execrables que existen".

La escritora advirtió de que, pese a lo que pueda parecer, "Los crímenes del número primo" no es un "Código Da Vinci", obra que -dice- "no me gustó mucho", y señala que, en todo caso, "prefiero que me asocien a Umberto Eco y 'El nombre de la rosa'", aunque reivindica un lugar propio para su novela.

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