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El dueño de Zara ya tiene más de 3.600 millones en ladrillo

Los ricos cambian sus estrategias de inversión y prefieren el dinero tangible

S. R. ARENES

Los sinsabores que ha dado la bolsa española este año a los inversores, ha hecho que algunas grandes fortunas se replanteen sus estrategias de inversión. El que mayor giro ha dado a su cartera ha sido Amancio Ortega, dueño del imperio textil Inditex. Justo antes de Navidad, el discreto empresario decidió cerrar dos de sus tres sicav, Keblar Inversiones y Alazán Inversiones, para convertirlas en sociedades anónimas. La razón: el noveno hombre más rico del mundo quiere reforzar sus inversiones inmobiliarias. Las concentra en su filial Pontegadea Inmobiliaria, que en 2009 más que duplicó sus activos, hasta los 3.643 millones, incluyendo construcciones, terrenos y filiales internacionales con edificios emblemáticos y de oficinas, según los últimos datos del Registro Mercantil.

Como dicen en el mundo de los asesores de ricos, Ortega "prefiere tener un patrimonio tangible", de ahí su preferencia por el ladrillo, salvo en lo ligado a viviendas. De hecho, es el mayor inversor individual inmobiliario en España.

En Pontegadea Inmobiliaria, se integran una amplia lista de caprichos inmobiliarios de Ortega. En la lista de los elegidos figuran desde suntuosos edificios en los Campos Elíseos de París o inmuebles en Roma, pasando por edificios en México, Portugal o Alemania, además de en Estados Unidos, donde posee el hotel Epic o la sede de Bacardí en Miami, pasando por rascacielos en la calle 59 de Nueva York y el centro comercial y de negocios en la Milla de Oro de Chicago. Sólo en EEUU, el fundador de Zara acumula inmuebles que valen más de 700 millones.

También en España tiene edificios y palacetes históricos, como los que en 2007 compró al Banco Santander por 458 millones, por ejemplo, el situado en el paseo de la Castellana de Madrid, 24 o en el paseo de Gracia, 5, en Barcelona, además de las antiguas sedes del banco en Bilbao, Sevilla o Valladolid. La entidad financiera se ha quedado como inquilina, lo que le asegura a Ortega un buen retorno de capital.

El gusto por las oficinas bancarias le dura aún al empresario, que ya adquirió a Caixa Galicia en 2008 40 edificios y oficinas por 250 millones. Y el pasado 20 de diciembre compró sucursales del Banco Sabadell al fondo británico Moor Capital por 55 millones.

La opción de invertir en paquetes de oficinas financieras ya la ofrecen desde hace al menos dos años a clientes de patrimonios altos, pero mucho másmodestos que el de Ortega, las consultoras inmobiliarias y divisiones de banca para ricos de las entidades financieras.

No sólo Amancio Ortega ha preferido canalizar su dinero hacia activos más tangibles y con más seguridad que las volátiles bolsas mundiales. El fundador de Fadesa, Manuel Jove, es otro ejemplo, ya que aunque diversifica sus inversiones en energía o bodegas mantiene una potente división inmobiliaria con centros comerciales y proyectos urbanísticos, muchos fuera de España.

Otras grandes fortunas han decidido apostar más este año por los depósitos, un producto que ofrece una menor rentabilidad que las bolsas (cuando van bien) pero que la asegura al 100%. Así lo han hecho la cofundadora de Inditex, Rosalía de Mera, Alicia Koplowitz, la familia Del Pino (dueña de la constructora Ferrovial) o el inversor indio Ram Bhavnani.

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