Este artículo se publicó hace 17 años.
El extraño caso del penitente metalero
Orthodox lleva su heavy nazareno al Domingo de Ramos sevillano

Ver un nazareno o un penitente por las calles de Sevilla un Domingo de Ramos es tan habitual como ver batas blancas en un hospital. Pero verlo ataviado con una guitarra o tocando la batería en una antigua iglesia, es, cuanto menos, complicado. Orthodox, una banda de heavy metal que incluye marchas cofrades en su repertorio, se atreve con ello.
Borja, Ricardo, y Marcos, batería, guitarrista y voz de Orthodox, fundaron la banda en 2004. Con el título de su primer disco, Gran Poder, lanzaron su particular declaración de intenciones. "Nosotros hacemos un heavy metal épico y solemne, pero con reminiscencias cofrades", explica Borja Díaz. "Somos de Sevilla y lo fácil sería renegar de la Semana Santa, pero nosotros decidimos incluir su estética y sonidos en nuestro trabajo", aclara el cantante.
Ayer presentaron su último disco, Sentencia (Alone Records), en una antigua iglesia de Sevilla, la capilla del Hogar Virgen de los Reyes, donde la estética heavy se mezló con un toque cofradero nada habitual: túnica y antifaz negro como vestimenta para interpretar sus temas, incluida una marcha de Semana Santa a su manera, Madre de la Santa sangre.
Su particular vestimenta se debe a motivos estéticos, aseguran, ya que ninguno de sus miembros tiene vinculaciones cofrades. "Damos un toque solemne sobre el escenario y anulamos al individuo en favor de la música", dice Borja Díaz. "Para nosotros, es un concepto estético propio; no buscamos ofender, sino plasmar una lectura pagana del folclore", comenta Ricardo Jiménez.
Además de los conciertos, Orthodox gira desde 2007 con el espectáculo El final de este estado de cosas, un montaje en el que mezclan sus melodías, el baile flamenco del bailarín Israel Galván y la música contemporánea del grupo Proyecto Lorca. Otra fusión que podría pensarse imposible, pero no para este atrevido e innovador grupo.
El mestizaje da sus frutos, y la tradición siempre va con ellos. Sin pasos, vírgenes, ni crucifijos, eso sí.
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