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"Las generaciones venideras nos recordarán y estudiarán como una sociedad vergonzante"

El escritor castellonense publica 'Cenital', una novela de anticipación fechada en un futuro alarmantemente próximo donde, a falta de petróleo, un grupo de visionarios se parapeta en una colonia fortificada para sobrevivir

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Cenital (Salto de página, 2012) es una novela de anticipación fechada en un futuro alarmantemente próximo donde, a falta de petróleo y recursos naturales, un grupo de visionarios se parapeta en una colonia fortificada para intentar sobrevivir al colapso de la civilización. Su autor, Emilio Bueso (Castellón, 1974), compagina su trabajo de responsable de tecnología en una organización interestatal con el ejercicio de la literatura y hasta el año pasado enseñaba Sistemas Operativos Avanzados en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Castellón.

Ha ganado, entre otros premios, el Celsius de la Semana Negra de Gijón con su anterior novela, Diástole (Salto de Página, 2011). Declara que no tiene ninguna fe en el futuro porque tampoco la tiene en el pasado, y que sólo cree en las emociones y en las matemáticas, aunque en sus libros dos más dos siempre da demasiado.

Más que en la ciencia-ficción pura, tu novela se sitúa dentro de la tradición de las profecías distópicas, al estilo de 1984 de George Orwell, La naranja mecánica de Anthony Burgess o Congreso de futurología de Stanislaw Lem. Sólo que su profecía señala el fin para muy pronto, 2014, pasado mañana, como quien dice. ¿Qué teme más: acertar o fallar en el pronóstico?

Si mis pronósticos se cumplen de lo que más me voy a arrepentir es de haber aprendido a escribir novelas en vez de a plantar patatas y a potabilizar mi orina. Por lo que me encantaría ser el visionario más chungo de toda la historia de la literatura.

Desde la primera crisis del petróleo y la destrucción de la capa de ozono, hemos oído muchas veces las voces de los agoreros anunciando el fin del mundo. ¿Crees que esto es como la fábula de que viene el lobo, que hemos oído tantas veces que nadie hace caso ya, y que el lobo va a llegar y no dejará una oveja viva?

Pues sí, la verdad. Hay lectores mayorcitos que me dicen cosas como 'eso de que la humanidad se irá al carajo cuando se nos acabe el petróleo lo vienen diciendo desde que yo era un chaval'. Ya. Y la vivienda nunca baja de precio. Yo llevo oyendo desde que nací que un día me voy a morir. Y aquí me tienes. Pero oye, no me creo inmortal. Ni creo que lo sea mi sociedad. Yo soy de los que piensan que a cada cerdo le llega su San Martín. Y que con algunos síntomas el pronóstico está claro.

En el libro se proporcionan datos y estadísticas que pronostican el colapso inevitable del mundo tal y como lo conocemos. Usted es ingeniero de sistemas, aparte de escritor, y el título de la novela, Cenital, es bastante elocuente, pero ¿de verdad piensa que el capitalismo ha tocado techo?

Con todos los estados saliendo a rescatar a la banca desde hace cinco años y todavía no se sabe cuándo terminará el incendio, lo que está claro es que el neoliberalismo era mentira. Ya nadie en su sano juicio piensa a pie juntillas que los mercados se regulen solitos, y menos ahora que casi todos los mercados maduros se han concentrado hasta convertirse en oligopolios, en lobbies de cuatro multinacionales gigantescas muy bien avenidas cuyo modelo de negocio conjunto consiste en pactar precios para extorsionar al consumidor de forma óptima y ordenada.

Por otro lado, seguro que las generaciones venideras se lo pensarán mejor antes de pedir prestado para apostar todo el dinero de su vida a una sola carta. Y dado que ahora mismo campan por media Europa los compro oro y los establecimientos de reparación de calzado mientras se desmontan las sucursales bancarias a pasos agigantados, podemos considerar demostrado que los bienes tangibles ya tienen mejores horizontes que los valores especulativos, los productos financieros o las divisas... Todo esto, en conjunto, significa que la gente está perdiendo la fe en un sistema que está basado en la confianza. Lo cual supone, a grandes rasgos, el principio del fin del capitalismo tal y como lo hemos venido entendiendo últimamente.

Hasta aquí los hechos, con poca valoración aventurada por mi parte. Y ahora es cuando me mojo de verdad: yo no es que crea que el capitalismo haya tocado techo, yo lo que pienso a menudo es que si no cambiamos mucho y pronto lo que ha tocado techo aquí es nuestra civilización y puede que nuestra especie al completo. Estoy comenzando a creer que nos enfrentamos al colapso societal, o incluso a la extinción, a un plazo bien corto; no por la debacle económica sino por lo que tiene empujando detrás de ella: la crisis energética, medioambiental y de recursos físicos en la que andamos metidos sin quererlo saber...

La economía es una ciencia aplicada ya muy poco aplicada y que de un tiempo a esta parte se nos ha metido al mangoneo, a la cocaína y a los casinos online. La física en cambio es una cosa muy seria, que ni juega ni perdona ni tiene vicios conocidos. Cuando pierda del todo la paciencia con nosotros aquí no se salva ni el apuntador.

Vamos, que el problema no se reduce a que el petróleo barato se esté terminando. El problema es que pronto no quedará cobre para seguir electrificando el mundo a bajo coste, que pronto no habrá agua para sostener determinadas concentraciones demográficas, que en nada se habrán acabado los fosfatos que necesitamos para fertilizar el suelo, que se mueren en masa las abejas que garantizan la polinización eficiente, que también se termina el uranio que queman las centrales nucleares... Tic tac tic tac tic tac.

La ecoaldea a la que regresan Destral y sus acólitos, con sus principios de economía sostenible, parece una apuesta por el primitivismo y el abandono de los medios masivos de producción. ¿Le parece que la única solución es girar en dirección al pasado? ¿No cree que ese pasado conducirá indefectiblemente a este futuro?

Lo que compro es eso de que a veces para poder dar un paso hacia delante primero hay que dar dos o tres atrás. Hemos flipado por encima de nuestras posibilidades. Toca rebobinar y desandar todo el camino hacia el carajo que llevamos recorriendo desde que los niños aprendieron a jugar al Monopoly de la mano de sus padres y los jóvenes a montar fraudes piramidales de la mano de sus profesores de economía.

Y una transformación como la que planteo en mi novela no podrá devolvernos a largo plazo a lo mismo que tenemos montado ahora. No, porque el marco socioeconómico que pueda levantarse sin la presencia de los recursos no renovables del medio será mucho más sostenible que la bala en la que nos hemos montado. No, porque ahora mismo casi todos los ecosistemas conocidos andan inmersos en una serie de extinciones en masa que amenazan a buena parte de la biodiversidad que nos queda, y tras la catástrofe ecológica no habrá otra que pasar a entender el medioambiente como un activo colectivo. En fin...

Todo nuestro estilo de vida está basado en que la energía es muy barata y que los árboles crecen hasta tocar el cielo. Esa cosmogonía ya no volverá. Nunca tuvo sentido. Con suerte, sólo habrá valido para que nos peguemos la fiesta padre a costa del futuro de las generaciones venideras, que probablemente nos recordarán y estudiarán como a una sociedad vergonzante, que estuvo a punto de terminar como terminan las plagas de langostas.

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en Cenital? Me refiero a las cifras que maneja Destral o a la estación de satélites militares donde comienza la novela.

La estación de Maspalomas de la isla de Gran Canaria está especializada en operaciones de control y seguimiento de satélites y forma parte de la red de estaciones de apoyo a lanzamientos de la Agencia Espacial Europea. El Centro de Satélites de la Unión Europea tiene su sede en España. Las cifras sobre el problema energético las puedes cotejar en cualquier portal especializado o directamente en el World Energy Outlook. La Teoría del Pico de Hubbert se publicó en 1971 y ha demostrado funcionar como un reloj suizo para todos los pozos de petróleo conocidos. Los únicos datos que no conocemos a ciencia cierta son los relativos a las reservas reales de combustibles fósiles que nos quedan, por aquello de que los países exportadores las falsean sistemáticamente. Y eso tampoco es un dato inventado, sino un hecho constatado: Arabia Saudita duplicó en 1960 sus reservas declaradas y todavía estamos esperando a que nos explique por qué. Venezuela también ha hecho cosas parecidas con sus cifras. Ningún país productor de petróleo es completamente transparente en algo tan estratégico como es la energía.

Con todo, la única cosa incierta en los datos que maneja mi novela y que por tanto he tenido que situar yo en el 2014 es que no podemos saber cuándo se pondrá el crudo a un precio capaz de mandarnos al infierno. Esos datos no son públicos, sino secreto de Estado, así que mejor no acudas a Wikileaks a preguntar, porque allí te dirán, entre otras cosas, que las reservas de los saudíes están exageradas en torno a un 40% como poco.

El problema es mucho más que real, y no desaparecerá por mucho que la sociedad se obstine en mantenerse en estado de negación. Tampoco se resuelve invadiendo países de Oriente Medio en busca de armas de destrucción masiva o falseando las cifras de las reservas existentes... Yo cuento mentiras porque hago literatura del entretenimiento, está claro, pero es que el sistema me gana en eso. Conque si quieres ver quién te engaña acerca del futuro que te espera acude a la caja de ahorros más próxima y sal de ella con un buen paquete de acciones preferentes de esas que vencen en el año 9999... Va a ser que la banca sí cree que eres inmortal.

¿Existe el blog donde Destral anuncia el apocalipsis y recluta voluntarios para el nuevo mundo?

Pues no. Eso ya es pura ficción. Pero yo he colgado una coña para los lectores que marquen cenital.net en su navegador.

Mad Max fue una de las primeras películas donde se pintó un futuro mucho más atrasado y desvencijado que el presente que vivimos. Hay una cita explícita a la cinta de George Miller, pero ¿qué otros libros y películas confluyen en Cenital, sin contar tratados de economía?

Mad Max es una mierda, lo mismo que Hola América, de Ballard. No hay prácticamente ninguna otra obra que aborde frontalmente la distopía en la que estamos entrando. La literatura de anticipación lleva desde siempre soñando con un futuro en el que todo será desarrollo, colonizaremos las estrellas y viajaremos en el tiempo; de ahí que yo reniegue bastante de ella. Sólo me siento cómodo con los libros de Brunner, el resto de lo que ha dado la ciencia-ficción me parece tan lejano de lo que hago en Cenital como las novelas de espada y brujería.

En la ecoaldea sólo se aceptan artesanos, agricultores, científicos y militares. ¿Cree que habrá sitio también para escritores y músicos o que el bardo acabará amordazado y fuera de la fiesta igual que en el clásico final de los tebeos de Asterix?

El bardo de la literatura ya lleva tiempo amordazado y engrilletado a un árbol, con las esposas que salen en la portada de Cincuenta sombras de Grey.

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