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Maquis: los soldados olvidados de la República

La mención en el auto de Garzón es el reconocimiento más explícito al maquis hasta el momento

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Guerrilleros del maquis de Levante y Aragón a finales de los años cuarenta

Fueron los que más tiempo empuñaron el fusil contra las tropas fascistas y los que menos reconocimientos tienen. Es la queja unánime de los familiares de guerrilleros españoles y de las asociaciones que estudian la resistencia contra Franco. De hecho, las ayudas destinadas a reparar a las víctimas del franquismo han obviado sistemáticamente la lucha de los guerrilleros, negándoles pensiones, reconocimientos y honores. Parte de culpa la tienen cuatro décadas de propaganda franquista obsesionada en convertir a los maquis en bandoleros. Un estigma que se ha mantenido y que incide en que iniciativas como la Ley de Memoria Histórica solo mencione a la guerrilla, pero sin establecer medidas concretas que restituyan su memoria. Son los que más tiempo lucharon y los que menos reconocimientos tienen 

Sin embargo, el auto publicado por el juez Garzón podría suponer un antídoto contra esta amnesia. En sus razonamientos jurídicos, el magistrado divide la represión franquista en tres etapas. La última, "entre 1945 y 1952, marcada por la eliminación de guerrilleros y personas que les apoyaban". Es la declaración de reconocimiento al maquis más explícita hasta la fecha. Pero el auto no se detiene ahí. Más adelante especifica qué cuerpos del Estado protagonizaron la represión contra los guerrilleros.

Entre ellos destacan soldados, falangistas, somatenistas (ciudadanos armados) y, fundamentalmente, la Guardia Civil. Esta última fue el peor enemigo de los maquis. Su enfrentamiento puede dividirse en dos períodos. El primero, desde 1945 hasta 1947.

Entonces, España temía una intervención aliada tras el final de la II Guerra Mundial y ejerció una actitud contemporizadora hacia la guerrilla. Los guardias civiles solían disparar al aire antes de adentrarse en el monte para que los guerrilleros se percataran de su presencia.

La segunda etapa arranca en 1947. Franco se sintió a salvo y endureció su estrategia hacia el maquis. En abril promulgó la Ley de Bandidaje y Terrorismo, que posibilitó las ejecuciones.
El terror según Pizarro

En una segunda vuelta de tuerca, nombró a Manuel Pizarro Cenjor (abuelo del ex presidente de Endesa y diputado del PP) gobernador civil de Teruel y general en jefe de una amplia zona delimitada para combatir a la irreductible AGLA (Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón). Pizarro había golpeado con éxito a las guerrillas andaluzas, asturianas y leonesas y su misión era ahora acabar con el AGLA a cualquier precio.

Más cuarteles, multiplicación de los efectivos, creación de contrapartidas y una estrategia destinada a socavar a la guerrilla por su eslabón más débil: el de los enlaces y los puntos de apoyo. Estos fueron los cuatro pilares de las medidas adoptadas por Pizarro.

Bajo sus órdenes se torturó y asesinó a campesinos sospechosos de auxiliar al maquis, se requisaron tierras, se quemaron alquerías, se arrancaron cultivos y quedaron deshabitadas amplias zonas para aislar a los guerrilleros, dejarlos sin víveres y obligarlos a bajar de las montañas. Bajo tierra

El caso de Pedro Alcorisa "Matías" es paradigmático. Durante meses ejerció como punto de apoyo de los maquis en Santa Cruz de Moya (Cuenca). Una vez descubierto, subió al monte junto a una partida guerrillera. Como castigo, la Guardia Civil detuvo a su padre y lo torturó hasta la muerte en el cuartel de Arrancapins, en Valencia. Después ocultó el cuerpo en un fosa común del cementerio de Valencia.

Historias así abundan entre las montañas valencianas, aragonesas y manchegas. La política de Pizarro fue salpicando de fosas estas tierras hasta que la guerrilla abandonó la lucha en 1952. El auto de Garzón enciende ahora la esperanza de aquellos que anhelan recuperar los despojos de sus familiares y enterrarlos con dignidad. "No puede haber reconciliación cuando media España está todavía enterrada en las cunetas", afirma Eligio Hernández, Fiscal General del Estado entre 1992 y 1994. Y añade: "No entiendo la reacción de la derecha ni mucho menos la de la Iglesia, institución que más reivindica la memoria histórica con sus mártires y beatificaciones. ¿Acaso los muertos republicanos no son hijos de Dios? ¿Acaso no merecen cristiana sepultura?". José M. Montorio, guerrillero (Borja, Zaragoza, 1921)

«Nadie reconoció nuestra lucha»
¿Cómo ingresó en la guerrilla española?

En febrero de 1939, huyendo de las tropas franquistas, crucé a Francia. Los gendarmes nos detuvieron y nos trasladaron al campo de concentración de Sant Cyprien. Cuando estalló la II Guerra Mundial y Francia fue ocupada por Alemania, el mariscal Pétain nos entregó a los nazis. Finalmente conseguimos escapar y nos enrolamos en la resistencia francesa. En 1945 se celebró en Toulouse el I Congreso de Guerrilleros Españoles. En diciembre, un pequeño grupo ingresamos en España. Llegamos a la sierra de Javalambre, en Teruel, a primeros de 1946.

¿Cómo era su vida?

Muy penosa. Un día de guerrillas equivalía a tres años en la resistencia francesa. No teníamos tanto apoyo de la población. La Guardia Civil la reprimía. Lo peor eran los inviernos. Íbamos medio descalzos, helados y sin poder encender hogueras para no delatar nuestra posición. Percibíamos, que la situación no era buena, que no había salida, pero nadie se atrevía a decirlo por miedo a ser acusado de derrotista.

¿Y cómo se retiraron?

El PCE me encargó evacuar a los últimos guerrilleros de Levante en junio de 1952. La Guardia Civil sabía por dónde pasaríamos porque capturaron a un guerrillero y le hicieron cantar. Tuvimos que retroceder e ir por Roquetas y Amposta. Cuando llegamos a Francia, tras 25 jornadas a pie, no nos esperaba nadie del partido. Tampoco reconocieron nuestra lucha. Me siento decepcionado.  

 

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