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Moribundo Yangtsé

400 millones de personas dependen del caudal fluvial más largo de China. El río está en el nivel más bajo en 140 años.

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El presidente Mao probablemente se negaría hoy a nadar en las aguas del río Yangtsé, como hizo a finales de los años cincuenta, en una serie de actos de propaganda.

Las aguas del  río más largo de China, y el tercero más largo del mundo, tienen hoy un aspecto turbio, poco apetecible para el baño, por culpa de la contaminación que arrastra a lo largo de sus 6.300 kilómetros de recorrido.

En el muelle de Wuhan, una ciudad del interior que ha sufrido durante siglos las inundaciones devastadoras del Yangtsé, un monumento recuerda los versos que escribió Mao en 1956, después de bañarse por primera vez en el Changjiang, el Gran Río, como se conoce en China.

Desde allí se divisan las barcazas de carbón remontando el río, en el nivel más bajo de los últimos 140 años, según informan los medios oficiales chinos. La sequía y la polución que afectan al Yangtsé amenazan con transformar las condiciones de vida de los 400 millones de personas que residen a su alrededor.

“Nunca había visto el cauce tan seco en esta época”, observa una mañana de febrero un campesino de los alrededores de Wuhan, sentado en un banco del paseo junto al río. La primavera es la época del año en que el río baja con menos caudal, pero cada año el nivel del agua empieza a disminuir antes.

Desde que en 2002  se construyó la playa de Wuhan, como llaman al paseo junto al río, el nivel del agua ha retrocedido 14 metros, dejando al descubierto el suelo fangoso del río, cubierto de plásticos y de restos de basura.

La tierra está llena de las colillas que tiran los paseantes, que disfrutan aquí de un nuevo espacio de ocio ganado a las fábricas de la ciudad. El cielo está gris, mezcla de humedad y contaminación.

Al otro lado del río se divisa una fábrica de acero. Para los diez millones de habitantes de Wuhan, una ciudad industrial, a 600 kilómetros de la Presa de las Tres Gargantas, poder pasear junto al Yangtsé es un lujo y representa el triunfo de China sobre la naturaleza destructiva del río.

En verano de 1998, el mismo río que hoy parece una cloaca provocó una inundación en la que murieron más de 3.000 personas y dejó a 14 millones sin hogar.

Menos inundaciones

Con la construcción de la presa de las Tres Gargantas se espera reducir a una cada cien años la frecuencia de las inundaciones, que antes se repetían cada diez años.

De momento, el proyecto –destinado a ser el mayor generador de electricidad limpia de China– ha demostrado ser un acelerador de problemas medioambientales en el Yangtsé, como la sequía, la contaminación y una amenaza para la supervivencia de especies autóctonas, como el esturión o la marsopa sin aleta.

Una placa de mármol descolorida en el paseo de Wuhan reproduce la silueta del baiji, el delfín blanco del Yangtsé, que se dio por extinguido el año pasado.

'La mayoría de la gente no se preocupa por la sequía ni la contaminación del río. Son problemas demasiado alejados de la vida diaria”, dice Nancy Wang, guía turística de Wuhan.

Sin embargo, el impacto directo en el día a día empieza a notarse. Según la prensa oficial china, por lo menos dos millones de personas de la zona viven afectadas por la escasez de agua potable y de regadío.

Según el Instituto Federal Suizo de Ciencia y Tecnología del Agua, Ewag, el Yangtsé representa el 40% de los recursos hidrológicos de China y el 70% de los campos de arroz dependen de sus aguas. La agricultura sigue siendo el principal factor contaminante.

El uso excesivo de pesticidas agresivos ha disparado la presencia de nitratos en el agua, en especial en el embalse de las Tres Gargantas, donde se acumulan las sustancias tóxicas arrastradas por los afluentes.

Según un estudio realizado el año pasado por Ewag y el Instituto de Hidrobiología de Wuhan, la presencia de nitratos en la desembocadura se ha duplicado en los últimos veinte años, favoreciendo el crecimiento de algas y reduciendo el nivel de oxígeno en el Mar de China oriental.

También han aumentado las sustancias tóxicas de origen industrial, como arsénico, talio y antimonio. Cada día llegan al delta 1.500 toneladas de nitrógenos y 4,6 toneladas de arsénico, según Ewag. La sequía agrava aún más la situación, ya que los agricultores dependen cada vez más del agua de la lluvia para regar.

Pero “el Yangtsé todavía no ha muerto”, concluye el estudio, que sostiene que la contaminación en sus aguas es comparable al de algunos ríos europeos.

“El nivel de contaminantes metálicos en el Yangtsé es de dos a ocho veces más bajo que en el Rhin hace 30 años”.

Fruta de mala calidad

“La calidad de la fruta ha empeorado en los últimos veinte años”, explica, en todo caso, el profesor Zhang, responsable del programa de investigación del kiwi de la Academia China de Ciencias en Wuhan.

Un grupo de campesinos retirados que se reúnen para fumar y jugar a cartas en el muelle de Wuhan le da la razón. Frente a ellos hay un cartel del gobierno con instrucciones sobre cómo lavar bien las verduras y llevar una vida sana.

Pekín asegura que el cambio climático es la principal razón de la falta de lluvias y la sequía extrema que afecta la región del Yangtsé y el norte de China.

Pero los expertos internacionales critican que la construcción de la presa de las Tres Gargantas ha agravado el problema, en especial en el tramo de 1.750 km entre la presa y la desembocadura, donde el cauce se ha reducido en un 50% estos meses de invierno.

Más de 40 barcos permanecen embarrancados en el Yangsté desde el pasado octubre, informa el diario oficial China Daily.

Los proyectos de construcción de canales para el trasvase de las aguas del Yangtsé a las regiones áridas del norte también puede agravar la sequía.

La demanda de agua para la construcción y el consumo que marca Pekín, acentuada con la llegada de los Juegos Olímpicos, ya ha provocado sequías severas en los pantanos de las provincias de alrededor, como Shanxi y Hebei. Según las últimas cifras oficiales, 5,9 millones de personas sufren falta de agua potable en China.