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Ponyo acompaña a Miyazaki en su viaje a la infancia

La última películade los estudios Ghibli es una fantasía basada en 'La sirenita'

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Una vuelta a los orígenes, una regresión adulta a la mirada del niño, una vindicación de la animación artesanal. Ponyo en el acantilado es esto y mucho más: una fantasía hecha a mano con la que Hayao Miyazaki se reafirma en su reivindicación histórica de que siempre ha hecho películas para niños. 'Para niños que no son tontos, para niños que son capaces de asumir personajes que no son sólo buenos o malos', como apunta el experto en el estudioGhibli, Manuel Robles.

En Ponyo en el acantilado, recién estrenada en España tras convertirse en la película más taquillera en Japón, están los elementos clásicos del estudio Ghibli, creador de El viaje de Chihiro: la exaltación de la naturaleza, la heroína rebosante de coraje, la fantasía desbordante. Pero aquí aparecen desplegados con una sencillez rotunda y una luminosidad que está más cerca de la candidez de Mi vecino Totoro (1988), que de la complejidad de La princesa Mononoke (1997).

El cuento de La sirenita, de Andersen, sirve de inspiración para la historia de Ponyo, el pez que quiere convertirse en niña y cuya transformación desatará el cataclismo medioambiental.

La imaginación del japonés estalla en secuencias tan evocadoras como la de Ponyo caminando por encima de las olas, persiguiendo a su amigo Sosuke: un impresionante lienzo en movimiento que acciona la fantasía infantil que Miyazaki nos recuerda que tenemos.

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