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Portugal quiere registrar las tierras sin dueño y ofrecerlas para el cultivo

EFE

El Gobierno portugués planea registrar y reclamar para el Estado las propiedades aptas para la explotación agrícola y sin dueño, y con ellas crear una bolsa de tierras disponible para aquellos que quieran cultivarlas.

Así lo reveló la ministra de Agricultura, Assunçao Cristas, en una entrevista publicada hoy en la edición digital el diario Público, en la que avanzó que el Gobierno ultima la legislación para sacar adelante este proyecto.

Cristas explicó que primero se planea realizar un catastro en los próximos cuatro o cinco años para identificar las propiedades sin dueño, que pasarían a pertenecer al Estado.

"El objetivo es identificar lo que no tiene dueño, y lo que no tiene dueño pertenece al Estado. Pero lo que pasa también es que el Estado no sabe qué tierras son esas", apuntó.

En el caso de aquellas cuyo propietario no es inmediatamente localizado, el Estado prevé establecer un plazo para que estos se personen y registren la posesión.

"La idea es que, a medida que se va haciendo el catastro, y confirmada que no haya ninguna interacción con el Estado, dar un plazo para que vengan a apuntar la propiedad. Si no vinieran, es declarado el abandono y es integrada en la bolsa de tierras", señaló.

La propuesta pretende atajar el aumento del abandono del campo, así como impulsar la producción agrícola interna, ya que el país depende de las importaciones agrícolas.

En los últimos diez años Portugal ha visto desaparecer 112.000 explotaciones agrícolas y ha reducido su superficie cultivada en 450.000 hectáreas, según datos del Instituto Nacional de Estadística portuguesa.

Estas tendencias chocan con la tradición de un país donde la agricultura ha sido un pilar de la economía y llegó a emplear a alrededor del 50 por ciento de la población activa antes de que Portugal se integrara en la Unión Europea (UE).

Sin embargo, tras la entrada en la comunidad europea, la agricultura portuguesa empezó a perder competitividad y el país tuvo que aumentar las importaciones en este sector.

Esa dependencia hizo crecer, entre otros factores, un déficit comercial que hoy lastra la economía del país y que es uno de los grandes impedimentos para la recuperación económica portuguesa.

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