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Preocupación en los sectores pesquero y turístico por el vertido de Aboño

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El municipio de Carreño, muy especialmente los colectivos vinculados con la pesca y el turismo, se muestra muy preocupado por las consecuencias que para sus negocios tendrá el vertido detectado ayer en la ría de Aboño, que afecta a cinco playas del concejo.

Un dispositivo de setenta operarios, incluido el personal de coordinación, se afana en la limpieza de las playas más dañadas por el vertido, que ha afectado a unos siete kilómetros de costa, según la estimación del servicio del 112.

En total, son cinco las playas más manchadas por el fuel, algunas, como la principal de Perlora, Carranques, presenta especiales dificultades para su limpieza.

No se pueden llevar a pie de playa los contenedores donde se hace el acopio del chapapote que se va recogiendo del arenal y de las piedras y eso requiere de un esfuerzo añadido.

En la playa de Carranques el chapapote tiene que ser transportado en cubos, cuesta arriba, bajo el sol, hasta el lugar donde el camión ha podido depositar el contenedor.

Los operarios, vestidos con monos blancos, recuerdan a los vecinos las operaciones de limpieza de los vertidos procedentes del petrolero Prestige, hundido en 2002.

Algunos de los jóvenes que trabajan desde ayer, martes, en la limpieza de las playas de Carreño eran apenas unos niños cuando se hundió el petrolero, pero sí recuerdan ver "en la tele" a los operarios ataviados como ellos van ahora.

El vertido que se atribuye a la central térmica de Aboño ha sorprendido a algunos vecinos y visitantes del concejo, que todavía hoy acudían a la playa, toalla al cuello, en busca de un lugar donde poder bañarse.

De hecho, en algunas calas, cercanas a la capital del concejo, según algunos de estos bañistas, disfrutar del mar todavía era posible.

Pero el optimismo de estos grupos aislados de bañistas no es compartido por el conjunto de los vecinos, especialmente por los que viven del turismo y de la pesca.

Los pescadores tienen su puerto base cercado por un cordón dispuesto de lado a lado del los espigones para evitar la entrada de galipote (chapapote), por lo que, de momento, han dejado de lado los aparejos y no saben cuándo podrán volver a faenar.

Los hosteleros confían en los meses de julio y agosto, en ciernes, para compensar un ejercicio muy flojo el resto del año.

"Salvo los meses de verano, el resto del año es cero, ahora estábamos esperando por los turistas que no vendrán, porque en toda España se habla de este desastre", ha comentado uno de los propietarios de un bar en primera línea del puerto y la playa de Candás.