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Recuerdos de una vergüenza

25 años después de acabar a patadas y puñetazos, Athletic y Barça vuelven a cruzarse mañana en la final de Copa

AINHOA ALDAY / IVÁN JIMÉNEZ

Veinticinco años después, Athletic y Barcelona vuelven a medirse mañana en una final de Copa. Los recuerdos evocan directamente a los graves incidentes que sucedieron al término de aquel partido ganado por los leones con un gol de Endika. Patadas voladoras, puñetazos, pisotones... son los estigmas de aquella final que hoy avergüenza a sus protagonistas, arrepentidos de haber protagonizado una trifulca tan lamentable y dañina para la imagen del fútbol español.

"A mí me resulta desagradable recordar el final. Todo lo desencadenó un señor llamado Maradona. Los golpes que recibí no conseguirán empañar el magnífico recuerdo que tengo de aquel día y de la alegría que dimos a toda una ciudad", recuerda Sola, uno de los más perjudicados en la batalla. El centrocampista navarro acabó inconsciente y con el labio partido después de que Maradona se ensañara con él.

Otros, sin embargo, van más allá en sus conclusiones. "El problema venía de atrás, desde la entrada que Goiko hizo a Maradona. Fue impotencia por ser derrotado. En realidad, es triste que pase a la historia por eso. Nosotros estábamos en una punta celebrando el triunfo y otros se liaron a golpes. Es injusto que se diga que nosotros buscamos aquello porque sólo queríamos disfrutar del título y del triunfo", asegura Sola.

La famosa entrada de Andoni Goikoetxea a Maradona ha regresado a la actualidad tras la sanción impuesta por el Comité de Competición a Pepe, jugador del Real Madrid. "La sanción a Pepe me parece correcta. Lo mío fue una injusticia. Fue una entrada dura, pero no dejó de ser una entrada en una acción dentro del encuentro. No me volví loco ni empecé a dar patadas a nadie ni puñetazos a ningún jugador. Y por aquel entonces me cayeron 18 partidos", señala aún irritado Goikoetxea.

Aquel violento final de hace 25 años también tuvo sus consecuencias. "Nos sancionaron con tres meses a varios jugadores de los dos equipos. Pero con la marcha de Maradona a Nápoles, nos indultaron, pues no tenía sentido que el que desencadenó toda la gresca no estuviese en la Liga y los demás, tanto del Barcelona como del Athletic, cumpliésemos con una sanción de la que él se libraba", recuerda Txetxu Gallego.

Paco Clos fue uno de los jugadores barcelonistas más activo en el intercambio de golpes. Como todos los que intervinieron en la pelea, es consciente del lunar negro que significaron los incidentes: "Aquella final no me trae muy buenos recuerdos por toda la polémica que hubo durante y al final del partido. Ellos desde el comienzo del encuentro desempeñaron un juego muy duro y agresivo, lo que propició un partido disputadísimo en cada acción. Aquel Bilbao se caracterizaba por su gran potencial físico. Pecamos de desconocer hasta qué punto iban a realizar juego duro. Pero ni mucho menos los recuerdo como injustos vencedores. Cada cual gana los partidos como puede y como sabe".

"El tiempo real de juego de aquel partido fue muy corto. Durante todo el encuentro, hubo muchas interrupciones que únicamente les favorecían a ellos y al tipo de partido que iban a desempeñar", recuerda Víctor Muñoz, que no olvida la persecución a Maradona por parte de los jugadores del Athletic: "A raíz del primer gol, nos dificultaron como pudieron nuestro juego, Maradona era siempre parado en cada pelota que tocaba y lo anularon por completo, ¡para ellos valía todo!".

Maradona todavía está en boca de todos. Sus insultos públicos a Goikoetxea en los días previos al partido y la respuesta del por entonces entrenador del Athletic, Clemente, llamándole "imbécil" generaron el caldo de cultivo que desembocó en la violencia final. "Ellos tenían una manera de jugar que hacía muy difícil la faena del otro equipo, eran difíciles de batir, sabían anular el sistema del rival a base de juego físico... Nosotros teníamos jugadores importantes como Maradona o Schuster que apenas tuvieron ocasión de demostrar su potencial. Siempre eran frenados con juego demasiado duro. Los obcecaron, los sacaron completamente del partido, al igual que al resto de nuestros hombres. El árbitro podría haber impuesto un basta ya durante el enfrentamiento; sin embargo, nos cosieron a patadas".

Carrasco fue el único del jugador del Barça que entró en el vestuario del Athletic para felicitar al campeón, pero eso no le fue suficiente para olvidar lo que sucedió: "La penosa pelea que se produjo la recuerdo como un episodio lamentable en mi carrera y en la de todos los futbolistas que estábamos en aquella final. Muy mala educación deportiva. Por suerte y a día de hoy, no ha vuelto a suceder algo así en nuestro fútbol. Es normal que se recuerde todo el altercado ahora que se dan cita estos dos grandes clubes 25 años después; fue sin duda lo que marcó aquel enfrentamiento y lo que todo espectador recuerda".

Aquella final suponía un choque de estilos. Menotti había encontrado en Clemente a su Bilardo español. El entrenador argentino hablaba de estética, de llenar campos a través del buen juego, de protección arbitral para los habilidosos. Clemente, por su parte, defendía un fútbol aguerrido y vibrante que le había dado dos Ligas al Athletic. El Barça era un equipo de estrellas mundiales y el Athletic, un excelente conjunto de jugadores vascos, algunos bien dotados técnicamente, como De Andrés, Sola, Dani, Sarabia y Argote.

"Que el Athletic vaya a disputar de nuevo la final va a ser algo espectacular. Algo que parecía imposible en los últimos años", reconoce Miguel Sola. Más allá de los títulos que los diferencian, hay un buen puñado de cosas que identifican a ambas generaciones de leones. Quizá porque, como sucedía en 1984, este equipo lo forman chavales normales, vecinos y amigos de la misma afición que les apoya cada jornada en La Catedral. Once chicos de barrio que no entienden el término galáctico.

"Se nos denominó equipo de aldeanos. Pienso que se nos llamaba así con cierto desprecio. A nivel nacional, no se valoró todo lo que conseguimos. Fuimos un equipo de realización, de buen juego y de goles. No sólo jugábamos al patadón, como se decía en el resto de España", recuerda resentido el ex portero bilbaíno Meléndez, suplente en la final.

"La Quinta del Buitre fue la leche. Pero nosotros tampoco nos quedamos cortos. Ganamos muchos títulos y disputamos varias finales más. Además, jugábamos en Europa. Aquellos aldeanos, como nos llamaban entonces, ganamos a un Barcelona tan bueno o más que el de ahora. Además de Maradona o Schuster, era una auténtica selección española. Tenemos nuestro mérito", coincide Santi Urkiaga con su compañero.

Otros, como Goikoetxea, lo recuerdan de manera distinta. "A mí me llenaba de orgullo que nos considerasen de pueblo. Era una forma de reivindicarnos y decir: nosotros que somos de pueblo hemos ganado al mismísimo Barcelona. Además, por aquel entonces, yo ya era internacional y lo tenía superado".

Si algo no genera duda alguna entre los viejos leones es el apoyo que tendrá el equipo por parte de la afición. Después de los problemas por el polémico sorteo de entradas, 14.800 afortunados podrán seguir desde las gradas de Mestalla a su equipo. "Tengo claro que la afición del Athletic animará mucho más que la del Barcelona. La diferencia es que para nosotros es el Partido y para ellos, uno más de tantos", opina Sola. "Tenemos muchísimas posibilidades de ganar. No es algo utópico. El Barcelona se está jugando el tipo en la Champions y en la Liga", resume De la Fuente. Sola lo ve más complicado. "La capacidad del Barcelona de hacer goles es muy superior. Por eso creo que habrá pocos goles si el Athletic gana. Deberá marcar y amarrar el resultado. Tal y como nosotros hicimos", razona el ex jugador de Athletic y Osasuna.

 Cierto es que a un solo partido puede pasar de todo. En una final, la efectividad es lo que cuenta, no tanto el buen juego. "Por  mucho que se jueguen en la Liga de Campeones, no van a tirar la Copa y menos habiendo llegado hasta la final", vaticina Sola. "No obstante, es bueno para nosotros que el Barcelona acuda como favorito: eso nos libera de presión", añade Goikoetxea.

"Aquel Bilbao no se parece en nada al actual. Este Athletic tiene carácter, pero le falta algo de aquel. En el Barça, también hay diferencia, pero para mejor. La técnica colectiva de este Barça es sublime", reflexiona Carrasco.

"La final de este año será diferente a la que sufrimos nosotros, más que nada porque si antes estaba Maradona para parar como fuese, ahora están Messi, Iniesta, Etoo, Xavi Todos tienen una gran calidad en el uno contra uno. Eran equipos distintos. Esto no quita que el Bilbao no pueda hacer nada", apunta Víctor Muñoz.

Para Julio Alberto, sin embargo, la final tiene claro color azulgrana por la diferencia de calidad: "No existe ningún tipo de paralelismo entre aquella final y esta. El Barça está muy por encima del Bilbao esta temporada, es el mejor equipo de Europa y del mundo. La clave es que los jugadores de Guardiola salgan al campo con la máxima humildad y a jugar fuerte y duro".

Athletic: Zubizarreta; Urkiaga, Liceranzu, Goikoetxea, Núñez; De Andrés, Patxi Salinas, Urtubi; Dani, Endika (Sarabia, m. 60) y Argote (Gallego, m. 86).

Barcerlona: Urruti; Sánchez, Migueli, Alexanco, Julio Alberto; Víctor, Schuster, Rojo (Clos, m. 62); Carrasco, Maradona y Marcos.

Gol: 1-0. M. 14. Argote devuelve al área un balón escupido tras un córner, Endika lo baja con el pecho y, solo ante Urruti, marca con la izquierda.

Árbitro: Franco Martínez. Amarilla a Carrasco, Patxi Salinas, Urtubi, Liceranzu, Alexanco, Schuster y Víctor, todas ellas por juego violento.

Santiago Bernabéu: 100.000 espectadores, la mayoría del Athletic. 90 millones de pesetas de recaudación. La llegada de los reyes de España fue saludada con grandes aplausos. Junto a ellos, en el palco, Felipe González, presidente del Gobierno, y varios ministros.

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