Público
Público

La renovación llega al PSOE valenciano

Alarte y Noguera parten como los candidatos con más opciones // La dirección federal quiere una dirección renovada generacionalmente e integradora

GONZALO LÓPEZ ALBA

Renovación generacional. Ésta es la apuesta decidida del PSOE para su federación en la Comunidad de Valencia, sumida en una profunda crisis desde que, en 1995, Joan Lerma perdió la presidencia del gobierno autonómico frente a Eduardo Zaplana.


Desde entonces, pese a ser la segunda federación más importante del PSOE, con más de 16.000 militantes, no sólo ha sido incapaz de recuperar apoyo electoral sino que también ha perdido peso interno en el partido.
Ahora lo recupera con la llegada de Leire Pajín a la secretaría federal de Organización, un puesto que ya ocupó otro valenciano, Ciprià Ciscar, entre 1994 y  2000.


Con la lección aprendida de Ciscar, Pajín tiene claro que no podrá actuar como “juez y parte”, pero ello no implica que, habiéndose convertido en el principal referente del socialismo valenciano, vaya a mantenerse al margen de lo que ocurra en su federación de origen, que tiene convocado su congreso para los días 26 a 28 de septiembre. Pajín moverá los hilos, pero si hay que asumir algún desgaste público, lo hará en esta ocasión el vicesecretario general, José Blanco.


La designación de Pajín como portavoz de la delegación valenciana en el 37 Congreso federal, que hubo de vencer la resistencia de Joan Lerma –presidente de la gestora–, ya provocó un aliento de esperanza entre los militantes valencianos, cansados de más de una década de intrigas y guerras intestinas entre casi siempre los mismos protagonistas desde los años ochenta.


Los candidatos
Esta es una de las principales razones por las que la dirección federal del PSOE cree que el congreso valenciano debe hacerse en clave de renovación generacional, más allá de quién sea el próximo secretario general. Con esta premisa, de entre los cuatro precandidatos las principales opciones se reparten entre Jorge Alarte y Ana Noguera.
Alarte, alcalde de Alaquàs, tiene 35 años y fue el primero en postularse. La última en hacerlo ha sido Noguera, de 44 años, diputada autonómica y ex dirigente de Izquierda Socialista, de la que se ha desmarcado para no poner las puertas de una corriente minoritaria a sus aspiraciones políticas.
La dirección federal no apuesta, al menos por ahora, explícitamente por ninguno, pero confía en que a Alarte y Noguera se sume Francesc Romeu, de 34 años, director de la escuela Jaime Vera, y que entre los tres sean capaces de formar un equipo renovado, fuerte e integrador.


Pasar página
“Hay una mayoría silenciosa por el cambio que decidirá quién es el elegido. Ganará el que sea capaz de interpretar mejor ese deseo de los militantes de olvidar las viejas heridas y pasar la página”, sostienen fuentes del PSPV.


Así, aunque Ximo Puig es el precandidato que parte con más fuerzas propias, es el que aparece primero en el descarte, dada su edad –49 años– y su estrecha vinculación con Lerma y Pla. Puig, pese a haber lanzado una campaña que imita la del “cambio tranquilo” de Zapatero y a contar con el apoyo de diputados jóvenes como Carmen Montón y Erick Campos,  representa precisamente el pasado del que se quiere pasar la página.Aunque no se han postulado como candidatos, hay otros dos nombres en la recámara. Uno es el de Ángel Luna, ex alcalde de Alicante y portavoz adjunto en las Cortes valencianas, pero por su larga trayectoria, pese a haberse mantenido al margen de las guerras internas, no encaja en la imagen de la renovación generacional. El otro es el del alcalde de Elche, Alejandro Soler, que goza de buena opinión en Ferraz, que le distinguió incluyéndole en la Mesa del 37 Congreso, pero con el que no se quiere experimentar al ser el único alcalde de socialista de una ciudad importante en la Comunidad Valenciana. Aunque el PSOE valenciano aún tiene más de 170 alcaldes, en las elecciones municipales y autonómicas de 2007 perdió en feudos importantes. En los comicios generales de marzo, la presencia de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, permitió mantener el tipo y contener la sangría, pero nada más. El partido ya estaba, y sigue ahora, gobernado por una gestora tras la dimisión forzada de Joan Ignasi Pla por un presunto trato de favor con un constructor.Pla no cumplió las expectativas que en él habían depositado José Luis Rodríguez Zapatero y José Blanco. Fracasó como candidato electoral, en 2003 y 2007, y como líder orgánico. Aunque, tras destituirle como ministro, Zapatero apuntó a Jordi Sevilla como posible alternativa, el diputado por Castellón no encontró el apoyo suficiente ni en el PSPV ni en Ferraz y se ha desentendido por completo de la batalla orgánica, que ha abocado ya a dos gestoras.


Tras la derrota electoral de 1995, Lerma fue sustituido por Joan Romero, que se hizo con el liderazgo del partido por un estrechísimo margen de votos. La falta de apoyo interno y su propio carácter heterodoxo le llevaron a dimitir como candidato electoral en 1999, en plena precampaña y cuando ya estaba repartida la cartelería con su imagen. Le sustituyó aprisa y corriendo Antoni Asunción, que, derrotado también por Eduardo Zaplana, no aguantó en la oposición.


La sombra de Lerma
Joan Ignasi Pla, con Lerma de presidente en su candidatura, ganó el congreso extraordinario que se celebró tras la espantada de Asunción, pero el resultado fue anulado por Ciscar, a la sazón secretario de Organización, y se formó una gestora presidida por Juana Serna.
Tras la caída de Ciscar, Pla volvió a presentarse y se hizo en 2000 con la secretaría general. Ahora, de nuevo, el partido está en manos de una gestora, con Lerma de nuevo al frente. Pero la sombra del tótem del socialismo valenciano cada vez es menos alargada. Se recortó con la designación de Leire Pajín como portavoz valenciana en el 37 Congreso federal, se replegó con sus nombramiento como número tres del PSOE y el cambio que se produzca en la federación valenciana habrá de estar en la onda del símbolo de la renovación zapaterista.

 Joaquim Puig es el más veterano de los cuatro en discordia. Él viene precisamente de los tiempos del Partit Socialista del País Valencià, una formación autóctona que acabó fusionándose con el PSOE para formar su federación valenciana (PSPV-PSOE). Es gato viejo en el oficio y presume de ser alcalde en una población de poco más de mil habitantes –Morella–, pero donde se encastillaron personajes como el Cid o el general Cabrera. También Puig parece dispuesto a hacer valer el peso de la historia, aunque no le gusta que le relacionen con el lermismo recalcitrante. Sin embargo, es un hecho que fue director del Gabinete de Joan Lerma en la época en que la Generalitat era socialista.


Para la situación actual, Ximo Puig propone una receta muy en línea con el zapaterismo: más valencianismo, más federalismo y más diálogo. Está abierto incluso a no ser el candidato a la Generalitat en 2011. Esa milonga se llama bicefalia, aunque también podría ser un bonito nombre para una vaca.

 Con 34 años, es el benjamín de los cuatro candidatos, aunque sólo tiene uno menos que Jorge Alarte (Ximo Puig está ya en los 49, y Ana Noguera, nació en 1964).


Preside la Fundación Jaime Vera (una escuela de formación de cargos orgánicos y públicos del PSOE a nivel nacional), y por lo tanto está a priori en la onda de José Blanco, aunque el hecho de coincidir con é no significa en absoluto que Romeu sea su hombre en Valencia.


El chico, el yerno perfecto para cualquier suegra, tiene prestancia, ambición y presume también de haber sido el más votado en su pueblo, Silla. Eso fue en 1999, aunque se quedó a un concejal de la mayoría absoluta y un acuerdo de los demás grupos políticos le impidió ser alcalde. Reclama sin ambages “un partido moderno e inteligente para una sociedad moderna e inteligente”. A eso se le llama tirar los tejos. La boda, sin embargo, tendrá que esperar, porque no parece, a día de hoy, que Romeu sea el favorito de Ferraz.

Aunque nació en Krefeld (Alemania), o precisamente por eso, Ana Noguera tiene un perfil helénico que puede dotar con cierto glamour la carrera hacia la secretaría general del socialismo valenciano. Ha sido la última en presentar su candidatura, y viene pertrechada con un bagaje intelectual nada desdeñable, que incluye un doctorado sobre marxismo analítico en el Departamento de Filosofía Moral y Política de la Universitat de València. Su pertenencia histórica a Izquierda Socialista no le impidió contar con la confianza del partido para batirse con Rita Barberá en pos de la alcaldía de Valencia. Por supuesto perdió, porque Rita es un monstruo populachero que controla la ciudad del Turia desde hace dos décadas, con la santa desvergüenza de no haber dicho nunca ni Bon dia (Buenos días) en la lengua propia del lugar. Con el aval de haberse enfrentado a ese fenómeno irracional, Noguera vuelve ahora por sus fueros y se postula, con seguridad hegeliana, para primera secretaria del PSPV.

José Luis Ábalos es el último, por el momento, en situarse en la línea de salida para esta carrera. Concejal en el ayuntamiento de Valencia desde 1999 y presidente local del PSPV, de Ábalos se recuerda que perdió por poco ante Joan Ignasi Pla en el congreso del año 2000 que encumbró a éste como secretario general del socialismo valenciano.


Sin embargo, dos meses antes había apoyado a Zapatero en el cónclave federal en donde el de León se impuso a animales políticos de la talla del presidente del Congreso, José Bono, o la actual portavoz de UPyD en la Cámara Baja, Rosa Diez.


Ábalos ha esperado cuidadosamente a que finalizara el reciente congreso federal del PSOE para lanzarse al ruedo. Tiene la lección bien aprendida, así que lo primero que le ha dicho a los periodistas es que “para saber ganar hay que saber perder”. Luego ha recordado que el PSPV, si quiere salir de la oposición, tiene que enarbolar tres banderas: la cohesión social, la igualdad de oportunidades y el valencianismo. Con esa letra cree que se puede componer un gran himno. Ahora sólo falta la música. 

 

Más noticias de Política y Sociedad