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El 'shock Volcker'

La pasión de Zapatero por el ex presidente de la Reserva Federal

ERNESTO EKAIZER

Es 21 de septiembre de 2010 y estamos en Nueva York. Zapatero ha regresado a su residencia ocasional desde el centro, de la Avenida de las Américas, sede de The Wall Street Journal, donde ha mantenido una larga reunión con el equipo de editorialistas del periódico y se dispone a recibir a Paul Volcker, asesor del presidente Obama y ex presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (1979/1987). En las imágenes que están colocadas en la página web de la Moncloa, Zapatero está feliz, sonríe con naturalidad y ganas repantingado en uno de los sillones del salón. Volcker, sentado en otro, está contándole una historia. Los ojillos de Zapatero se desplazan hacia arriba, quizá en dirección a la persona que oficia de intérprete. Porque si algo define a Volcker es no tanto su tono, agravado por su afición a los puros de larga duración, sino su dificultad para vocalizar. Y hete aquí que cazado esta semana en una visita relámpago a París y Londres, Zapatero le ha invitado a pasar unas horas en Madrid, las suficientes para aterrizar en el acto del "informe económico del presidente" y almorzar en la Moncloa.

Conocí a Volcker en junio de 2005, cuando me concedió una entrevista en su discreto despacho del Rockefeller Center. "Estamos consumiendo como locos. Un 6% más de lo que producimos. Esa es la cifra de nuestro déficit por cuenta corriente en términos de PIB. Somos como los patinadores sobre hielo. Solo que es un hielo cada vez más delgado. Esta situación económica y financiera no puede durar", me dijo. Tuvo razón. Dos años después, el hielo comenzó a quebrarse.

Pero lo que me interesa evocar es el paralelismo entre Volcker y Zapatero. Cruzada por cruzada. Llegó Volcker a la Reserva Federal para quebrar la inflación y restaurar la confianza de los mercados en el dólar. Y lo hizo no solo técnicamente (subiendo los tipos de interés del 8% en 1978 a más del 19% en 1981, el llamado shock Volcker) sino, lo más importante, a través de una cruzada contra los sindicatos. En primerísimo lugar, respaldó el pulso del presidente Ronald Reagan con los controladores.

En la entrevista de junio de 2005, cuando le apunté que el Banco Central Europeo (BCE) decía que en torno a las reformas (laboral, de pensiones y otras) se jugaba, este hombre que mide dos metros largos y tiene ahora 83 años, me dijo: "Mire, uno de los grandes cambios en mi época y en la del presidente Reagan consistió en debilitar a los sindicatos".

Y añadió: "Lo más significativo que hizo Reagan fue acabar con la huelga de los controladores aéreos. El plan que rechazaban había sido heredado por Reagan del presidente Jimmy Carter, pero él no se echó atrás. La gente pensaba que los controladores no iban a desistir de la huelga. Pero lo hicieron. La firmeza ante esa huelga fue la conducta más importante de la Administración Reagan en ayuda de la lucha antiinflacionista. No creo que los sindicatos sean tan agresivos en Europa. Pero aun cuando sé que no es original lo que digo, los países europeos le han hecho la vida fácil, en muchos casos, a aquellos que están en paro".

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