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El soul "made in" Duffy reivindica su espacio ante el público madrileño

EFE

Duffy ya no quiere ser el alter ego blando de Amy. Quizás al principio no le vino mal seguir su sombra, pero la galesa ha dejado hoy claro en su concierto de Madrid, en el que presentaba su álbum debut "Rockferry", que su voz merece un espacio propio en la nueva corriente británica de exuberante soul clásico.

No hay nada como caer en buenas manos, sobre todo en el mundo de la producción musical. Dar con el Rey Midas idóneo que vea el hueco en el mercado y sepa conjugar el talento vocal con la imagen de marca, hasta proyectar toda la mezcla a los titulares de medio planeta.

Hace unos tres años, Aimee Anne Duffy era una desconocida chica galesa que sólo cantaba -aunque nada mal- en la ducha de su casa y en algún pub de la pequeña ciudad de Rockferry, pero se le ocurrió presentarse a un casting de "Wawfactor", el equivalente británico de "Factor X", y acabó quedando segunda.

Hasta ahí nada fuera de lo común. Su voz podía haberse perdido igualmente entre la masa de ex-estrellas televisivas si no fuese porque el veterano Bernard Butler, referente del britpop como compañero de batalla de Bret Anderson en Suede, se fijó en su cadencia añeja.

Entonces le hizo mirarse de frente en el espejo de las grandes divas del soul de los 60, y la inocente Aimee Anne se convirtió en la angelical Duffy, revés mediático del icono "fiestero" Winehouse, quien también tuvo en el productor Mark Ronson su particular Midas: Hueco, talento, imagen de marca.