Público
Público

'La vida loca' mató al fotógrafo Christian Poveda en El Salvador

La fiscal Carranza ya ha desentrañado el asesinato del autor del mejor documental sobre las maras

Publicidad
Media: 2
Votos: 1

'La película que le costó la vida a Christian Poveda'. Estamos en el centro de San Salvador, territorio de buhoneros. Aquí también hay top ten de películas piratas. Y entre los típicos filmes de Hollywood sobresale un producto nacional: La vida loca, el documental rodado por el fotógrafo francoespañol que retrata la descarnada vida de una mara (pandilla centroamericana). El título original de la película ha sido sustituido en la carátula por otro, el que abre esta crónica. Manda el olfato comercial de los vendedores.

El documental es la pieza clave en la investigación del asesinato del fotoperiodista. No hay ninguna duda de que La vida loca mató a Poveda. Pero quedan varios misterios por resolver: ¿Quiénes fueron los verdugos? ¿Por qué lo hicieron?

La investigación, encabezada por la fiscal Maricela Carranza, busca luz en un mundo donde sólo la sangre sustituye a las sombras. 'El móvil fue la traición. Hubo reclamos de la pandilla, se sintieron expuestos', mantiene Carranza. Sobre esta joven fiscal ha recaído el caso estrella de la nueva Administración salvadoreña. Y no sólo el Gobierno está al quite, 'también las embajadas de Francia y España han presionado', reconoce con una sonrisa. Según la ONU, el triángulo del norte (El Salvador, Honduras y Guatemala) es la región más violenta del mundo en cuanto a delincuencia ordinaria. ¿Culpables? Narcotráfico, maras, corrupción...

Cuatro pandilleros mataron al periodista a raíz de la acusación del policía Napoleón 

El testigo estrella de la Fiscalía pertenece al entorno de los sospechosos, pero ni siquiera estuvo presente en el asesinato, sólo escuchó cómo lo relataban. Los presuntos ejecutores de los cuatro disparos que acabaron con la vida de Poveda son cuatro pandilleros de La Campanera, la catedral (capital del territorio) de la Mara 18 y centro de operaciones del fotógrafo. Toro, Puma, Tiger y Cholo ejecutaron a Poveda tras el visto bueno de El Molleja desde la prisión de Cojutepeque. Los cuatro mareros se dedicaban al robo, al menudeo de droga y a la extorsión. También mataban, algo usual en un pandillero. Ninguno de ellos aparece en el documental.

¿Y el policía? Según las investigaciones, el agente Juan Napoleón es hermano del padre de Toro. Fue el propio policía, que ya era investigado por asuntos internos por su vinculación con la M18, quien acusó a Poveda de colaborar con la Policía. 'El agente destapó los demonios, los pandilleros empezaron a murmurar, hablaron con las cárceles, movilizaron la información y se lo comunicaron al jefe. Ellos piden su aval y él dice: hay que matarlo', desveló para Público la fiscal Carranza.

La Policía salvadoreña no guarda ningún parecido con el CSI. Las huellas encontradas en el vehículo de Poveda no han sido todavía identificadas. Tampoco ha finalizado el cotejo de las llamadas entre Poveda y sus asesinos. En tal tesitura, la condena parece muy lejana todavía, con unas tesis apoyadas únicamente en el testigo protegido. 'Pero voy por buen camino. La investigación fortalece estas líneas. Estoy convencida de que son ellos', sostiene Carranza con firmeza. 'Poveda les tenía mucho cariño, los defendía y hasta cierto punto los justificaba. Pero él se involucró demasiado y perdió de vista que ellos no respetan ni a su madre. Se había convertido en un personaje que sabía demasiado'.

'Un año antes del crimen ya nos habían advertido que Poveda estaba condenado a muerte'

La versión oficial tiene detractores. Edgar Romero, el fotoperiodista más próximo a Poveda y a su mujer (que ha decidido no hablar por orden de sus abogados, que llevan el caso desde España), prefiere callar. De momento. Pero en su entorno se han disparado muchas conjeturas. Como la de Luis Romero, Panza Loca, ex pandillero y líder de Homies Unidos, una ONG que busca salidas a los mareros. 'Si Poveda trabajaba para ellos y les ayudaba, a mí se me hace muy difícil comprender que los mismos jóvenes le hayan querido fregar', declaró Romero tras el asesinato. Esta teoría conspiratoria sostiene que con el asesinato de Poveda se acabó con cualquier intento de una vía de reinserción social. El fotógrafo español había sufrido distintos encontronazos con el anterior Gobierno de la derechista Arena, lo que avalaría esta tesis.

'No te equivoques, un marero siempre mata por una razón', señaló a Público P. M., quien lleva años conviviendo con las maras salvadoreñas y sabe a la perfección cuáles son sus códigos. 'Un año antes del crimen ya nos habían advertido que Poveda estaba condenado a muerte. ¿Por qué? Le mataron porque se sentían utilizados por él'. En la Mara 18, rival a muerte de los Salvatrucha, no gustó la comercialización pirata que se hizo de la película, a la que Poveda era ajeno. De hecho, los propios mareros impusieron un impuesto en la venta callejera del DVD.

En otro conflicto muy distante, en tiempo y espacio, el periodista Fowler (El americano impasible, de Graham Green), descreído e imparcial, al final acababa tomando partido. Poveda lo hizo desde el principio. Y le costó la vida.

Más noticias en Política y Sociedad