Cinco hábitos para evitar gastos innecesarios
Convertir el ahorro en parte de nuestra rutina es indispensable si se quiere evitar dilapidar el dinero.
Zaragoza-
Ahorrar es uno de los grandes retos de toda economía doméstica, algo que no resulta nada sencillo. Mucho menos en una época marcada por la inflación, los bajos salarios o la crisis habitacional. Por ello, el arte de meter dinero en la hucha requiere de una determinación férrea para poder llevarlo a cabo. Aunque existe otra aproximación, seguramente más útil para llevarlo a la práctica: convertir el ahorro en un hábito.
Al fin y al cabo, los hábitos son patrones de conducta que tenemos completamente interiorizados. Cumplirlos no supone un esfuerzo extra ya que son parte de la rutina. Construir un hábito, eso sí, requiere dedicación y constancia. Aunque existe la creencia muy extendida de que se necesitan 21 días para que una novedad se asimile como hábito, lo cierto es que se trata de un mito. En realidad depende de muchos factores, incluida la personalidad de cada individuo. Una investigación del University College de Londres calculó un promedio de unos 66 días para convertir una conducta en un hábito, aunque el mismo paper refleja que algunas personas pueden tardar hasta 200 días en interiorizar un comportamiento.
Por ello, lo ideal es ir poco a poco poniendo en práctica estos nuevos procedimientos hasta que se interioricen por completo. Muchos de ellos pueden llevarnos a evitar aquellos gastos innecesarios que, en parte, torpedean nuestra capacidad de ahorro.
1. Cocina en casa
Cocinar en casa siempre es más económico que comer por ahí, además de por norma general, más saludable. Esto vale para todas las comidas del día, desde el desayuno hasta la cena. También, incluso, para los pequeños snacks que podemos consumir entre horas. Cuanto mayor sea la planificación a este respecto, más fácil será ahorrar dinero en el medio plazo. También porque nos obligará a realizar una lista de la compra eficiente, en la que podamos aprovechar mejor todos los productos que en ella incluyamos.
A este respecto, técnicas como el batch cooking permiten estirar cada ingrediente y frenar el desperdicio doméstico. Además de ayudar a que no perdamos demasiado tiempo en la cocina. Al fin y al cabo, con una jornada entre fogones se puede preparar el menú de todo el fin de semana. Evidentemente, el cocinar en casa no significa que no se pueda salir a comer o cenar por ahí de vez en cuando, especialmente para celebraciones o para socializar. La idea, eso sí, es reducir al máximo los gastos hormiga, también esas veces en las que se acaba gastando de más por no haber planificado con antelación.
2. Usa efectivo en lugar de tarjeta
Ahora prácticamente todo se puede pagar con tarjeta de crédito o de débito. Desde un café o una chocolatina hasta un carro de la compra lleno hasta los topes. De hecho, ya ni siquiera es necesaria la tarjeta per se, pues se puede pagar con el móvil o con el smartwatch. Desde luego se trata de un sistema muy cómodo, motivo por el cual se ha estandarizado rápidamente en la sociedad actual. Claro que, como todo lo confortable, posee un inconveniente: es más difícil controlar el gasto.
Es el llamado efecto de desacoplamiento del pago y, por supuesto, está perfectamente estudiado por parte del marketing. Al no ver el dinero cambiar de manos, o desaparecer del monedero de manera literal, el freno psicológico a realizar un desembolso es menor. Es decir, no existe lo que técnicamente se conoce como dolor de pagar. Las empresas lo saben y lo potencian; de ahí que utilizar el efectivo por norma nos pueda ayudar a reducir aquellos gastos innecesarios.
3. Lleva un calendario con todas tus suscripciones
Evitar el dolor de pagar también es el principal mecanismo de la economía de suscripciones que está tan en boga. Solo que aquí la transacción se "oculta" mediante la domiciliación, claro. Pero, en esencia, el mecanismo es el mismo. Por ejemplo, las plataformas de streaming buscan que nos abonemos a una de ellas y, a partir de ahí, confían sus ingresos a que no nos demos de baja. Lo mismo que pasaba anteriormente con el gimnasio o la academia de inglés. Mientras se vaya pagando mes a mes, que usemos o no su producto es secundario para ellos.
Evidentemente no para nosotros, sobre todo si la idea es suprimir los gastos innecesarios. Por ello, no sólo es preciso hacer un escrutinio de qué pagos domiciliados son útiles y cuáles no, sino que éste se debe revisar de manera periódica. Para ello es muy útil utilizar un calendario con alarmas que se activen los días previos a los que venza cada pago. De esta manera podremos hacer una valoración mensual sobre el uso que realizamos de cada servicio y ponderar si seguir un mes más o no. Siguiendo con el ejemplo de las plataformas, la mayoría de ellas no poseen penalización alguna por darse de baja. Así que la idea es tener activas solo aquellas que queramos utilizar, en lugar de pagar todas y luego elegir qué ver.
4. Traduce el precio en horas de trabajo
Muchos de estos consejos están encaminados a tomar conciencia del valor del dinero. Al fin y al cabo, si se malgasta en muchas ocasiones es porque se pierde la perspectiva de lo que cuesta ganarlo. Para realizar este ejercicio de contextualización una práctica muy útil es calcular nuestro sueldo en horas y, a partir de ahí, traducir el precio de cada producto en el tiempo trabajado que nos ha costado poder comprarlo.
Es una técnica que quizá requiere de una cierta proactividad en un inicio, pero que una vez que se interioriza se aplica de manera casi automática. De esta manera se puede valorar mejor lo que cuestan las cosas realmente; y a partir de ahí decidir si queremos gastarnos ese dinero o no.
5. Aplica la regla de las 48 horas
Dentro de todo presupuesto doméstico puede ser habitual reservar una pequeña partida para caprichos o gastos no previstos. Lo que no significa que haya que agotarla de manera obligatoria. De hecho, es una oportunidad para realizar un ahorro extra, pues la mayoría de lo que se incluye allí son por definición gastos no necesarios.
Para determinar si de verdad se desea un producto una buena práctica es aplicar la regla de las 48 horas. O lo que es lo mismo, esperar dos días antes de ejecutar una compra para evitar posibles conductas compulsivas. Tiene explicación científica, pues ayuda a disminuir los niveles de dopamina que el cerebro suele liberar ante la idea de realizar una compra. De esta manera, la decisión de si adquirir el producto o no se puede realizar de una manera más racional.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.