Así es el método de las cuatro huchas para el ahorro infantil
El concepto de ahorro puede ser demasiado abstracto para los más pequeños, aunque de esta manera podrán comprenderlo más fácilmente.

Zaragoza-
La educación financiera en niños es un asunto importante. Sobre todo, para que los más pequeños de la casa puedan comprender el valor del dinero. Al fin y al cabo se trata de un constructo social vital en la sociedad capitalista en la que vivimos, pero cuya dimensión puede ser difícil de asimilar si no se pone en práctica. También ayuda para que, poco a poco, los más pequeños vayan interiorizando conceptos como la gestión y la priorización de los recursos. Asuntos básicos que, sin son adquiridos a una edad temporada, les ayuda a ganar terreno.
Aunque pueda parecer un asunto complejo, en parte porque lo es, existen métodos que pueden ayudar a ir introduciendo a los niños en este mundo más propio de los adultos. Uno de los más populares es el llamado método de las cuatro huchas, también conocodo como GISS por sus siglas en inglés (give, invest, save y spend, que vendía a significar: donación, inversión, ahorro y gasto).
En el fondo se trata de una adaptación infantil del método de ahorro de Harv Eker, un sistema de gestión financiera personal que organiza los ingresos en seis cuentas porcentuales que poseen la misión de asegurar el ahorro y controlar los gastos. Básicamente, propone dividir los ingresos de un hogar de la siguiente manera: 50% destinado a cubrir necesidades, 10% para inversiones, 10% en educación, 10% para ahorro a largo plazo, 10% destinado ocio y el 10% restante en donativos.
Qué es el método de las cuatro huchas
Evidentemente, los niños no tienen ingresos per se. No obstante, la mayoría suele recibir algún tipo de paga, ya sea semanal o mensual, así como regalos monetarios en fechas especiales: cumpleaños, Navidad, visitas de familiares lejanos… La idea es, por lo tanto, ayudarles a administrar esas cantidades mediante el método de las cuatro huchas. ¿Y en qué consiste? Pues es muy sencillo, trataremos de dividir la cantidad que reciba el niño en cuatro apartados diferentes. Cada uno con un objetivo concreto. Así, las categorías propuestas son las siguientes.
Gastos (50%)
Los niños tienen todas sus necesidades básicas cubiertas por los adultos responsables de su bienestar. Por ello, en su caso, la mayor partida va dirigida a gastos varios. Estamos hablando básicamente de sus caprichos, aquellas cosas que se quieren comprar pero no necesitan. Es decir, golosinas, juguetes, cromos… Los típicos objetos que se suelen adquirir con la propina. Claro que, con este método, en lugar de invertir la cantidad completa en satisfacer estos deseos, se limita a un 50%. Una manera de empezar a comprender que no siempre se puede comprar todo lo que se anhela. También para que, en caso de que se compren algo que luego no les guste, interioricen la importancia de seleccionar correctamente en que se invierte.
Ahorro (25%)
La segunda partida más grande va destinada al ahorro. Guardar dinero es, fundamentalmente, un hábito. Por ello, aprender a ahorrar es importante de cara a una vida futura. No obstante, ahorrar en abstracto puede ser muy difícil de comprender para un infante. Por ello, no es mala idea establecer un objetivo que permita entender la recompensa que puede implicar el ahorro. Puede ser, por ejemplo, un viaje a un parque temático, también algo caro que quiera comprarse: una bicicleta, un ordenador, un videojuego, etc. No hace falta que lo costee todo, pero sí al menos llegar a una meta para que los adultos aportemos el resto. Lo importante aquí es que vea que el ahorro tiene una razón de ser.
Cultura (15%)
Originalmente, según el concepto anglosajón, el 15% va dirigido a inversiones. Es decir, productos que les puedan generar un rendimiento futuro. Se trata de un concepto que puede ser complicado de entender para los más pequeños, a causa de lo abstracto de lo mismo.
En este caso, proponemos sustituir esta partida por una específica de cultura, lo que ayuda a diferenciarla de gastos por entender que no se trata de un mero capricho. ¿Qué podemos entender por cultura? Básicamente, aquellos productos por los que el infante muestre interés: libros, tebeos, ir al cine, una excursión al museo… Una suerte de bono cultural que poder emplear en algo que, a la larga, va a ayudar en su formación personal.
¿Y qué sucede con la inversión? Esta se puede incluir dentro de la partida del ahorro cuando los niños sean un poco más mayores. Es decir, en lugar de guardar el dinero en una hucha, se puede buscar un producto bancario que ofrezca algún tipo de rendimiento sin riesgo y así poder explicarles el funcionamiento.
Donativos (10%)
Esta última parte está pensada para mentalizar a los niños del privilegio que supone el tener dinero, así como lo importante que es compartir con aquellas personas que lo necesitan más. Los niños suelen ser muy empáticos, además de tener sus preferencias y/o preocupaciones. Por ello, una buena idea es dejarles elegir la causa a la que quieren aportar. Quizá sea un refugio de animales o alguna causa humanitaria que puedan entender. Las donaciones tendrán que realizarlas los adultos en su nombre, pero les ayudará a ser conscientes de que con su dinero también pueden ayudar a los demás.

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