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Asesinos por marfil

El biólogo Luis Arranz, premio de la Sociedad Geográfica Española, narra la lucha entre guardas y furtivos en una reserva de Chad

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Allam Yousouf tenía 58 años, aproximadamente (en los carnés de identidad de Chad, la fecha de nacimiento suele incluir un “hacia” antes del año), cuando empezó a trabajar como guarda en el Parque Nacional de Zakouma , en 1970. Yousouf conoció los buenos años del parque, y conoció los malos, cuando todo el mundo, debido a la situación del país, lo abandonó. Entonces fue cuando él y un grupo de guardas, sin ningún apoyo y con un sueldo ridículo del Gobierno que sólo a veces llegaba, consiguieron que Zakouma siguiera existiendo.

En el año 1989, la UE comenzó a aportar dinero para recuperar el parque. Los guardas recibieron sus sueldos, se recuperaron las poblaciones de animales y entre todos volvimos a hacer de Zakouma un paraíso. A Allam Yousouf le gustaba el parque. Lo conocía como pocos, y cada vez que hablábamos me contaba alguna anécdota de sus años pasados allí. Ya le quedaba poco para jubilarse y estaba contento y orgulloso, pues decía que había incluso más elefantes que cuando se creó el parque, en 1963. Sin embargo, la demanda de marfil era tan alta que los furtivos estaban dispuestos a todo para conseguirlo.

El 17 de mayo de 2007, Allam salió de patrulla con un grupo de guardas cuando oyó disparos. Los agentes se acercaron para cumplir su trabajo y, esta vez, en uno de tantos enfrentamientos con los furtivos, Allam murió. Él es uno de los 11 guardas que han dado su vida en los últimos 10 años para intentar salvar este parque, y que nunca serán reconocidos.

Cada vez que cuento a alguien dónde trabajo, todo el mundo me dice la envidia que les doy y la suerte que tengo. Yo pienso, de verdad, que es así. Llevo 28 años trabajando en la conservación de parques nacionales en África o Suramérica, y cada día ves una cosa distinta que te llena. Un amanecer en la selva de Monte Alén, con su bruma y sus sonidos (en la selva tropical es mucho más fácil oír sonidos que ver a quien los emite); una tarde en que, montado en ultraligero, vuelas por encima de más de 2.000 elefantes en el parque de Zakouma; o la posibilidad de estar 30 minutos viendo pasar una bandada de pájaros y tener que irte a casa, aburrido, por que no se acaba nunca.

En esos momentos, que son la mayoría, piensas en la suerte que tienes y te alegras de estar allí. Pero cada vez que he tenido que ir a recuperar el cuerpo de un guarda muerto a manos de los furtivos y he tenido que entregárselo a la familia, me planteo muchas cosas. Sobre todo, por qué tiene que ocurrir algo así.

Porque, en realidad, y es lo más triste, la mayor parte de las veces no ocurre por que la gente necesite cazar para comer. Sucede porque hay gente que, aunque no lo necesita, por capricho –y espero que por ignorancia– no se quiere privar de tener una figura de marfil encima de la televisión, cenar sopa de aleta de tiburón o hacerse un puñal con cuerno de rinoceronte. Creo que por muy bonito que sea, muy bueno que esté o mucha tradición que tenga, simplemente no tenemos derecho a seguir poniendo en peligro la existencia de animales y de hombres.

 

El biólogo Luis Arranz, nacido hace 44 años en Santa Cruz de Tenerife, es responsable del Parque Nacional de Garamba (Congo) y ex director del Parque de Zakouma, en Chad. La Sociedad Geográfica Española le otorgó en febrero su Premio Nacional por su “tenaz lucha contra la caza ilegal” y por proteger la fauna de zonas “amenazadas por la pobreza y los furtivos”. Arranz recogerá el premio el 1 de abril.