Atrapados en el metro en una situación límite: las lecciones que hemos aprendido tras el apagón
Ante una situación inesperada que percibimos como una posible amenaza para la supervivencia, las personas reaccionamos de cuatro formas muy diferentes. Algunas son más útiles y más prácticas que otras. Entonces pueden surgir los líderes altruistas, que buscan salvar a los demás, no solo a sí mismos.

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Una persona da puñetazos a la puerta y grita palabrotas, tres lloran, cuatro hablan en voz baja, una observa en silencio, otra está tirada en el suelo con dificultad para respirar mientras alguien se arrodilla a su lado para ayudarla... El panorama en un vagón de metro que, tras el apagón masivo, lleva cuatro horas parado en un túnel, iluminado solo por las débiles luces de emergencia, parece sacado de una película de catástrofes.
"Quedarte encerrado sin poder salir produce angustia en cualquier persona, es una reacción normal", dice a Público el catedrático de psiquiatría de la Universidad Autónoma de Madrid Luis de Rivera. Hay quien lo gestiona mejor y quien no sabe cómo actuar.
En el día a día, aceptamos estar "encerrados" —en un vagón de metro, un ascensor, el asiento de un vuelo low cost— cuando sabemos que es algo que tendrá una duración concreta y breve. "Si eres consciente de que vas a llegar a tu destino y podrás salir, mantienes esa incomodidad bajo control, es algo que tienes asumido", observa este experto, autor de Crisis emocionales (Espasa, 2010).
Sin embargo, cuando dejamos de estar seguros de si vamos a poder salir, puede llegar el pánico, una reacción que se vuelve mucho más intensa en las personas que sufren claustrofobia, "un trastorno de ansiedad que implica el miedo excesivo a no poder salir. Son la clase de personas que, en un cine, se colocan en los extremos de las filas de butacas o que, cuando entran en una habitación, dejan la puerta abierta. También les angustian las aglomeraciones, no por la gente, sino porque la multitud dificulta los movimientos a la hora de salir rápidamente", señala este experto.
Cuatro perfiles frente a la situación de crisis
La reacción de ansiedad es común a todos ante lo que el instinto percibe como una potencial amenaza para la supervivencia, que empeora, además, si está teñida por la incertidumbre. En lo que nos diferenciamos unos humanos de otros es en las maneras de lidiar con esta situación de estrés, nos explica este psiquiatra.
Una es la respuesta cognitiva, en la que predomina la actividad mental. "Ocurre cuando lo que hacemos es, sobre todo, pensar", apunta. Puede ser proactiva, si lo que pensamos son posibles soluciones o explicaciones tranquilizantes, o contraproducente, si nos ponemos a dar vueltas a posibles desenlaces fatales.
El segundo perfil tiende a decantarse por respuestas conductuales. "Son personas que entran en acción". Eso sí, hay acciones que pueden ser útiles y productivas (abrir la puerta de emergencia con un martillo) o no (darse de golpes con la pared).
Otro grupo es el de las personas emocionales: "Se enfocan en los sentimientos que experimentan (en este caso, sería angustia, prisa, miedo, rabia...) y tienden a expresarlos al exterior". En otras ocasiones, predomina la somatización: "Cuando el cuerpo expresa lo que siente, en una especie de camino intermedio entre la respuesta emocional y la acción. Por ejemplo, cuando en un momento así alguien se pone a llorar, a vomitar o tiene un ataque de diarrea”.
La estrategia más práctica
La respuesta más eficaz si te quedas encerrado es, en opinión del doctor Rivera, una combinación de la cognitiva y la conductual. "Lo prioritario es conservar tu energía y buscar cómo salir: pensar y actuar". Sin embargo, la tendencia a actuar sin más puede producir un exceso de actividad improductiva o destructiva. Y darle vueltas a todo sin más genera una pasividad poco útil.
"Es posible que, después de analizar la situación, decidas que lo mejor es esperar a que lleguen los bomberos. Pero, en ese caso, ese esperar no sería pasividad, sino una decisión activa y razonada", aclara.
El rol de los salvadores
En momentos de amenaza inesperada y estrés generalizado, no es raro que, en medio del descontrol, surja alguien en el grupo que toma el control. "Son personas inteligentes con mucha confianza en sí mismas y altruistas. Piensan en ayudar a los demás, no solo en salvarse a sí mismas", observa Rivera. "El instinto de conservación lo tiene todo el mundo, pero el líder altruista, además de esto, tiene instinto de ayudar a los demás a salvarse" añade.
Este tipo de personalidad se muestra justamente en situaciones de necesidad. Mientras "un líder narcisista busca la forma de imponer su liderazgo como sea, en todas las situaciones en que se encuentra. El altruista, por otro lado, no necesita ser líder, pero cuando hace falta asume esa función con facilidad", nos dice el psiquiatra.
Por otro lado, además del tipo de personalidad que predomina en cada persona, ante una emergencia los humanos solemos decantarnos por dos posturas clave. Podemos pedir socorro o esperar a que alguien se ocupe, "una actitud que también está relacionada con la queja y con la búsqueda de culpables", apunta. En la otra cara de la moneda, podemos pensar que "quien es responsable de salir de la crisis es uno mismo, que nos corresponde buscar la mejor solución posible".
Un paso más allá está el líder altruista, que toma responsabilidad de la situación de los demás, además de la suya propia. "Es una especie de egoísmo ampliado, porque sus soluciones incluyen a los demás seres humanos que están a tu alrededor. La persona que tiene ese rasgo lo hace de forma natural", asegura.
El poder arrasador del efecto contagio
Las emociones se contagian, un hecho que la neurociencia ha estudiado en multitud de escenarios y situaciones. Por ejemplo, si hay una persona muy emocional, es fácil que otros, que hubieran reaccionado de otra manera en otro momento, la imiten y cunda el pánico. Es lo que se llama "histeria colectiva". Si, al contrario, hay una persona que mantiene la calma, también contagia esa tranquilidad a los de su alrededor.
Para el doctor Rivera, no solo no hay duda de que los sentimientos se contagian, sino que, además, estos "se expresan de formas muy sutiles: la rigidez de la cara, la forma de moverse...".
En su experiencia, mantener la calma es la herramienta más útil que podemos poner en práctica en una situación de peligro o incertidumbre como la que vivieron nuestros protagonistas en el metro durante el apagón del pasado lunes. Es algo natural que todos podemos hacer, "pero varía de unas personas a otras".
La buena noticia es que la capacidad de actuar desde la calma se puede desarrollar o entrenar. "Podemos entrenar las partes del sistema nervioso que se encargan de manejar el estrés de una forma más positiva y menos dañina para nosotros mismos y para los demás", asegura.


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