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Tu edad biológica predice cuánto vivirás (y se puede modificar)

Calcular el grado de deterioro que tiene tu organismo, con independencia de tu edad cronológica, es clave para poder prevenir enfermedades y muertes prematuras.

Fotografía de Kirk Douglas. El actor vivió hasta los 102 años, lo que demuestra que su edad biológica debía ser bastante inferior a la cronológica.
Fotografía de Kirk Douglas. El actor vivió hasta los 102 años, lo que demuestra que su edad biológica debía ser bastante inferior a la cronológica. Angela George

A partir de los 65, si tu edad biológica supera en un año a la cronológica, tienes todas las cartas para que tu esperanza de vida se reduzca unos dos años –comparada con la media de la población–. Si la diferencia es de cinco años, entonces la cosa se pone más fea: vivirás, como promedio, nueve años menos que la media.

Son los cálculos que recoge un estudio publicado la semana pasada en la revista científica PNAS Nexus, donde un equipo liderado por el investigador Hiram Beltrán-Sánchez, de la Escuela de Salud Pública Fielding (Universidad de California en los Ángeles, UCLA), se ha dedicado a comparar ambas variables en un muestra de 9389 hombres y mujeres entre 30 y 75 años, tomada de la base de datos estadísticos de la National Health and Nutrition Survey de Estados Unidos.

La clave para predecir las probabilidades de enfermedad o muerte prematura está en la edad biológica, que, según explican los autores del estudio, es "un indicador de los cambios biológicos acumulados relativos al envejecimiento, reflejados en marcadores de los principales sistemas fisiológicos". Es decir, existe una manera de saber lo lozanas o pachuchas que están nuestras células, y lo que van a durar. Pero no tiene que ver con los años que aparecen en tu carnet de identidad. 

Una ecuación fácil de hacer

Es esa resta precisamente, entre la edad cronológica (cumpleaños acumulados) y la biológica, la que han analizado los científicos, a través de un modelo de ecuaciones que maneja datos de biomarcadores sencillos, como talla, peso, presión arterial, glucosa y colesterol en sangre. Por una parte, "es un cálculo relativamente fácil, porque utiliza información que se obtiene de forma rutinaria en los controles médicos", observa uno de los autores del trabajo, Alberto Palloni, investigador del CSIC y profesor de Demografía de la Salud en la Universidad de Wisconsin-Madison. Por otra, como explica Beltrán-Sánchez, su investigación se ha centrado en estos datos porque eran los que estaban disponibles, aunque "una estimación ideal de la edad biológica debería complementarse, además, con marcadores moleculares –como la longitud de los telómeros, una cápsula protectora de ADN en los extremos de los cromosomas–, con información sobre la actividad neurodegenerativa –presencia de o proteína tau y beta amiloide en el cerebro– y sobre modificaciones epigenéticas".

Envejecimiento desacelerable

En la última década, varias investigaciones han demostrado que la edad biológica es un buen indicador de mortalidad, además de enfermedades crónicas que asolan a los mayores de 65 años en los países desarrollados, como cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares, o demencia. También, sabemos que es sensible a estresores exógenos, como factores socioeconómicos o medioambientales, así como a cambios en los hábitos de vida y salud.

Y aquí está la buena noticia. "Es posible desacelerar la edad biológica con independencia de la cronológica. Podría suceder en ciertas poblaciones después de que se adoptaran intervenciones para bajar el colesterol o la presión sanguínea, por ejemplo", apuntan los autores de la investigación. Lo mismo ocurre al contrario: hábitos nocivos como fumar, una mala dieta, consumo de alcohol y falta de ejercicio físico pueden acortar esa diferencia entre tu fecha de nacimiento y tu fecha de caducidad.

Retrasar el reloj biológico

Según apunta Morgan Levine, epidemióloga de la Universidad de Yale, en su libro True Age, la edad biológica de la mayoría de la gente oscila alrededor de cinco años más o menos que la cronológica. Aunque hay personas en que la diferencia puede llegar a ser de diez años. Es el caso, por ejemplo, de los fumadores o, también, de personas de bajo nivel socioeconómico, según refleja también el estudio de UCLA.

"Lo maravilloso es que, aunque no podemos parar el tiempo, sí podemos hacer que nuestro reloj biológico vaya más despacio. O, incluso, que vaya hacia atrás", señalaba Levine en una entrevista reciente en The Guardian. "El primer paso para conseguirlo es lograr una forma confiable de medirlo", añade. Por el momento, los científicos se esfuerzan en encontrar la mejor fórmula para hacerlo. Algunas, incluso, están disponibles online de forma gratuita para que, introduciendo los resultados de distintos marcadores en un análisis de sangre, la gente pueda llevarse una idea aproximada de lo bien (o mal) que está cuidando su cuerpo y la vida que le queda.