El Gobierno de Ayuso arruina la carrera a investigadores al suspender sus ayudas para tesis doctorales: "Es el último clavo de mi ataúd"
La Comunidad de Madrid ha detenido la convocatoria de ayudas para contratos predoctorales este año, lo que aumenta la inseguridad laboral de quienes quieren iniciar la carrera científica.
La Consejería de Educación afirma a 'Público' que están contemplando mejoras y que la convocarán a mediados de año, pero activistas critican que este retraso supone perder un año de espera.
Tanto personas afectadas por la suspensión como beneficiarias de convocatorias anteriores denuncian la precariedad del sector, accesible solo desde el privilegio.

Madrid--Actualizado a
Quien desea dedicarse a la investigación encuentra, desde el mismo inicio de su carrera profesional, obstáculo tras obstáculo. La burocracia, la precariedad y la temporalidad marcan un camino que a menudo se justifica en la vocación. Existen diferentes programas de ayudas para contratos predoctorales para la realización de las tesis. Y es que el doctorado es el primer paso para poder vivir de generar conocimiento. Las comunidades autónomas cuentan con sus propias convocatorias, pero la Comunidad de Madrid no ha convocado la de este año. Un varapalo para quienes esperaban solicitarla y que incrementa todavía más la inseguridad laboral del sector.
"Es un ataque frontal a la investigación madrileña en una comunidad que está a la cola en inversión en investigación, ciencia y universidades", declara a Público Antonio Sánchez, profesor en la Universidad Complutense (UCM) y diputado autonómico de Más Madrid. "En España la investigación ha pasado a depender de ayudas estatales y europeas. Si no fuese por el efecto capitalidad aquí [En Madrid] no quedaría casi nada".
Fuentes de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades niegan en declaraciones a este medio que se haya "suspendido" ninguna ayuda. El Gobierno se justifica en que "está revisando las bases generales de la convocatoria de contratos para personal investigador predoctoral con el objetivo de mejorar las condiciones de sus beneficiarios y ajustarla al año académico".
Entre dichas mejoras, fuentes de la consejería afirman que contemplan el "salario de los investigadores predoctorales o una mayor dotación de los gastos de viajes para estancias breves en el extranjero". Además, aseguran que la ayuda "incluirá nuevos gastos subvencionables como la matrícula del doctorado, entre otros aspectos". Añaden que la convocatoria se publicará a mediados de año, cuando el curso escolar haya finalizado, y los beneficiarios se incorporarán a partir de 2027. Desde la plataforma Dignidad Investigadora Madrid (DigniMad), critican que esto implica un retraso de un año y que de facto "se pierde un año" para poder iniciar la carrera científica.
Descalabro para las vidas de los afectados
Álvaro estudió Química en la Universidad de Cádiz, Filosofía en la Universidad de Málaga y el máster en Estética Contemporánea en la UCM. "Tras haber cursado otros estudios que poseían un carácter más 'práctico' –pensando en la investigación como un trabajo 'teórico'– y decir que no a varias ofertas de trabajo en empresas privadas, descubrí el estudio de la filosofía y la carrera de investigación en humanidades", cuenta a este diario. "Es realmente la pasión más grande que he podido encontrar. Me despierto y me voy a dormir pensando en filosofía y los temas que atraviesan las investigaciones en las que me encuentro".
Álvaro, afectado por la suspensión de las ayudas: "Cabe la posibilidad de tener que abandonar la investigación académica"
En la actualidad, se encuentra en desempleo y va encadenando pequeños trabajos los fines de semana o dando clases particulares. Su intención era solicitar la ayuda de la Comunidad de Madrid para poder trabajar en su vocación: la investigación filosófica, un sueño truncado que pone todo su proyecto de vida en la cuerda floja. "He tenido que hablar con mi círculo cercano y con mi directora para saber qué opciones tengo de continuar la carrera investigadora sin que mi vida penda de un hilo. Cabe la posibilidad de tener que abandonar la investigación académica por no poder costear la vida en Madrid en esta situación".
En una circunstancia similar se encuentra Alba, quien también esperaba solicitar la ayuda de la Comunidad de Madrid. Ella estudió Trabajo Social en la UCM. "Las asignaturas que más me gustaron durante el grado fueron las de sociología. Eso hizo que me encaminara más a un máster teórico y no tanto aplicado", narra en conversación con Público. Al realizar su Trabajo de Fin de Grado (TFG) se dio cuenta que la investigación podría ser el camino que deseaba emprender. Con el Trabajo de Fin de Máster (TFM), "obtuve muy buenos resultados y disfruté mucho del proceso. Quería darle una oportunidad".
Sin la convocatoria de la ayuda madrileña, Alba tratará de solicitar otros programas, como el que ofrece la propia UCM o el que convoca el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MICIU), la conocida Formación de Profesorado Universitario (FPU), publicada este jueves. Sin embargo, el perfil que ella había labrado iba más en la línea de la convocatoria autonómica. "Tenía expectativas de conseguir la de Madrid porque sus requisitos van conforme a mi currículum y pensaba que tenía más opciones que en el resto".
Si Alba no consigue un contrato predoctoral "tendría que estar ejerciendo dos trabajos al mismo tiempo"
Si no logra la concesión de ninguna ayuda, confiesa que no puede realizarla "sin sustento económico". Por este motivo, "debería seguir trabajando, lo cual implicaría estar haciendo la tesis a media jornada a la par que un trabajo a jornada completa". Es decir, "tendría que estar ejerciendo dos trabajos al mismo tiempo". Pone de relieve en que ya está matriculada en el programa de doctorado porque es un requisito de la mayoría de convocatorias. Desapuntarse no es una opción porque "las plazas son limitadas y es difícil que te readmitan". Así, deberá compaginar ambas actividades hasta obtener un contrato predoctoral, "con lo sacrificado que puede ser tanto a nivel emocional, económico, social o de gestión del tiempo", lamenta.
Milos (nombre ficticio) estudió Filosofía y Ciencias Políticas en la UCM. "En cuarto de carrera fantaseé con la idea de dedicarme a la carrera investigadora y conseguí participar en mi primer congreso", explica a este medio. "Me atraía muchísimo la idea de poder dedicar mi vida laboral a la investigación, pero en España eso es únicamente posible si se hace desde una posición de profesorado en la universidad". De este modo, decidió comenzar el programa de doctorado.
Milos, doctorando sin contrato: "Es el último clavo de mi ataúd. Me despido casi por completo del doctorado"
La ausencia de la convocatoria madrileña "es el último clavo de mi ataúd", clama. "Hice el esfuerzo de cursar el primer año de doctorado sin financiación, pero no puedo hacer frente a un segundo viaje por el desierto. Me despido casi por completo del doctorado". Para cubrirse las espaldas, comenzó este curso el máster de profesorado para la ESO y bachillerato. "Desgraciadamente, parece que hice bien en buscarme un plan B". "En septiembre buscaré trabajo en la enseñanza privada y cambiaré mi modalidad dentro del programa de doctorado a tiempo parcial. Puede que lo mande todo al carajo y me prepare las oposiciones de 2027 para profesor".
Eduardo también está inscrito en el programa de doctorado de Filosofía, en su caso, de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). La situación actual le ha alterado "profundamente" los ritmos y planes de este 2026. "El año pasado fue un tiempo de cosecha y de producción académica para poder rascar cualquier décima –por mínima que sea– para la obtención de una de estas ayudas". Al igual Milos, "hice caso del consejo de una de las profesoras que más me ha apoyado y ayudado en este camino, que es hacer el máster de profesora". Una decisión que ahora celebra porque "la cancelación de la ayuda madrileña obliga a mantenerse otro año más en un estado de espera".
Capital social y meritocracia: el cóctel de la desigualdad
Las ayudas para obtener un contrato predoctoral son muy competitivas. "Los requisitos son complicados y poco realistas para un alumnado que tenga una trayectoria escasa en la investigación", critica Alba. La FPU tiene en cuenta casi de manera exclusiva la nota media del grado, por lo que "no tiene sentido aspirar a beca con menos de un 9,3", señala Milos. De hecho, tanto él como Eduardo confiesan que descubrieron su vocación "demasiado tarde", a pesar de que todavía estaban estudiando la carrera universitaria.
"Los profesores nos advierten que, para poder encontrar financiación para el doctorado, una debe tenerlo claro en segundo o tercero de carrera, vigilar la media con sumo cuidado y estar publicando lo antes posibles, además de formar parte de un grupo de investigación. Ya ni hablamos de participaciones en congresos, que se dan por sentado, y mucho menos la publicación de reseñas", subraya Milos.
Las y los doctorandos consultados confiesan haber invertido grandes esfuerzos en acumular dichos méritos con el fin de conseguir un contrato. Se trata, en última instancia, de trabajo realizado de manera gratuita antes de que te paguen precisamente por ello. Una situación en la que uno no solo invierte tiempo, sino también dinero, ya que muchas revistas científicas o congresos cobran una cuota para poder publicar artículos o presentar ponencias.
Alba, doctoranda: "Tener capital social es fundamental porque es un espacio cerrado, que en ocasiones puede ser un poco confuso"
Alba reconoce que no tuvo que realizar grandes desembolsos porque los congresos en los que ha participado estaban subvencionados. En cambio, "sí destacaría la necesidad de tener un capital social para conocer este tipo de entramados, ya que creo que es muy desconocido". "He tenido buena relación con profesores que me han indicado qué camino debía seguir, a qué becas debía optar o qué tipo de congresos y publicaciones debía intentar hacer, y también tengo conocidos que ya habían emprendido este camino, por lo que no iba a ciegas". La doctorada considera que "tener capital social es fundamental porque es un espacio cerrado, que en ocasiones puede ser un poco confuso".
Teresa (nombre ficticio) cuenta ya con un contrato concedido a través de la última convocatoria de ayudas predoctorales de la Comunidad de Madrid. Su relato coincide con el de Alba en cuanto a los obstáculos que encontró para iniciar su carrera académica. "Una de las dificultades principales que experimenté fue el acceso a la información. Durante el grado no recibí asesoramiento sobre cómo empezar una carrera investigadora", confiesa. "El mío no era un caso particular; parecía que los estudiantes, en general, no teníamos manera de acceder a esa información sino era por azar y de oídas".
La doctoranda realiza ahora su tesis en el CSIC. Hace dos años realizó un máster de investigación y desde entonces ha ido acumulando los méritos que le han permitido acceder a un contrato. "Han sido años de mucho trabajo, no solo académico ni intelectual; durante los que he dependido en gran medida del apoyo familiar, es decir, de un privilegio", reconoce.
Julia también tiene un contrato predoctoral de la Comunidad de Madrid, pero su primer año de doctorado lo realizó sin remuneración económica. A pesar de ello, admite que su posición fue "muy cómoda" porque tenía el apoyo de sus padres y podía vivir con ellos. Notó una diferencia cualitativa con el segundo año, cuando comenzó una beca de prácticas con una jornada de 20 horas semanales. Además del agotamiento que suponía compaginar ambas cosas, pone de relieve que "hay muchas actividades en la universidad –congresos, seminarios, formaciones...– que son en horario de mañana y entonces tú no puedes asistir".
Esto lo identifica como una gran desventaja y remarca que se complica con jornadas completas. "Si no tienes contrato predoctoral, pero no tienes que trabajar, puedes hacer la tesis tranquilamente, a tu ritmo, y no pasa nada, Pero como tengas que trabajar, creo que es un gran impedimento y yo lo he encontrado como un gran bache". Después de dos años, Julia por fin ha conseguido ser beneficiaria de una ayuda que le permite dedicarse por entero y con sustento económico a su tesis. "Ha sido gracias a los méritos que he podido hacer durante estos años", indica.
Precisamente para evitar las desigualdades derivadas de la meritocracia, la FPU limitó sus criterios de selección para que la nota media del grado universitario sea el elemento primordial para obtener la ayuda. Esta decisión tampoco convence, ya que "una media alta implica dedicarse única y exclusivamente al estudio, sin tener que trabajar mientras o cuidar de otra gente, por mencionar alguna de las circunstancias que empobrecerían esa media", analiza Milos.
Milos, doctorando sin contrato: "Estamos hablando de la universidad, una de las instituciones más injustas desde su fundación"
"No podemos exigir criterios más justos", considera el investigador. "La única forma de hacer de todo este entramado burocrático algo justo es no necesitar del dinero para sobrevivir, y eso solo se hace multiplicando al infinito el numero de becas. Recordemos que estamos hablando de la universidad, una de las instituciones más injustas desde su fundación". Teniendo esto en cuenta, insta a sus compañeros de profesión: "No nos conformemos con el mal menor. Queremos que ninguna de nuestras investigadoras ni investigadores tengan que hacer malabares para sacar una tesis y una vida digna adelante. Más financiación. Hasta que todo el mundo que quiera investigar esté cubierto".


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