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Rastreo de contagios Apple y Google marcan las pautas de una app de rastreo cuestionada por su privacidad y utilidad

Las tecnológicas han sentado las bases y condiciones de la herramienta que se empleará en España. Además de potenciales conflictos surgidos de la privacidad y la brecha digital, esta aplicación no ayudará a gestionar la crisis sanitaria si no se acompaña de test masivos.

23/03/2020 - Una joven con mascarilla mira el móvil. / EFE - ORLANDO BARRÍA
Una joven con mascarilla mira el móvil. / EFE - ORLANDO BARRÍA

JUAN CORELLANO

Nadia Calviño, ataviada con una chaqueta blanca a falta de fumata, lanzó el esperado ‘habemus app’. En su comparecencia en el Congreso del pasado miércoles, la Vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital reveló que el Gobierno ya trabaja en el desarrollo de una aplicación de móvil que ayude a rastrear los contagios y expansión de la covid-19.

Además de que el Gobierno quiere testar su prototipo, cuando esté listo, en las Islas Canarias, también conocemos que esta herramienta se cimentará, al igual que en una veintena de países europeos, en unos desarrollos preliminares realizados conjuntamente por Apple y Google.

Este rastreo de contagios a través de los móviles, empleado con éxito en países asiáticos como Corea del Sur o Singapur, ha estado acechado desde sus primeros pasos por la amenaza de una posible intromisión en la privacidad de los ciudadanos. Tanto es así que la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ha solicitado información sobre la misma para investigar posibles conflictos con la legislación española.

Sin embargo, los procedimientos por los que han optado Google y Apple parecen ser los más respetuosos con la privacidad de los usuarios. "Desde un punto de vista de la seguridad, parece bastante segura", afirma la autora de El enemigo conoce el sistema (Debate, 2019), Marta Peirano.

El debate sobre la privacidad ha eclipsado otras cuestiones como su nula utilidad sin tests masivos o las imposiciones de Apple y Google a Europa

Concretamente, estas plataformas han creado una API –Interfaz de Programación de Aplicaciones, una serie de funciones prediseñadas que facilitan la posterior construcción de una aplicación– con dos conceptos fundamentales: el uso de la tecnología Bluetooth y un sistema descentralizado. En otras palabras –y sin entrar en explicaciones técnicas que sí abordan en medios especializados como Xakata–, ello supone que, para el rastreo, no se accede a la ubicación de los móviles ni se almacenan informaciones en un servidor externo al que el administrador de la aplicación, en este caso el Gobierno, pueda acceder.

Resumiendo a grandes rasgos su funcionamiento, la aplicación registrará a los usuarios con los que hemos estado cerca durante un determinado periodo de tiempo para que, en caso de que alguno de ellos de positivo por la covid-19 y así lo notifique, la propia app nos informe de que hemos estado próximos a una persona infectada. Sin embargo, de poco servirá que esta herramienta respete nuestra privacidad, algo que queda pendiente hasta que la AEPD comunique su veredicto, si cuando se nos notifica este contacto de riesgo no podemos someternos inmediatamente a un test pese a no presentar síntomas.

Nula utilidad sin tests masivos

"Estamos tan preocupados por la privacidad que a veces se nos olvida pensar en los otros factores que determinan el uso de una aplicación que se salta derechos civiles. Como, por ejemplo, si la respuesta es proporcionada o va a ser útil", recuerda Peirano. Como experta en la opaca unión existente entre tecnología y poder, critica cómo desde España y otros países europeos se ha extrapolado de manera interesada el ejemplo de países asiáticos.

"En Corea del Sur y en Singapur han usado esa app como parte final de un protocolo de emergencia que ellos tenían muy trabajado, porque son comunidades con la experiencia del SARS muy cercana", asegura Peirano. Con ello, aclara que esta herramienta es solo un complemento para agilizar el proceso de rastreo de los posibles contactos que ha tenido una persona infectada, algo que en España ya se hace de manera ‘manual’. Además, señala que, como condición indispensable, la app debe ir acompañada de tests masivos a toda la población que sirvan para identificar también a los asintomáticos.

Aunque España ha mejorado notoriamente su desempeño en la realización de tests (ha realizado ya algo más de 2,2 millones de PCRs, según la última actualización), lo cierto es que no se dirigen a diagnosticar asintomáticos ni tampoco a quienes se descubra que han estado en contacto cercano con infectados. En las cuatro áreas de acción de la estrategia de diagnóstico, vigilancia y control publicada por el Ministerio de Sanidad, únicamente se contempla "el diagnóstico de sintomáticos" y la "localización, cuarentena y seguimiento de contactos estrechos".

"Requiere personal especializado, tiempo, material, inversión... Es mucho más barato decir 'voy a hacer una app' ", sentencia Peirano sobre esta apropiación a medias del modelo surcoreano. Una inspiración parcial y selectiva que, al menos, ha sido voluntariamente elegida, algo que no ha sucedido con las bases de la aplicación, impuestas por Apple y Google a los 22 países Europeos que se van a acoplar a su modelo.

Las tecnológicas marcan la pauta

"Me parece que debería ser la UE la que le dice a Apple y a Google cómo quiere que funcione su protocolo de rastreo y no al revés", comenta la investigadora. En un comunicado conjunto, estas empresas manifiestan la voluntad de cooperar y "ayudar a gobiernos y agencias de salud a reducir la propagación del virus". Desde luego lo hacen, pero estableciendo unos términos que, aún aparentemente respetuosos con la privacidad y seguridad de los usuarios, resultan especialmente contradictorios en un punto.

Al tiempo que exigen a los países que usen estas aplicaciones únicamente durante la pandemia, también han anunciado que la segunda parte de su estrategia contempla integrar una herramienta de rastreo en iOS y Android, los sistemas operativos de sus móviles. Por lo tanto, con el tiempo acabarán llegando a nuestros dispositivos, queramos o no. Lo cierto es que ambas empresas controlan el mercado mundial de móviles, algo que constituye un callejón sin salida para los países que quieren desarrollar una aplicación: si quieres que funcione, necesitas colaborar con Apple y Google.

Apple y Google exigen a los países un uso temporal, pero integrarán el rastreo en sus sistemas operativos

Reino Unido ha sido la primera víctima de esta encrucijada. El Gobierno británico ha desarrolado una app propia que, en la práctica, no funciona, debido a que estos sistemas operativos no permiten utilizar el Bluetooth a una aplicación cuando está en segundo plano, tal y como explican en The Verge. Un problema que, evidentemente, no tendrán los países que desarrollen su aplicación a través de las bases creadas por estas dos tecnológicas.

Aprendiendo de estas limitaciones, Alemania ha abandonado su intención de desarrollar junto a otros países de Europa una app centralizada, plegándose ante los intereses de estas empresas y su deseo de que sea descentralizada. "Me parece especialmente grave que Apple y Google se cuelen en el desarrollo de una infraestructura que es parte de un protocolo sanitario de países soberanos, y que lo hagan de manera obligatoria, aunque parezca que no. Se está creando un precedente muy preocupante", advierte Peirano.

El reto de llegar al 60%

Implicaciones éticas aparte, las herramientas de rastreo han de hacer frente a otro escollo importante: ser descargadas por al menos el 60% de la población. Esa es la cifra mínima que estipula un estudio de la Universidad de Oxford para que estas puedan ayudar a frenar la pandemia.

Un porcentaje ambicioso incluso para las aplicaciones con más penetración en nuestro país. Cruzando datos sobre el número de usuarios en España de Facebook, Instagram y Twitter recabados por The Social Media Family  y la población total del país registrada en el Instituto Nacional de Estadística, hallamos como solo el 46,7%, 34% y 9,3% de los españoles tiene estas redes sociales descargadas en sus móviles.

Todo ello, sin contar contar con la presencia de la brecha digital, pues esta aplicación de rastreo no es una opción para aquellos españoles que no tienen acceso a internet o un móvil. Teniendo en cuenta que esta falta de infraestructuras y competencias digitales es especialmente notoria entre nuestros mayores, de no ser por los sistemas de rastreo convencionales, el centrarse únicamente en esta aplicación dejaría desamparado, precisamente, al sector más vulnerable frente al virus.