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Uso terapéutico de la marihuana Pacientes tratados con cannabis: la decisión del Congreso sobre la regulación "es un respiro" y "un hito histórico"

Enfermos de fibromialgia, endometriosis y hemofilia grave cuentan la mejora de la calidad de vida que han experimentado con el uso terapéutico de la marihuana y confían en que no se demoren los resultados de la subcomisión que analizará las experiencias de otros países para abordar su legalización en España

Cannabis uso medicinal
Eva Cortina e Isabel López, dos pacientes que dan al cannabis un uso medicinal para sus dolencias. Público

Los tiempos del dolor, de la enfermedad, no son los de la política. El dolor ataca cada día, en cualquier momento, de forma cruel muchas veces. Por eso, los pacientes que han mejorado su calidad de vida gracias al cannabis están contentos con la decisión del Congreso de los Diputados de crear una subcomisión para estudiar las experiencias de otros países en este ámbito, pero esperan que sus resultados no se demoren demasiado. De momento, sienten "alivio", "un respiro" después de años esperando un primer paso, que alguno califica hasta de "hito histórico".

En España hay miles de personas que recurren al cannabis con fines terapéuticos. Las organizaciones que las apoyan, que les asesoran en su administración, estiman que podrían ser más de medio millón, aunque no hay cifras oficiales sobre ello, porque se trata de un uso clandestino, ilegal en nuestro país. Las hay que se abastecen con el cultivo de plantas de marihuana en su casa, quienes acuden a dispensarios que no identifican para evitar que caiga sobre ellos todo el peso de la ley, hay también quienes son socias de entidades o clubes de usuarios y quienes no les queda más remedio que buscar su medicina en el mercado negro de la calle, como ha ocurrido con frecuencia durante el confinamiento a causa de la pandemia, arriesgándose a todo.

Cáncer, esclerosis múltiple, fibromialgia, dolor crónico, algunos tipos de epilepsia o artritis son algunas de las enfermedades que padecen las personas que recurren al cannabis para paliar sus efectos. La subcomisión aprobada en el Congreso el pasado jueves deberá escuchar ahora las experiencias de otros países que han implantado programas de uso medicinal de la marihuana para tratar a ese mismo tipo de pacientes, con el objetivo de conocer su efectividad y decidir si se aprueba su regulación en España.

Una de esas pacientes es Isabel López, abogada de Madrid que tiene una incapacidad laboral absoluta a causa de una fibromialgia y una encefalomielitis miálgica, conocida también como el síndrome de fatiga crónica. Ella ha cumplido 45 años, pero sus huesos andan ya por los 85. Ha pasado por una docena de neurocirujanos, le han operado, ha tomado un montón de opiáceos para combatir el dolor, pero ha sido el cannabis el que le ha permitido disfrutar de una vida algo digna.

Todo empezó en 2017, cuando esta abogada hizo un curso de paciente experta en enfermedades crónicas impartido por la Universidad Rey Juan Carlos. Allí conoció la labor de la asociación Dos Emociones, donde luego le enseñaron a consumir cannabis de una forma terapéutica para tratar sus dolores. "A partir de ahí fue el día y la noche –recuerda Isabel López-. Yo tomaba mucha medicación, opiáceos, benzodiacepinas…. Pero el cannabis, en cambio, te lo puedes dosificar, en función de tus dolencias, de tu estado. Y me ayuda también para el insomnio, con la falta de apetito, con la ansiedad, con los picos de dolor cuando ya no puedes tomar más medicación para soportarlo, con el ánimo".

El cannabis no ha sustituido a toda la medicación que tomaba para afrontar su enfermedad, sigue con los antiepilépticos, los antidepresivos, los complejos vitamínicos, pero sí ha podido dejar la que era para ella "muy dañina": la morfina, las benzodiacepinas, "todos los opiáceos que son una oposición para tener Alzheimer", resume. "De tanto que tomaba –añade- se me cayó el pelo y la cara la tenía gris. Fue entonces cuando decidí dejar la morfina. Y los monos de los síndromes de abstinencia de los opiáceos son terribles".

El cannabis, en cambio, según asegura, le calma el dolor de una forma "mucho más amable, menos agresiva". Sabe dónde está cuando lo toma y no sufre efectos secundarios como los que le causaban los opiáceos: taquicardias, picores por todo el cuerpo, alucinaciones, cambios brutales de temperatura, temblores. "Todo eso ya no lo tengo. Consigues, además, ser un poco más autónoma, no depender tanto de los demás, no sufrir tanto los picos de dolor y ansiedad, puedes dormir por la noche. Y eso es calidad de vida. No hay ningún tratamiento que cure la fibromialgia, pero lo que intentas es tener la mayor calidad de vida posible, porque sabes que no te puedes curar", explica Isabel.

Así que la noticia de la creación de una subcomisión para estudiar las experiencias de otros países con la regulación del cannabis medicinal fue una gran alegría para esta paciente. "No podía haber más velas en mi casa para que saliese esto, porque supone mucho para nosotros. Nos va mucho en ello. Hay muchas situaciones que empeoran nuestra vida debido a que esto no está regulado. Y seguir estando al margen de la ley cuando está uno malito es una aberración, es inhumano", dice.

La falta de una regulación, según Isabel, dificulta en gran medida el acceso a un cannabis medicinal de calidad o que si te vas de viaje para 15 días en un avión no puedas llevar tu tratamiento, porque "si te pillan tienes un problema gordo y te pueden hacer sentir como una delincuente".

El cannabis le salvó de una sobredosis de fentanilo

Eva Cortina trabajó 26 años como estilista, una profesión que le encantaba, hasta que le dieron la incapacidad total permanente a consecuencia de una endometriosis profunda rectovaginal y de los efectos de la morfina que debía tomar para soportar el dolor crónico que le ocasionaba. Primero le recetaron antiinflamatorios y, como no funcionaban, luego parches de fentanilo (un potente opioide) y, como el dolor seguía, después le pusieron un tratamiento con oxicodona (otro opioide) de manera continuada y piruletas de fentanilo.

"Si no fuera por el cannabis, hubiera muerto de una sobredosis de fentanilo, porque tengo que recurrir muchas veces a él para soportar el dolor. Pero, claro, no te dicen que puedes morir de una sobredosis de fentanilo, tampoco te dice nadie que hay una alternativa como el cannabis que no te va a causar una sobredosis. Pero yo con el cannabis he conseguido no sincoparme de dolor, poder dormir, ducharme, comer… Entre la morfina y el fentanilo dejas de ser tú, estás completamente drogado, porque cada vez necesitas más cantidad para que te haga efecto", explica esta paciente que ahora vive entre Madrid y Asturias.

La aprobación de la subcomisión para estudiar la regulación del cannabis medicinal supone, para Eva Cortina, "un alivio", poder "respirar". A su juicio, tiene mucha importancia que se haya puesto en el centro del debate al paciente, algo de lo que se habla desde hace años y nunca se ha hecho. "Nos permitirá un descanso, que el consumo de una planta que tiene tantos beneficios se pueda estudiar y sacar provecho de algo que ya está ayudando a mucha gente, pero de una manera ilegal, para que los pacientes no tengamos que andar en la clandestinidad, que es ridículo", añade Eva, que es la presidenta de una asociación nacional de pacientes de endometriosis, Moviendo Spain.

Esta paciente se abastece con el autocultivo, con el cannabis que planta ella, pero su problema, como el de Isabel López, es cuando va de viaje y tiene que llevar consigo su tratamiento, que es ilegal en España, sancionado, como mínimo, con una multa de 600 euros de la Ley de Seguridad Ciudadana, más conocida como Ley Mordaza, por tenencia de droga en la vía pública. Si va en coche, por ejemplo cuando se desplaza entre Madrid y Asturias, se arriesga a un control de tráfico, y si lo hace en tren o en avión, el peligro puede estar en el control de seguridad de la estación o el aeropuerto. “Un paciente de dolor –se lamenta- tiene una mochila cargada con muchos problemas y resulta que el único medicamento que te puede ayudar no lo legalizan. Es un desastre, menos mal que hay asociaciones que te ayudan”.

“Un hito histórico, pero todavía insuficiente”

A Javier Miravete, de 51 años, la noticia de la creación de la subcomisión en el Congreso de los Diputados le cogió saliendo del hospital en Castellón después de haberse sometido a una operación, una cirugía menor, de un trombo intestinal secuela de los opiáceos que tomaba para tratar su enfermedad, hemofilia tipo A grave. Y se le iluminó la cara de la alegría cuando se enteró.

"Para nosotros es un hito histórico. Ha supuesto un esfuerzo brutal que haya llegado al Congreso. Pero también nos parece todavía insuficiente, porque en una subcomisión van a analizar la regulación que se ha hecho en otros países, y no sabemos cuándo vamos a tener aquí acceso al cannabis, que no nos encierren en prisión por ello. Es insuficiente por eso, por la urgencia, porque el dolor no espera a que se debata lo que han hecho en otros países. Tenemos que empezar ya", recalca Miravete, que preside la asociación Terapéuticas Hierbas Castelló.

Desde hace años, este paciente de hemofilia tipo A grave se aplica diariamente aceites, extractos y preparados de cannabis a fin de aliviar el dolor, las inflamaciones, la ansiedad y la pérdida de apetito y sueño que le originan su enfermedad. Y asegura que los cambios que ha experimentado son muy notables: "He pasado de ser un vegetal, de pesar 75 kilos y estar en una silla de ruedas, tomando a diario veinte medicamentos o más de todo tipo, benzodiacepinas y opiáceos, sobre todo, a volver a trabajar dentro de mis posibilidades, tener una calidad de vida para mí espectacular valiéndome por mi mismo, sin depender de la ayuda de nadie, caminar, tener una consulta de naturópata, sacar una crema de CBD propia".

La evolución que él ha tenido supone, a su juicio, una muestra evidente de los beneficios que puede reportar el uso medicinal del cannabis con determinadas enfermedades. "Los pacientes –explica- somos parte de la evidencia, que no es sólo la que dan los ensayos clínicos. Nosotros somos también experiencia".

Precisamente, un estudio que Javier Miravete hizo con los pacientes de su asociación tratados con cannabis reflejó, asegura, que al cabo de cuatro meses habían experimentado una sensible mejoría de en torno al 40% en su calidad de vida, sobre todo en los ámbitos del dolor, la salud mental y el comportamiento emocional.