Pantallas y miopía: cuando la vista ya no alcanza a lo lejos

Dr. Francisco Javier Fernández Perianes
Oftalmólogo en el Hospital Quirónsalud Clideba de Badajoz
En los últimos años, el uso de dispositivos móviles se ha generalizado hasta convertirse en una extensión de nuestra rutina diaria. Desde primera hora de la mañana hasta la noche, nuestras actividades —laborales, educativas o de ocio— giran en torno a las pantallas. Esta transformación tecnológica ha traído sin duda avances y comodidades, pero también plantea nuevos retos para la salud, especialmente en lo que respecta a la visión.
Uno de los efectos más preocupantes de esta sobreexposición es el aumento sostenido de la miopía en la población, y muy especialmente entre niños y adolescentes. En las dos últimas décadas, diversos estudios han constatado que la prevalencia de la miopía prácticamente se ha duplicado, hasta el punto de que algunos expertos ya hablan de una “epidemia silenciosa”. Esta tendencia es particularmente alarmante porque cuanto antes aparece la miopía, mayor es la probabilidad de que avance y se convierta en una miopía elevada, con consecuencias potencialmente graves para la salud ocular a largo plazo.
Qué es la miopía
La miopía es un defecto refractivo que impide enfocar bien los objetos lejanos. Se produce cuando el globo ocular crece más de lo normal, de forma que las imágenes se forman delante de la retina en lugar de sobre ella. Este alargamiento ocular puede estar influido por factores genéticos, pero cada vez hay más evidencia de que los hábitos visuales juegan un papel clave. El uso prolongado de pantallas —en especial cuando se hace a distancias cortas y sin pausas adecuadas— obliga al sistema visual a trabajar en condiciones de esfuerzo constante. Esa tensión continuada puede favorecer el desarrollo y progresión de la miopía.
A este factor se suma otro no menos importante: la falta de exposición a la luz natural. En las sociedades urbanas y tecnológicas, los niños pasan cada vez más tiempo en interiores y menos al aire libre. Esto limita el contacto con la luz solar, que se ha demostrado que tiene un efecto protector frente al desarrollo de la miopía. Está científicamente comprobado que los niños que pasan al menos dos horas al día en exteriores tienen una menor incidencia de miopía, independientemente de si usan o no pantallas. La luz natural estimula la liberación de dopamina en la retina, lo que ayuda a frenar el crecimiento excesivo del globo ocular.
La buena noticia es que este problema se puede prevenir —o al menos frenar— con medidas sencillas que están al alcance de las familias, las escuelas y los propios usuarios. En primer lugar, es fundamental limitar el tiempo de exposición a pantallas, especialmente en los más pequeños. En menores de seis años, se recomienda evitar su uso en la medida de lo posible, salvo para fines educativos muy específicos y siempre bajo supervisión.
20-20-20
En edades escolares, conviene establecer horarios y pautas claras de descanso visual. Incorporar rutinas como mirar a lo lejos cada cierto tiempo —la conocida regla del 20-20-20: cada 20 minutos de pantalla, mirar durante 20 segundos a más de 6 metros— puede aliviar significativamente la fatiga ocular y reducir el riesgo de miopía.
Junto a estas medidas, es prioritario fomentar la actividad física y el juego en exteriores. No se trata solo de mejorar la salud general, sino de proteger la visión con una “dosis diaria” de luz natural. Bastan entre 90 minutos y dos horas al aire libre para tener un efecto preventivo. Por último, conviene realizar revisiones oftalmológicas periódicas, especialmente durante la infancia y la adolescencia, que son etapas de crecimiento ocular activo. Detectar la miopía en fases tempranas permite actuar antes de que avance, ya sea mediante el control del entorno visual o con tratamientos específicos.
La miopía no es un simple inconveniente corregible con gafas o lentillas. Cuando se convierte en miopía magna —por encima de las seis dioptrías—, puede aumentar el riesgo de padecer patologías más graves, como desprendimiento de retina, glaucoma o degeneración macular. Por eso es tan importante no resignarse a su avance y apostar por la prevención desde las edades más tempranas.
Como en tantas otras áreas de la salud, prevenir hoy es ver mejor mañana.
