Recuperarse tras un ictus

Dr. Jesús Romero Imbroda
Jefe de Servicio de Neurología Hospital Quirónsalud Málaga y Hospital Quirónsalud Marbella
Cuando un paciente llega a Urgencias con un ictus, cada minuto cuenta. Como neurólogo, lo veo a diario: un mismo coágulo en una arteria cerebral puede dejar a una persona en silla de ruedas de por vida… o permitirle volver a caminar y hablar con bastante normalidad si actuamos a tiempo y disponemos de la tecnología adecuada.
La diferencia entre una situación y otra suele estar en dos factores clave: la detección precoz y las nuevas técnicas de tratamiento.
Una emergencia tiempo-dependiente
El ictus sigue siendo una de las principales causas de mortalidad y la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto en España. Es una emergencia tiempo-dependiente: cada minuto sin tratamiento supone la pérdida de millones de neuronas. Aunque vemos más casos porque vivimos más años y convivimos con hipertensión, diabetes, obesidad, sedentarismo y estrés crónico, hoy disponemos de más herramientas que nunca para cambiar su pronóstico.
La primera gran “tecnología” es, en realidad, muy sencilla: reconocer los síntomas y llamar rápido a emergencias. Las señales de alarma más frecuentes son la pérdida brusca de fuerza en la cara, el brazo o la pierna (sobre todo en un lado del cuerpo), la dificultad para hablar o entender, la desviación de la boca, alteraciones repentinas de la visión, inestabilidad o un dolor de cabeza súbito e intenso, diferente al habitual. Ante cualquiera de estos signos, no hay que esperar a que “se pase”: en ictus, el tiempo es literalmente cerebro.
A partir de ahí entra en juego lo que llamamos código ictus. Todo el sistema sanitario se organiza para que el paciente llegue cuanto antes al hospital adecuado y pueda ser valorado de forma prioritaria por un equipo especializado. En nuestros hospitales contamos con unidades de ictus, protocolos específicos y guardias coordinadas de Neurología, Radiología y UCI para reducir al mínimo los tiempos de atención desde que el paciente cruza la puerta de Urgencias.
Tipos de ictus
El primer objetivo es confirmar el diagnóstico y saber de qué tipo de ictus se trata: isquémico (por obstrucción de una arteria) o hemorrágico (por rotura de un vaso). Para ello utilizamos técnicas de imagen avanzadas que nos permiten ver qué zonas del cerebro ya están dañadas y cuáles aún pueden salvarse si restablecemos el flujo sanguíneo a tiempo.
En el ictus isquémico, una parte importante de los pacientes puede beneficiarse de la trombólisis intravenosa, un tratamiento farmacológico que ayuda a disolver el coágulo en las primeras horas. Pero la gran revolución de los últimos años ha sido la trombectomía mecánica: un procedimiento mínimamente invasivo mediante el cual, a través de un catéter, llegamos hasta la arteria cerebral obstruida y extraemos el trombo. En casos seleccionados, y siempre guiados por las pruebas de imagen, este tratamiento puede aplicarse incluso más allá de las clásicas 4,5 horas, ampliando de forma significativa la ventana de oportunidad.
Un horizonte más esperanzador
La combinación de detección precoz, organización asistencial y nuevas técnicas ha cambiado la historia natural del ictus. Pacientes que antes quedaban con una dependencia grave hoy pueden recuperar una buena parte de su autonomía tras un periodo de rehabilitación. No todos los casos evolucionan igual y sigue habiendo ictus muy severos, pero el horizonte es claramente más esperanzador que hace solo una década.
Ahora bien, la mejor estrategia frente al ictus sigue siendo la prevención. Controlar la tensión arterial, el azúcar y el colesterol, no fumar, moderar el consumo de alcohol, mantener un peso adecuado, practicar ejercicio físico de forma regular y seguir una dieta de tipo mediterráneo son medidas que reducen de manera importante el riesgo de sufrir un ictus o una recaída. Cuidar la salud del corazón es cuidar la salud del cerebro.
Con este texto no pretendo alarmar, sino insistir en dos ideas fundamentales: el ictus se puede prevenir en gran medida y, cuando ocurre, hoy podemos hacer mucho más que hace unos años para limitar sus secuelas, siempre que actuemos a tiempo. Reconocer los síntomas, llamar a los servicios de emergencia y acudir a centros con unidades de ictus y tecnología de última generación puede marcar la diferencia entre una vida de dependencia y la posibilidad real de recuperar la autonomía.
