Ser friqui ya no es marginal en Barcelona
Los establecimientos del llamado Triángulo Friqui de la capital catalana celebran el crecimiento de su mapa comercial, pero también reclaman más atención y que se abandonen los prejuicios que aún se mantienen.

Barcelona-
Hace unos días se publicó la noticia de que el llamado Triángulo Friqui de Barcelona actualizaba su mapa comercial oficial, ilustrado por Pep Zapata. Ya son un total de 29 establecimientos dedicados a la cultura popular, el cómic, manga, los juegos de mesa o los videojuegos en esta zona próxima al Arc de Triomf (otra, de más reciente creación, se encuentra a las Galerías Maldà de Ciutat Vella, en la calle de la Portaferrissa).
El crecimiento de la actividad comercial demuestra que lo que se había considerado erróneamente como una subcultura o una expresión cultural de segunda fila hace ya bastante de tiempo que ha dejado de serlo: si en 2000 se contaban 10 tiendas en la zona, en 2014 ya eran 15 locales especializados y ahora, según la última edición, ya son 29.
El público es más diverso y no escasea, como puede comprobar cualquiera que se pase una tarde por los locales de la zona. Enrique Torres, socio fundador de Freaks –dedicada al cómic y la subcultura, una de las primeras tiernas en abrir, en 1999, en la Calle Alí Bei, junto con la librería Gigamesh (que este año celebra 40) y Norma Cómics (que hizo 40 el anterior)–, no puede evitar sacar un poco de pecho ante la noticia.
Torres se mira con "curiosidad" el aumento de esta actividad comercial y, con todos los años a sus hombros al negocio, no se fía del todo y muestra cierto escepticismo: "Veremos si duran tanto como nosotros". Cree que la clave de este incremento es que este clúster de tiendas especializadas ha sido "copiado del de Madrid y su núcleo cerca de la Gran Vía". Desde Gigamesh, que este año se llevará unos cuántos titulares, Lidia Pifarré constata que "que se venda más y que aumenten el número de comercios dedicados al género fantástico es bueno para todos los que llevamos muchos años dedicados a este mundo".
Lidia Pifarré: Que se venda más y que aumenten el número de comercios dedicados al género fantástico es bueno para todos
Unos metros más allá de estos dos comercios encontramos Momo Store, una tienda dedicada a todo aquello relacionado con el mundo asiático, "desde artículos de papelería y peluches kawaii del Japón hasta merchandaising y álbumes de música K-Pop", explica al mostrador mismo Anaïs. "Desde que abrió nuestra tienda, hace casi unos diez años, hasta ahora, hemos visto cómo se incrementaba notablemente la cantidad de personas a las cuales los va gustando todo aquello enfocado a la cultura japonesa", continúa.
"Al principio estaba más enfocada a un público reducido y específico, pero ahora viene gente de todas las edades y gustos a visitarnos", un juicio que comparten otros comercios del alrededor. Para Anaïs, el aumento se notó sobre todo a partir de 2019 y 2020, "en el periodo de la pandemia", que coincidió con la expansión a nivel internacional del K-Pop que "ha hecho que muchas más personas conozcan a este género musical". Preguntada por el apoyo institucional a la actividad comercial de las tiendas de este triángulo, Anaïs considera que "todavía falta mucho más apoyo, pero poco a poco se está desarrollando y se está dando más espacio a la cultura asiática".
Anaïs: Todavía falta mucho más apoyo, pero poco a poco se está desarrollando y se está dando más espacio a la cultura asiática
Clientela diversa
Albert Dalmau es socio y gerente de la Gameria, otro de los comercios veteranos de la zona, "con más de siete años de experiencia en la venta de juegos de mesa, juegos de cartas competitivos y todo tipos de merchandising". Como el resto de establecimientos consultados por Público, Dalmau destaca los cambios sociológicos en el perfil del comprador habitual: "Nuestra clientela es diversa y de todas edades y géneros, desde familias que buscan un juego para el pequeño de la casa a individuos aficionados a los juegos de cartas competitivos como One Piece o Pokémon, o aquellos que prefieren juegos de mesa moderno, e incluso muchos turistas". Hay "desde adolescentes a jubilados" y "tanto coleccionistas como aquellas que acaban de jugar su primera partida de Catan con sus amigos".
Atiendo a esta diversidad, sigue Dalmau, "nos esforzamos mucho en que la tienda sea atractiva para cualquier persona que pase por delante, sin importar si es cliente habitual del Triángulo Friqui, o si sencillamente está paseando por la zona: queremos que todo el mundo se sienta cómodo al entrar por la puerta."
Este cambio estaría detrás de este aumento de la actividad comercial especializada, de lo que Dalmau, como Pifarré, hace una lectura muy positiva: "El hecho que aficiones previamente consideradas nicho, como los juegos de mesa modernos o los juegos de cartas competitivos, entre otros, cada vez sean más populares entre el grueso de la población, ha generado un crecimiento de la demanda, y esto es muy favorable para el sector", razona.
Pandemia, retorno al hogar y 'marvelización'
Como en el caso de Momo Store, Dalmau cree que la pandemia marcó un punto de inflexión, en su caso, en el sector de los juegos de mesa, puesto que la gente tenía que pasarse "muchas horas en casa" y "en aquellos momentos los juegos de mesa emergieron como una forma de ocio muy atractiva, tal como ya sucede en los países nórdicos y de clima más frío, donde también se pasan muchas horas en casa". A esta tendencia, añade, "se ha sumado el actual contexto inflacionista, por el cual las personas han visto reducido su presupuesto de ocio, y aquí los juegos de mesa también ofrecen una forma de entretenimiento doméstico que ofrece muchas horas de diversión a una inversión reducida".
Dalmau: Se ha sumado el actual contexto inflacionista, por el cual las personas han visto reducido su presupuesto de ocio
También hay que sumar, "en el caso de las familias, un deseo de limitar el tiempo de pantalla de los pequeños, que a menudo les hace recurrir a alternativas como los juegos de mesa." Pifarré agrega por su parte el fenómeno que algunos han denominado marvelización cultural a raíz de las adaptaciones de cómicos de superhéroes de esta editorial –y que va más allá de la misma–, y dice que "las series y las adaptaciones al cine han dado a conocer al gran público un mundo que hasta ahora quizás solo lo conocían los forofos" y que "cada vez se hacen más adaptaciones de libros y juegos de mesa".
Como sus colegas, Dalmau reclama un mayor reconocimiento. A su parecer, "los juegos de mesa y de cartas son bienes culturales y tendrían que ser reconocidos como tales". Y pone como ejemplo "el bono cultural del cual se benefician los jóvenes" que "se puede gastar en videojuegos, pero no en juegos de mesa." Desde la Gameria también piden "plantear la reducción del IVA de estos productos", que, creen, formaría parte de una serie de "pasos clave para potenciar el crecimiento del sector".
En Gigamesh, prefieren ver el lado positivo de la historia: "Parece que las instituciones se han dado cuenta que hay todo un mundo detrás del friquismo y van haciendo acercamientos", opina Pifarré, "el año pasado el Ayuntamiento de Barcelona adornó el Passeig de Sant Joan con luces de Navidad dedicadas al manga" y "este año nos han convocado a una reunión los próximos días", lo cual indicaría que desde las instituciones "parece que empiezan a ver que es un mundo que interesa al ciudadano". En Freaks, Torres no pierde de vista que en ocasiones se puede llegar a morir de éxito: "Por un lado es bueno salir de la marginalidad", asegura, "pero es muy peligroso caer en el mainstream". "Cosa que nosotros", remacha, "no hacemos".

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