Las balas de la paz de Julio Rodríguez
Anibal Malvar conversa con sus cigarras particulares para que le canten qué podemos leer en este verano de canícula y siesta.

-Actualizado a
Julio Rodríguez (Ourense, 1948), ex Jefe de Estado Mayor de la Defensa (2008-2011) y político afín a Podemos. Autor de Mi patria es la gente (Península, 2018), memorias.
Autobiografía
Nací en entorno militar y mi biografía fue muy tradicional hasta que cumplí los 16 o 17 años, cuando entré en la academia. El primer destino que tuve fue volar en un avión francés. Y en París descubrí la Librairie Espagnole, en la rue de Seine. Empecé por La guerra civil de Hugh Thomas, El laberinto español de Gerald Brennan… La curiosidad morbosa de ir descubriendo libros que aquí estaban prohibidos me iba abriendo la mente; un libro me llevaba a otro, y después me empecé a interesar por la política económica, la obra de Nicos Poulantzas. Yo era conservador. En las primeras elecciones voté al PCE. Yo era eurocomunista. Pienso en Emilio Lledó, a quien leo mucho, en su empeño de que la gente pueda pensar por sí misma. Ampliar tu capacidad de pensar te convierte en progresista. Pero nunca fui un activista. Hasta que en 2015 Podemos me dice que puedo ayudar. Yo ya les había votado en 2014. ¿Cómo un ex Jemad puede ser antimilitarista y pacifista? Pues por lo mismo que un médico prefiere la medicina preventiva para no llegar a la quirúrgica. Ojalá el militar fuera alguien que, porque conoce la guerra, intentara evitarla.
La cigarra Rodríguez recomienda
Desde la atalaya de mi edad, tengo ya que reportarme a viejos libros (de la década de los 70) para buscar aquel impacto personal, pero, no obstante, creo que la actualidad los mantiene todavía muy vigentes. No estaría mal que volviéramos, de vez en cuando, a algunos de estos clásicos.
Psicología de la incompetencia militar, de Norman F. Dixon (Ed. Anagrama, 1976): Este psicólogo (y también militar) británico intentó explicar por qué los mandos de grandes ejércitos militares actuaron muchas veces con tal falta de sentido común que tuvieron consecuencias desastrosas para la vida de sus soldados, el desarrollo de la guerra y el destino de sus países. Es, desde mi punto de vista, un libro fundamental de la polemología (estudio de los conflictos), y un análisis, no exento de humor, sobre la incompetencia en un campo (el militar) que puede causar un enorme sufrimiento al ser humano.
Una incompetencia que se basa muchas veces en la vanidad, el clasismo, el culto a la rutina, el ritual, el machismo, el autoritarismo…, y en lo que Richard Nixon llamó también el "cristianismo muscular".
Incluye muchos ejemplos clásicos de incompetencia, del siglo XIX y principios del XX, que seguro que hoy podría actualizar con otros muchos más ocurridos en las últimas décadas (Irak, Afganistán,…), y en los últimos años, con la vuelta del militarismo como forma prioritaria de resolver los conflictos.
Una "incompetencia militarista" que se ha extendido a los gobiernos, pues ya hay muchos más "militaristas civiles" que militaristas en las fuerzas armadas.
Y lo más grave es que estamos hablando de algo (la incompetencia "militarista") cuyas consecuencias son irreparables, porque una vida humana sacrificada por el aparente capricho de unas decisiones irracionales se convierte en el colmo de la inhumanidad (como estamos viendo con el genocidio del pueblo palestino).
Sin novedad en el frente (1930, dir. Lewis Milestone / 2022, dir. Edward Berger): El militarismo ahora reinante en nuestra sociedad lo vinculo también con esta película vieja, y que he vuelto a recordar en una nueva versión. Es una película basada en un clásico de la literatura antimilitarista, la novela del mismo título de Erich María Remarque, que ha sido versionada varias veces.
Esta última de 2022 es una producción alemana (atentos al detalle). Cuenta la historia de un joven con fuertes convicciones nacionalistas que, durante la I Guerra Mundial, se alista en el ejército, junto con sus amigos, tras recibir discursos patrióticos en la escuela.
El entusiasmo inicial se apaga en cuanto se enfrenta con la realidad. Y es lo que la película trata de mostrar: en los dos bandos se sufre y los únicos culpables son los que crean el conflicto y no llegan ni a participar.
El cine es una de las armas más poderosas que existen (más, a veces, que las pistolas y los tanques). Y esta película es un ejemplo, al poner el énfasis en la brutal desigualdad que existe entre quienes luchan en las guerras y los que toman decisiones en sus despachos.
Allegro ma non troppo, de Carlos M. Cipolla (Ed. Crítica, 2013): Un libro, en mi opinión, fundamental para explicar estas terribles y estúpidas conductas humanas. Es un pequeño ensayo, escrito en 1976, que permitió su reproducción gratuita porque no quería obtener ningún beneficio de la edición. En él describe sus cinco leyes sobre la estupidez humana.
Son estas:
La primera es que siempre, e inevitablemente, subestimamos el número de personas estúpidas en circulación.
La segunda es que la probabilidad de que una persona sea estúpida puede afectar a cualquiera, con independencia de cuáles sean sus otras características.
La tercera es que una persona estúpida causa daño a otra sin obtener beneficio propio, o incluso sufriendo pérdidas.
La cuarta, que las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas.
Y la quinta, que la persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.
En resumen, que la estupidez es un factor constante en las relaciones humanas, a menudo subestimado y potencialmente peligroso.
Si miramos desde fuera lo que está ocurriendo en nuestro mundo de hoy, tan hiperinformado y tan bien formado, es algo muy cercano a lo que ya describió Cipolla hace 50 años.
Y es que la estulticia es atemporal.
¿Cómo puede ser que personas que considerábamos racionales se comporten de forma desvergonzadamente estúpida?
¿Y cómo esos actos de maldad afloran siempre en los peores lugares y en los peores momentos?
La taxonomía de las personas que describía Carlo era la siguiente:
El indefenso sale perdiendo mientras los otros ganan.
El inteligente gana al mismo tiempo que los demás también lo hacen.
El bandido se beneficia en la medida en que los demás salen perdiendo.
Pero el estúpido hace que todos, incluso él mismo, pierdan.
La gran pregunta es si es preferible una sociedad de bandidos a una de estúpidos. Esta es la verdadera ideología de tonto el último que ha caracterizado la economía ortodoxa de las últimas décadas.
Mark Twain lo resumía así: "Nunca discutas con un ignorante. Te hará descender a su nivel y ahí te vencerá por experiencia".

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.