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El código de honor de Marco Bellocchio

El cineasta italiano, uno de los referentes del cine político europeo, rescata en ‘El traidor’ la historia de Tommaso Buscetta, el mafioso que colaboró con el juez Falcone y reventó a la familia Corleone. La película se pregunta sobre la traición y el arrepentimiento.

Pierfrancesco Favino, como Buscetta, en el Maxiproceso de-Palermo.

“Yo defiendo a la verdadera Cosa Nostra”. Tommaso Buscetta, conocido desde muy joven como ‘Don Masino’, repitió hasta su muerte este argumento para ahuyentar de sí mismo la palabra traidor. Sin embargo, el mafioso siciliano que ‘cantó la traviata’ en el Maxiproceso contra el clan Corleone –360 condenas, 19 cadenas perpetuas, 2.665 años de penas de prisión– reaparece ahora, dos decenios después de su muerte, con un nuevo alias, 'El traidor’.

Que se vuelva la mirada italiana hacia aquel personaje precisamente ahora no es casualidad. El cineasta Marco Bellocchio, uno de los referentes del cine político europeo, juega con el título de su nueva película –Il traditore (título original)– para ahondar en muchos otros procesos de traición. “La izquierda ha traicionado a sus electores”, insiste Bellocchio en sus declaraciones públicas. “Cuando yo me uní al maoísmo, en comparación con la tradición católica de mi familia, en cierto sentido traicioné a mi madre”, sentenció en una entrevista concedida para Cinecittà News. Entonces, ¿a qué llamamos traición?

Sin cultura, pero muy astuto

Recibida en el Festival de Cannes con trece minutos de aplausos y el público en pie, El traidor, elegida para representar a Italia en la carrera por el Oscar, es una de las candidatas a Mejor Película en los Premios del Cine Europeo, donde también aspira a los galardones de Mejor Dirección, Guion y Actor. Pierfrancesco Favino, reconocido ya en el Festival de Sevilla, se merece este premio y los que puedan venir.

La interpretación que el actor romano hace de Tommaso Buscetta es extraordinaria. En su trabajo se contiene la esencia de la identidad del mafioso. Soldado de la organización, aunque con cierto predicamento, es un tipo sin cultura ni intención de tenerla, pero es sagaz y cauteloso. Y, en palabras del propio Marco Bellocchio, “era un hombre valiente y de gran astucia. Si también hubiera sido un hombre de cultura, probablemente no habría aceptado hacer lo que hizo”.

"Me da más miedo el Estado que la mafia"

Y lo que hizo fue colaborar con el juez Giovanni Falconi –hizo una confesión de 329 folios–, reventó la línea de flotación de la familia Corleone y consiguió morir en su cama a los 71 años. Es verdad que antes que él ya había cantado Leonardo Vitale, pero su confesión resultó tan estrafalaria que terminó en un centro psiquiátrico y con todos los acusados en libertad, excepto su tío que fue a prisión. La información de Buscetta, sin embargo, fue esencial en la debilitación de la Cosa Nostra, aunque tras ella, el vacío que los sicilianos dejaron en el crimen organizado lo ocupó la peligrosísima ‘Ndrangheta.

La verdadera importancia de la confesión de Buscetta no fue dar un nombre detrás de otro de los miembros de la mafia, sino revelar la arquitectura e infraestructura de la Cosa Nostra. Con esa información, el juez Falcone, interpretado en esta película por Fausto Russo Alesi, pudo derribar el edificio de la organización. Sin embargo, Falcone, que en la película dice que tiene “más miedo al Estado que a la mafia”, no pudo alcanzar el siguiente nivel, el de los políticos en Roma.

Una escena de 'El traidor'.

Ni arrepentimiento ni honorabilidad

Ratas huyendo de un edificio en llamas o un Giulio Andreotti en ropa interior son algunas de las imágenes que Bellocchio se ha permitido imaginar para una historia contada con los nombres reales de los personajes y que recorre veinte años de la mafia siciliana. Muertes violentas, celebraciones familiares, los encuentros de Buscetta con Falcone y el Maxiproceso que se celebró en Palermo componen esta película. Dos horas y cuarto de tensión, de la reciente historia política italiana y de cómo el Estado se relacionó con la Cosa Nostra.

Y todo ello absolutamente desmitificado, ni siquiera al juez Falcone se le retrata como a un héroe –“para mí, un hombre que pone su vida en primera línea es admirable, pero no quería convertirlo en un héroe”–. En El traidor los mafiosos aparecen como son, “personas de muy poca cultura, animados solo por un deseo de poder y riqueza”, subraya el cineasta en las notas de producción de la película. Un filme en el que el mayor esfuerzo de Bellocchio ha sido el de eliminar de esta historia la idea del arrepentimiento y también la de honorabilidad tras la que se excusaba Buscetta.

"No soy compatible con el sistema"

“Me sigo considerando un miembro de esa Cosa Nostra (mafia) que mantiene el espíritu de cuando me uní a ella. Pero sus ideales fueron traicionados y se han cometido actos de violencia contrario a sus ideales”, dijo el mafioso en el Maxiproceso. En la película, el juez Falcone, hastiado de esta cantinela, le suelta una gran verdad: “Mira, esta idea, no digo caballerosa, de la vieja mafia, por noble que sea, es algo falso”.

Algo adulterado, como las explicaciones que el Estado italiano ha dado a los ciudadanos sobre la realidad de la lucha contra el crimen organizado en el país. El propio Marco Bellocchio se ha ocupado, desde el estreno de la película en Cannes, de aclarar a la prensa internacional que todavía quedan muchos agujeros negros. Por ello y, por supuesto, por todo su pasado de compromiso político con la izquierda y contra el poder, el cineasta, que acaba de cumplir ochenta años, es más consciente que nunca que “no soy compatible con el sistema, sigo siendo de un anarquismo moderado y no destructivo, por eso no he estado nunca de moda”.

Fausto Russo Alesi (juez Falcone) con Favino, en la película.