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Danny Boyle: "A los jóvenes les ha decepcionado el dinero"

El cineasta británico estrena en España 'Trance',  un thriller psicológico, con James McAvoy, Rosario Dawson y Vincent Cassel, que avanza impulsado por la codicia extrema de los personajes.

BEGOÑA PINA

Una codicia extrema, los malos tratos y el empleo de terapias como la hipnosis, junto al robo de obras de arte son los elementos esenciales de Trance, la nueva película del cineasta británico Danny Boyle (Trainspotting, Slumdog Millionaire). Rosario Dawson, Vincent Cassel y James McAvoy son los protagonistas de este thriller psicológico, rodado en Londres y en el que el motor fundamental, aunque no el único, es la avaricia.

La película cuenta la historia de un subastador de obras de arte que se alía con unos delincuentes para robar un cuadro (Vuelo de brujas, de Goya) y así pagar sus deudas de juego. En el atraco recibe un golpe en la cabeza y olvida donde ha escondido la pintura. El jefe de los mafiosos le obliga a someterse a hipnosis para recordar. La doctora que le atiende va sonsacando poco a poco información. Y el espectador, también poco a poco, va completando un puzle en el que nadie dice la verdad y donde todos se sienten confundidos y engañados.

En esta historia, todos los personajes no son igual de susceptibles a la codicia”, dice el director. Pero ¿eso es igual con todos los seres humanos? ¿somos todos igual de susceptibles o no a la codicia? “No estoy seguro de que hoy la generación más joven sea igual de susceptible que nosotros -afirma Boyle-.  Para ellos vale más un trabajo que el dinero. A los jóvenes les ha decepcionado el dinero.

Ellos no son como nosotros, ahora, creo, aspiran solo a tener lo justo para vivir la vida”.“No sé cómo ha sido en España, pero en el Reino Unido han estado treinta años diciéndonos que invirtiéramos en las pensiones y ahora vemos que no ha valido para nada. A los jóvenes no les van a ir con ésas ahora, no les van a engañar. En España explotó la burbuja inmobiliaria, la crisis griega creció, Alemania que no quiere ayudar a nadie… Los jóvenes han visto que nuestro modo de vida tiene serias limitaciones”, dice el director, que entona un mea culpa: “Nosotros no hemos sabido trasladar el trabajo de generación en generación. Solo el gobierno alemán ha tenido éxito en ello. Para todos los demás, es una tarea pendiente”.

La avaricia es, de todos modos, atemporal. Shakespeare escribía ya de ella. Es una fuerza que ha impulsado siempre a los hombres”, concluye Boyle, quien convierte a los dos personajes masculinos de su historia en los seres ambiciosos, frente a la mujer, un personaje que actúa por motivos diferentes. Todos quieren ese cuadro de Goya, “uno para saldar deudas de juego. Los delincuentes, por los millones que significa.

Ellos seguramente no lo venderán, pasará de unas bandas a otras, que es como funciona en la realidad. Pero ella lo quiere por lo que simboliza, para ella, que ha sufrido mucho, es el símbolo de lo que ha superado”.Elizabeth, el personaje que interpreta Rosario Dawson, es una psiquiatra especializada en hipnosis, pero sobre todo es una mujer que recibió malos tratos de su pareja. “En Inglaterra se aconseja a las mujeres que reciben malos tratos que huyan, que se vayan lejos de sus agresores y, a veces, incluso que se cambien el nombre. En la película, ella no quiere hacer eso, quiere quedarse, conservar su vida y por eso decide luchar esa peligrosa pelea”.

Una batalla en la que todos bailan alrededor del cuadro Vuelo de Brujas, de Goya. Danny Boyle, para quien el Museo del Prado es de visita obligada cada vez que viene a Madrid, confiesa su admiración por el pintor y explica con ella parte de las razones de la presencia de esta obra en Trance. “Goya, con La maja desnuda,  pintó por primera vez la figura femenina al natural, sin idealismos y eso tiene que ver con un secreto que comparten dos de los protagonistas”, afirma el cineasta, quien continúa: “En el cuadro elegido hay alguien tapado con una manta, que no ve nada alrededor, es muy enigmático, no se sabe bien qué está ocurriendo”.

“Con el tiempo, Goya plantea más preguntas que respuestas. Él se atrevió a introducirse en la mente humana, era como inventar la ficción, aunque tuvo que pagar su precio por ello, porque se vio perseguido por sus demonios. Es el padre del modernismo”, concluye, antes de explicar que los profesionales de El Prado colaboraron absolutamente en todo con el artista que realizó la copia para la película.

Una película donde Boyle saca mucho partido a la sesiones de hipnosis, de las que, por cierto, el huyó cuando le propusieron someterse a ellas como experimento antes del rodaje. “No lo hice porque a mí me encanta tener todo controlado y me asustaba perder el control. Lo que sí hago, más bien, lo que sí intento con todo lo que hago es hipnotizar al público, que pierdan el control y tengan una reacción visceral a lo que ven”.

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