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David Torres: "Cada historia de supervivencia esconde una lección de vida"

El escritor y columnista de 'Público' reúne en 'Por orden de desaparición' algunos de sus mejores perfiles y obituarios. Personajes de la talla de Burgess, Mingus, Onetti o Gandolfini son retratados con lucidez, esmero y, sobre todo, pasión.

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El novelista David Torres.- EFE

El escritor y colaborador de Público David Torres recopila en Por orden de desaparición (Ed. Sloper) algunos de sus mejores perfiles y obituarios. Toda una exhibición de talento narrativo y erudición que el madrileño adereza con una buena dosis de entusiasmo. De Edgar Allan Poe a Muhammad Alí, pasando por Anthony Quinn, Frank Zappa o Paco Rabal... el volumen cuenta además con los retratos del dibujante Javier Gella.

¿Hasta qué punto resulta inspirador escribir sobre el talento de otros?

Uno intenta siempre captar lo mejor... Cuando lees a un escritor, cuando escuchas una gran obra musical, en cierta forma eso es algo que te eleva, que te hace sentir especial. Por otra parte, se trata también de que el lector participe de ese entusiasmo, un sustantivo que, por cierto, procede del griego enthousiasmós, que viene a significar etimológicamente algo así como ‘posesión divina’. Creo que esta palabra define muy bien lo que he intentado precisamente en este libro.

¿Buceas mucho en material biográfico? 

Soy un poco anárquico en ese sentido. Me gusta sobre todo encontrar la mirada oblicua, la que no encuentra todo el mundo, aquella que no es habitual en el personaje o  figura en cuestión. Creo que ahí radica el secreto y lo que hace que un personaje salga con una luz distinta.  

¿Qué peso han tenido estos personajes en tu formación, no sólo como escritor, sino también como persona?

Me gusta creer que he aprendido de cada uno de ellos. Hay historias especialmente tristes en la que el coraje se impone a los infortunios y adversidades de la vida. Creo que cada historia de supervivencia esconde una lección de vida. En este libro hablo de figuras que fueron enormes en muchos sentidos, no sólo por las cosas que hicieron, escribieron o compusieron, sino por la sombra que arrojan. Es el caso, por ejemplo, de Sibelius, un músico increíble cuyo legado evidencia la importancia de, llegado el momento, guardar silencio... Algo que todavía tengo que aprender.

¿Cuál es la clave para escribir un buen perfil?

Yo creo que el secreto es —y sé que esto va a sonar un poco cursi— el amor. Es clave que sientas a ese personaje y el amor, según se mire, es conocimiento también. Por eso entiendo muy importante ser capaz de transmitir un poco lo que ese autor o autora ha supuesto para ti, lo que has experimentado mientras escuchabas a Du Pré o Glenn Gould o leías a Burgess. En ese sentido, se nota muchísimo cuando un obituario está escrito con piloto automático o, por el contrario, cuando está escrito realmente por alguien al que esa figura le ha tocado por dentro.

Todos estos personajes comparten el genio, ese algo que les diferencia del resto, ¿cómo definirías el talento?

Ed. Sloper

El talento es la capacidad de hacer algo de una manera que nadie más puede hacer. No se trata solo de escribir mejor o peor, sino de dar una visión, de proporcionar algo que nadie antes había pensado. Es lo que sientes cuando lees por primera vez a Philip K. Dick, cuando escuchas una sinfonía de Sibelius, la manera de tocar el piano de Thelonious Monk o lo que fue capaz de hacer Wanda Ruthkiewicz en el alpinismo.

¿Qué rasgo tienen en común todos ellos más allá del talento?

Lo que tienen en común todos es la admiración de este pobre perdulario... [risas] No es algo que se repita en todos, pero quizá muchos de ellos comparten una cierta obsesión con lo que hacen. Se trata, a fin de cuentas, del compromiso con tu propio arte. En ese sentido, Sibelius es un caso paradigmático, ya que ante la imposibilidad de estar a la altura de su propia obra, opta por el silencio.

¿Destacarías alguno de estos textos en especial?

Tiene un significado muy especial para mí el de Rafael Martínez Simancas, una de las mejores personas que he podido encontrar en el periodismo. También el de Anthony Burgess, no sólo porque es quizá el novelista que más admiro, sino por el recuerdo de un viaje que hice con José María Mijangos, otro buen amigo. Si algo he intentado con este libro es transmitir mi admiración, ya que cuando admiras a alguien generas una suerte de cercanía que empieza a parecerse a la amistad.

¿A quién echas de menos?

Pues me he dado cuenta de que faltan muchas mujeres. Me habría encantado escribir sobre Carson McCullers o Isak Dinesen.