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Hola a Todo el Mundo: "El ser humano es el cataclismo de esta era"

La banda neofolk madrileña se pasa a la electrónica con 'Ultraviolet Catastrophe', un disco de pop bailable que será presentado en directo este sábado en Madrid

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El neohippismo embrionario de los chicos de Canillejas, el barrio madrileño donde Ari y Álvaro se conocieron cuando apenas tenían 14 años, ha transitado por el casticismo folk hasta derivar hacia la electrónica. Hola a Todo el Mundo, convencidos de que a la felicidad se llega por los sintentizadores, apuestan en su segundo álbum, Ultraviolet Catastrophe, por el pop bailable. Un viraje en toda regla, teniendo en cuenta la singladura que habían trazado hasta ahora: banjos, violines, ukeleles, barbas, pelos largos y un vestuario excéntrico, como de coro de secta apocalíptica. Este sábado presentan su recetario chillwave en el Ocho y Medio Club de Madrid.

Un disco muy distinto a los anteriores, ¿no?

Después de grabar el primero, teníamos ganas de hacer otra cosa, porque terminamos saciados. Entonces sacamos un epé más guitarrero y, a partir de ahí, sustituimos instrumentos y metemos sintes y programación. Si miras hacia atrás, lo que hemos hecho parece totalmente diferente.

En el epé se pasaron al español y, ahora, de nuevo, al inglés. ¿Pegaba más con el rollo electrónico o cuál ha sido el motivo?

Es una cuestión de influencias: todas las referencias pertenecían a un entorno anglófilo.

¿Por qué entonces el viraje castizo del segundo?

Lo hicimos porque intuimos que podía ser una cosa pasajera y fugaz. De hecho, lo titulamos Estela castiza. Terminamos satisfechos, pero no lo suficiente como para cambiar nuestra música al castellano. Ahora tenemos claro lo del idioma.

¿Gustará Hola a Todo el Mundo (HATEM) si le gusta?

Lo que nos gusta a nosotros es Washed Out, Neon Indian, M83, Twin Shadow... Grupos que mezclan rock y pop con electrónica, sintetizadores analógicos y reminiscencias del pasado.

¿Su telonero ideal?

Algo distinto. Está bien que haya un cierto contraste con los teloneros. Mola ese cambio de tercio y ambiente a la hora de ir como público a un concierto.

Se prodigaron tocando, después se dosificaron...

Los primeros conciertos nos pillaron por sorpresa sin tener disco. Luego, bajamos el ritmo para sacar tiempo para componer, porque hacerlo durante la gira supone forzar un poco la máquina.

Han crecido, cambiado, menguado...

Ahora somos cuatro músicos y en directo no llevamos ningún acompañante.

Con menos miembros, más caché a repartir.

Hemos hecho un pequeño ERE. Cuantos menos, más fácil resulta todo, aunque se echa de menos a la panda.

¿Y cómo hacen, con tanta instrumentación, para llevar el disco al directo?

Nos hemos liberado un poco porque tenemos preparadas algunas programaciones, algo que con la música más orgánica no se presta. En todo caso, queremos que el 80% del disco sea tocado y, por ello, llevamos la furgoneta llena de bártulos.

¿Son menos místicos y espirituales o los robots también tienen corazón?

Sí, porque los sintes analógicos tienen un componente romántico y mucho encanto.

¿Han tenido algún problema de carácter práctico por culpa de su nombre tan largo?

Bueno, para evitarlo, usamos indistintamente el acrónimo HATEM.

¿Qué suena un poco a ódialos a ellos?

Eso nos mola, porque da hasta miedito... HATEM es el reverso tenebroso y oscuro de un nombre tan luminoso como Hola a Todo el Mundo.

¿Ustedes, que dicen buscar la luz, creen que el final del túnel está cerca?

No. Llevamos en el túnel desde que el hombre es hombre, sin dirigirnos hacia la luz en ningún momento. Todo tiende hacia la oscuridad más absoluta y ahora no se ve ni siquiera el fondo.

Mucho han aguantado desde entonces el resto de las especies y la propia Tierra...

Todo se rebela y nuestro papel no es acorde a ese orden natural, aunque desde que existimos luchamos para no regirnos por él. Ha habido meteoritos y glaciaciones, pero ahora el ser humano es el elemento desestabilizador: somos el cataclismo de esta era. A lo mejor, los planes de la naturaleza con respecto al hombre son un poco perversos y vamos siguiendo perfectamente los pasos para llegar a un fin totalmente catastrófico. Quién sabe si nuestra función es ésa...

¿Por qué autoprodujeron su primer disco? ¿Libertad o falta de oportunidades?

Lo hicimos por la experiencia en sí, aunque teníamos algunas opciones de discográficas. Nos sirvió para saber posteriormente qué queríamos de una discográfica y qué nos podía ofrecer.

 

¿De dónde han sacado al poeta Roy Tiger Milton? ¿Se lo han inventado ustedes o qué?

[risas]

Ya no lo pregunto, afirmo: se lo han inventado.

Ahí queda el misterio...

¿A quién le negarían el saludo?

De primeras, a nadie, porque somos muy educados. El mayor privilegio del que gozamos es no escuchar y ahora está claro a quien no hay que prestarle atención. La gente que genera artificios y hace que todo sea más complicado no se merece nada. La clave para resolver esta situación es aunar fuerzas. El individualismo es la panacea para que determinados poderes sigan manteniendo el estado de las cosas. Luchar contra él y unir a la gente es lo único que puede precipitar un cambio para salir del túnel donde estamos metidos.

Respecto al saludo, uno a veces no desprecia a la persona sino a la institución.

En todo caso, la disconformidad y la indignación es mayoritaria, pero la gente no se une a las protestas porque discrepa con pequeños detalles. Eso provoca que cada uno vaya por su lado y todo siga igual.

¿Han participado en las protestas del 15-M?

Sí. La mayoría de la gente de este país está afectada por el mismo mal. Pero, al margen de las manifestaciones, hay que ser consecuente en el día a día, porque es la única forma de que llegue el cambio real. No vale de nada protestar el domingo y ser un hijo de puta el lunes.

Anécdotas de la carretera: ¿les han confundido alguna vez con una secta por sus pintas?

En nuestra época más extrema, íbamos con capas y pintados. Luego, hemos vuelto a la sobriedad en la puesta en escena, porque nuestra idea era hacer un disco un poco triste y evocar algo nostálgico.

Sin embargo, el álbum es más bailable...

Buscamos el concepto de canciones tristes animadas. Algo que se llevaba en los ochenta: rollo neorromántico, la épica de la tristeza... Como la canción de Robert Palmer Johnny And Mary, que te deja hecho polvo.

Hablando de los ochenta, hay cortes que suenan a... ¿Pet Shop Boys? ¿Depeche Mode?

Digamos que hay canciones bailables con un contrapunto nostálgico.

¿Componen los dos?

Ari compone la melodía y la letra... si hay letra. Si no, tiramos del poemario de Roy Tiger Milton. Luego, en el local, hacemos arreglos entre todos hasta que damos con la clave. Pocas canciones se caen.

¿Una profecía para el 2013?

El final del antropocentrismo, porque no todo gira alrededor de nosotros. Hay otros puntos de referencia.

¿No será la forma de trascender del hombre, que quiere dejar su huella aunque lo que quede sea una cagarruta?

Sí. Todos queremos ser Fraga Iribarne y, al final, la cagamos. A lo mejor tu huella no es tal, sino la del conjunto. En el ser humano hay un exceso de ego, que en el animal no existe. En su caso, se trata de supervivencia o de competencia entre individuos.

Ni la maldad, a lo mejor, ¿no?

Bueno, para entender la maldad basta ver documentales de delfines, donde se ve cómo un bicho viola a otro... Eso existe en el mundo animal, aunque nosotros tenemos en teoría la capacidad de evitarlo, pero no lo hacemos. Además, nuestra maldad es más sofisticada. Lo que no existe en el mundo animal es el vicio, y no me refiero a las drogas y la noche [risas].

Sábado 17 de noviembre, a las 20.30 horas, en el Ocho y Medio Club, Madrid. 10-14€.

Sábado 15 de diciembre, a las 23 horas, en la Sala Wah Wah, Valencia. 14€.